La salud es, sin lugar a dudas, uno de los temas de mayor relevancia en la sociedad; todos conocemos a una persona que padece de alguna enfermedad, en mayor o menor grado, y, por ende, han tenido que recurrir a las clínicas u hospitales públicos para curarse.
Pasan meses en espera de ser atendidos, hacen largas filas para los trámites y se encuentran con la noticia de que no hay medicamentos, lo que los obliga a comprarlos, lo cual golpea su situación económica.
El aumento de las deudas vino acompañado de una reducción del ingreso promedio de los hogares, de 25 mil 155 de pesos a 24 mil 426 de pesos mensuales.
Esa es la vida de 41.9 millones de mexicanos que no tienen acceso a los servicios de salud, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) para 2024.
Sin embargo, habrá otros tantos miles sin acceso a la salud pública, los cuales no se ven reflejados en esta estadística y que tampoco pueden atenderse ni mucho menos adquirir los medicamentos o someterse a intervenciones quirúrgicas, dada su precariedad económica.
Cada año se hacen planes para mejorar ese desmantelado sector, pero lejos de eso se recorta el presupuesto, poniendo contra las cuerdas al bolsillo de los mexicanos; este 2026 no augura algo nuevo, algo diferente: si bien hay un aumento de 5.0 % respecto a 2025, esos 965.7 mil millones de pesos representan sólo el 2.5 % del Producto Interno Bruto, muy por debajo del 6 % que la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala como mínimo para los gobiernos para atender la salud de la población; esto quiere decir que la salud no es un tema central de la agenda pública del gobierno de nuestro país.
Este año será igual o más complicado para que las familias puedan atenderse médicamente; hay una serie de factores que contribuyen para que así sea; por ejemplo, los bajos ingresos en los hogares.
El periódico La Jornada publicó el 21 de enero “De 193 mil, deuda promedio de los hogares mexicanos: estudio”. Ahí se mencionan los endeudamientos de los hogares mexicanos según el último Perfil del deudor mexicano, firma especializada en gestión de pasivos: “Aumentó en el último año 6.3 % y llegó a un promedio de 193 mil 198 de pesos a finales de diciembre pasado”.

No es difícil deducir que este endeudamiento es el resultado del poco e insuficiente recurso económico que tienen las familias, mismas que se ven obligadas a conseguir préstamos por todos lados.
Continúa: “El aumento de las deudas vino acompañado de una reducción del ingreso promedio de los hogares, de 25 mil 155 de pesos a 24 mil 426 de pesos mensuales en el periodo de análisis”.
Recordemos que en el mes de julio de 2025 se dieron a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (Enigh), en la cual se señalan algunos puntos clave, entre los que se encuentran los siguientes: los ingresos por trabajo son la fuente de ingresos más importante para los hogares en el país; en 2024 representaron el 65.6 % del total de los ingresos de los hogares.
Además, se observan avances generalizados en el ingreso laboral en todos los niveles de ingreso. En los hogares receptores de remesas, estas representan cerca de una tercera parte del ingreso en los deciles más bajos, mientras que en los hogares de mayores ingresos representan alrededor de una quinta parte.
En el primer caso, según los datos del Inegi que se publicaron en agosto de 2025, señalan que: “En el segundo trimestre de 2025, el porcentaje de la población en situación de pobreza laboral fue de 35.1 %; un ligero aumento respecto al año anterior. La tasa de informalidad laboral fue de 54.8 %; mayor a la del trimestre anterior (54.3 %) y a su comparación anual (también 54.3 %)”.

Esto quiere decir que aumentó la cantidad de personas que trabaja y no pueden cubrir sus necesidades alimentarias básicas con sus ingresos laborales y, además, aumentaron las personas desempleadas que para tener ingresos venden un sinfín de artículos sin tener un sueldo fijo. Y el resto de 2025 no pintó nada diferente.
En el segundo caso, que son las remesas, han ido a la baja derivado de las políticas que implementó el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pues las deportaciones de mexicanos aumentaron y, por ende, cientos de miles de familias ya no tienen este ingreso.
Es, pues, una realidad muy cruda en la que los mexicanos tienen que priorizar y decidir entre la alimentación, la educación o la salud y, según los datos de la Enigh, el 37.7 % de los ingresos se utilizan para la alimentación, mientras que a la salud sólo se le destina un 3.4 %.
Está claro que con estos números y la poca importancia que le da el gobierno en turno a la salud, este año, las familias estarán en mayores aprietos. Es urgente que el gobierno destine mayores recursos para la salud.
0 Comentarios:
Dejar un Comentario