Ixtapaluca ha sido noticia nacional en los últimos años no por sus labores gubernamentales, como lo era durante el gobierno antorchista, en el que figuraba por inaugurar obras de altísimo impacto, sino ahora por noticias lamentables. En esta ocasión quiero referirme a la ola de inseguridad que vive el municipio.
En días pasados, integrantes del Movimiento Antorchista en Baja California se manifestaron en los municipios de Tijuana y Mexicali, esto con la finalidad de pedir al gobierno estatal que se atiendan las demandas aún pendientes desde el inicio de la administración del gobierno de la maestra Marina del Pilar Ávila.
La reciente extinción del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) y la transferencia de sus funciones al Inegi han reavivado el debate sobre cómo medimos la pobreza en México.
Ixtapaluca ha sido noticia nacional en los últimos años no por sus labores gubernamentales, como lo era durante el gobierno antorchista, en el que figuraba por inaugurar obras de altísimo impacto, sino ahora por noticias lamentables. En esta ocasión quiero referirme a la ola de inseguridad que vive el municipio.
La historia demuestra que los grandes cambios sociales no nacen de la improvisación ni de la voluntad de unos cuantos; son producto de la organización, la conciencia y la participación activa del pueblo.
Los maestros y maestras regresan a escuelas deterioradas, con grupos saturados, falta de materiales, exceso de trabajo administrativo y una larga lista de carencias que el gobierno parece haber aprendido a ignorar. Ahí, lejos de los reflectores, queda al descubierto una verdad incómoda: el sistema educativo mexicano sigue funcionando gracias al sacrificio cotidiano del magisterio, no gracias a una política pública que realmente lo fortalezca.