Entre cerros polvorientos, árboles solitarios y un silencio que entonces sólo rompían el viento y las pisadas furtivas, comenzó a escribirse una de las historias educativas más singulares del México profundo.
Mientras las autoridades estatales y federales insisten en pregonar los supuestos avances de su administración, presentando a todos la imagen de un país en transformación, y en el caso de Tlaxcala, un estado cuyo avance va dirigido hacia el camino del desarrollo y el progreso, miles de ciudadanos, especialmente de las colonias pobres y las zonas más marginadas del estado, se enfrentan a una realidad totalmente alejada de los discursos de prosperidad que tanto presumen nuestros gobernantes.
La contingencia sanitaria es una problemática que ha encontrado su lugar en todos y cada uno de los territorios del mundo, entre ellos, nuestro país. Si dirigimos nuestra atención en un área específica del mapa, nos encontraremos con un estado cuyo tamaño territorial y cantidad de habitantes no son proporcionales a la magnitud de la basura que se produce diariamente.
En México, el acceso a la salud sigue siendo una deuda social de años. De acuerdo con la medición de pobreza multidimensional del Inegi, en 2024 alrededor de 44.5 millones de personas carecían de acceso a los servicios de salud, equivalentes al 34.2 ? la población.
Hablar del 36 aniversario de la organización en el estado de Guanajuato hace primordial un recuento histórico a nivel nacional. Esto para tener un panorama y contexto más amplio sobre este movimiento social que por su lucha incansable ha crecido de forma paulatina.
El acceso a la electricidad es una necesidad básica para garantizar la salud, la seguridad y la vida digna de cualquier familia. Sin embargo, en México la luz se sigue tratando como una mercancía antes que como un derecho.