La Comisión Deportiva Nacional (CODENA) del Movimiento Antorchista invita a deportistas de todo el país a participar en su Jornada Nacional de Voleibol 2026, que se realizará simultáneamente en las capitales de las 32 entidades el domingo 6 de septiembre, a partir de las 8 de la mañana; esto, como parte de la visión deportiva de Antorcha de masificar el deporte entre las clases populares de México.
Como ya es del conocimiento público, el Tren Maya fue presentado como una de las grandes obras de infraestructura del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Se prometió que traería desarrollo al sureste, impulsaría el turismo, acercaría visitantes a las zonas arqueológicas y sería rentable, sostenible y autosuficiente.
En un país golpeado por la violencia, el desamparo de las autoridades y una descomposición social que a diario le corta las alas a millones de jóvenes, vale la pena detenerse a mirar hacia donde el Movimiento Antorchista demuestra que hay una vía completamente distinta.
Si analizamos dos indicadores fundamentales de bienestar y calidad de vida —la protección de la vida y el poder adquisitivo— encontramos una grave falla estructural del Estado mexicano. Ni en la emergencia sanitaria más grave del siglo (la pandemia del covid), ni en la política salarial de las últimas dos décadas, el gobierno ha puesto como prioridad al trabajador.
Despertar el orgullo de ser antorchista no superficial sino uno nacido de la reflexión histórica, requiere hacer un repaso breve de lo que ha ocurrido en México y en Oaxaca en las últimas décadas, comparándolo con datos oficiales para tratar de ver lo que se avecina. De esta manera, he llegado a la conclusión de que mejores tiempos le deparan a nuestra organización en el devenir histórico del país; eso sí, con la condición indispensable de que cada uno de nosotros cumpla cabalmente con sus tareas organizativas.
El capitalismo, en su versión más descarnada, exprime la fuerza de trabajo hasta el agotamiento, pero se niega a redistribuir el fruto de ese esfuerzo. El discurso oficial habla de “grupos vulnerables” o “clase humilde”, eufemismos que intentan edulcorar lo que es una condena estructural: la falta de un Estado de bienestar real, con educación, salud, vivienda digna, agua potable y servicios básicos.