Es fulano, es zutana, es mengana, leemos desde hace más de un año en las bardas de muchas ciudades mexicanas, gigantescos y costosos anuncios espectaculares que promueven nombres y apellidos de los que ansían un hueso en las elecciones de 2027, principalmente los que quieren ser gobernadores
Martín Carranza se levanta antes del amanecer para trabajar una pequeña parcela en San Juan de las Huertas, Estado de México. Con la ayuda de dos bueyes y un arado desgastado, siembra el maíz con la esperanza de alimentar a su familia.
En un país donde la prisa cotidiana, la incertidumbre económica y la desigualdad ocupan buena parte de la atención de millones de personas, hablar de teatro puede parecer, para algunos, un lujo o un entretenimiento reservado para unos cuantos. Sin embargo, esa idea está muy lejos de la realidad.
El ingreso de una familia trabajadora en nuestro país se obtiene tras jornadas verdaderamente extenuantes. Las cifras internacionales confirman que los mexicanos somos la población que más horas trabaja al año dentro de todo el mundo, promediando más de 2 mil 200 horas anuales.
La respuesta a nuestra gestión ha variado y en otra colaboración me ocuparé de ello, pero hay constancia pública de que somos una organización con presencia real y que trabaja todos los días por el bienestar colectivo.
Desde hace más o menos dos meses, varios políticos de diferentes partidos han salido de donde estaban refundidos a recorrer pueblos, comunidades, colonias marginadas en busca, una vez más, de otro puesto político para asegurar su permanencia por tres o seis años más; buscan seguir viviendo del erario del pueblo y gozar de los privilegios que le da el Estado al ser ganador de una contienda electoral.