Cuando se habla de la crisis educativa en México, el foco suele apuntar al sur del país, donde las cifras de analfabetismo y rezago escolar adquieren dimensiones alarmantes. Sin embargo, reducir este problema a una región es un error que oculta la magnitud real del abandono histórico.
Hablar del rezago educativo en México durante 2026 no significa únicamente revisar cifras o presupuestos. Significa hablar de miles de jóvenes que todos los días enfrentan una decisión que nunca debieron tomar: seguir estudiando o abandonar las aulas para trabajar y ayudar a sostener a sus familias.
Por años, comunidades enteras, padres de familia, jóvenes y vecinos han demostrado que la voluntad puede sostener una escuela; lo que no pueden sustituir es la obligación del Estado de garantizar una educación en condiciones dignas para todos.
Ya he abordado en ocasiones anteriores el hecho de que no basta que esté asentado en la Constitución de la república el derecho que todo mexicano tiene a una vivienda digna y decorosa. Como todos sabemos, la realidad de nuestro país y de nuestro estado es muy diferente.
Cuando se habla de la crisis educativa en México, el foco suele apuntar al sur del país, donde las cifras de analfabetismo y rezago escolar adquieren dimensiones alarmantes. Sin embargo, reducir este problema a una región es un error que oculta la magnitud real del abandono histórico.
Todavía no inician legalmente los procesos electorales y las redes sociales ya aparecen llenas de propaganda de personajes que, en lugar de estar solucionando los problemas de los municipios o trabajando en lo que les toca, pues siguen siendo funcionarios públicos, ya están promoviendo su imagen, algunos de forma muy burda, usando los recursos públicos para ello.