MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Los artistas no pueden ser neutrales ante los problemas de la sociedad: Miguel Pérez

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Puebla, Puebla. El arte no puede considerarse una actividad aislada de los conflictos económicos, políticos y sociales de su época, pues la pretendida neutralidad representa una posición frente a la realidad. Por ello, los artistas deben decidir si su obra contribuye a comprender y transformar los problemas de la sociedad o permanece ajena a ellos, sostuvo Miguel Ángel Pérez Alvarado, maestro en historia por la UNAM, durante la ponencia “Arte y sociedad”, impartida en el Instituto de Artes MacuilXóchitl (IMX).

El conferencista sostuvo que uno de los principales problemas de la sociedad actual consiste en separar artificialmente el arte del pueblo, presentándolo como una actividad reservada para personas con determinadas posibilidades económicas, formación intelectual o sensibilidad especial. Con ello, explicó, no sólo se aleja a los trabajadores de las manifestaciones artísticas, sino que se inculca entre los propios creadores la idea de que su obra no tiene ninguna responsabilidad frente a la sociedad de la que surgieron.

Esta separación contradice el propio origen del arte. Desde las primeras sociedades humanas, la creación artística surgió vinculada con la necesidad de trabajar, comunicarse y sobrevivir colectivamente. Las pinturas, los cantos, la danza y posteriormente el lenguaje fueron desarrollándose junto con la vida social.

Incluso el lenguaje, explicó Pérez Alvarado, se desarrolló como producto de la cooperación entre seres humanos que necesitaban coordinarse para trabajar, cazar, defenderse y sobrevivir. Los cantos rítmicos que acompañaban el trabajo colectivo fueron antecedente de expresiones artísticas posteriores, ejemplo de que arte, trabajo y vida social estuvieron estrechamente relacionados desde sus orígenes.

La vigencia de la discusión también se refleja en el acceso actual a la cultura. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó que en 2025 sólo 61.2 por ciento de la población adulta de las 32 principales ciudades del país asistió al menos a uno de los eventos culturales considerados por el MODECULT durante los 12 meses anteriores, lo que muestra que una parte importante de los mexicanos continúa alejada de estos espacios. 

En este contexto, el conferencista rechazó la denominada teoría del “arte por el arte”, que defiende una supuesta autonomía absoluta de la creación artística respecto de la realidad social. Explicó que históricamente esta concepción ha aparecido cuando determinados artistas se sienten separados de la sociedad que los rodea y abandonan la intención de intervenir sobre ella.

El caso del poeta ruso Alexander Pushkin fue utilizado para mostrar cómo las condiciones políticas pueden modificar la posición de un artista. En una etapa de su obra denunció la arbitrariedad, las cadenas y la esclavitud existentes en la sociedad rusa; posteriormente, bajo otras circunstancias políticas, se acercó a la concepción del arte por el arte. Para Pérez Alvarado, el ejemplo demuestra que las posiciones estéticas tampoco se desarrollan al margen de las condiciones sociales.

La tesis central, sin embargo, no consiste en reducir el arte a propaganda política. El conferencista defendió el valor estético de las obras, pero rechazó que éste deba conseguirse sacrificando su contenido. La creación artística, sostuvo, puede alcanzar belleza y profundidad al mismo tiempo que interpreta los fenómenos de la vida y ayuda al ser humano a comprenderlos.

La UNESCO coincide en reconocer una dimensión social de la formación artística. Su Marco Mundial para la Educación Cultural y Artística, adoptado en 2024, plantea que las artes contribuyen al desarrollo de la creatividad, el pensamiento crítico y la comprensión cultural, razón por la que recomienda integrarlas con mayor fuerza a los sistemas educativos. 

Para el conferencista las condiciones actuales hacen todavía más necesaria una creación artística comprometida con las grandes mayorías: un arte capaz de llegar al pueblo, ayudarlo a interpretar su realidad, elevar su conciencia y participar en la construcción de soluciones colectivas. En ese sentido, afirmó que las circunstancias contemporáneas “reclaman y exigen un arte político” y un arte que persiga fines sociales.

La tarea de los futuros artistas, entonces, consiste en preguntarse qué dicen con sus obras, a quién se dirigen y al servicio de qué intereses colocarán su capacidad creadora: “El supremo fin, el más sagrado de los intereses de la sociedad reside en su propio bienestar, pero igualmente distribuido entre todos sus miembros”.

Desde esa perspectiva, el arte y la ciencia cumplen funciones distintas complementarias: ambos pueden contribuir al desarrollo de la conciencia humana y a descubrir aspectos de la realidad que permanecen ocultos a simple vista.

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