MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Los Cabos: sed para el pueblo, agua para hoteles

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 * Oomsapas reporta un déficit de 420 litros por segundo, mermando severamente las finanzas familiares obreras

En Los Cabos no hay crisis de agua, hay un robo de agua legalizado, y el pueblo trabajador es la víctima. Que no nos engañen con el discurso de que "es que no llueve" o "es que somos desierto". 

El problema del agua en Los Cabos es un problema de clase, y lo han dejado clarísimo. Hoy, según el propio Oomsapas, Los Cabos tiene un déficit de 400 a 420 litros por segundo; Cabo San Lucas necesita mil litros por segundo para vivir dignamente y apenas produce 480. 

No hay voluntad de tocar los intereses de los grandes consorcios turísticos que consumen 210 litros por persona al día, mientras al trabajador le racionan el agua por horas.

El 80 % del agua que nos llega viene de pozos sobreexplotados y la única desaladora existente, que debería dar 250 litros, apenas produce 105, menos del 40 % de su capacidad. ¿Resultado? El 85-90 % de San José del Cabo vive en tandeo; en La Paz y Los Cabos, sólo el 30.5 % de la gente está satisfecha con el servicio de agua, una de las cifras más bajas de México según las encuestas en 2025.

Y mientras tanto, la gente hace lo que puede para sobrevivir. Un tinaco de 250 litros cuesta 270 pesos, una pipa completa, mil 500 pesos, si no hay pipa, 800 pesos en garrafones de 20 litros a la semana para una familia que gana 12 mil pesos al mes como camarista o albañil, eso es un impuesto a la pobreza.

El Movimiento Antorchista lo ha denunciado siempre: el agua en Los Cabos no se acaba, se concentra. La senadora Lupita Saldaña lo confesó sin querer en una reunión sostenida con el director general de la Comisión Nacional del Agua (Conagua): "Hay más agua concesionada, comprometida en documento, que la disponibilidad real". 

Traducción: el gobierno le prometió en papel más agua a los desarrolladores de lujo de la que existe en la tierra y ahora la solución que propone el Consejo Coordinador Empresarial es construir sus propias desaladoras privadas para que sus hoteles y residencias de lujo se desconecten de la red pública. Suena bonito, pero es la privatización total del agua. 

Ellos con su desaladora privada, con alberca infinita y spa, y el pueblo con la pipa que llega cada quince días si bien le va. Nos quieren vender la segunda desaladora de Cabo San Lucas como la gran salvación, pero llevamos varios años escuchando lo mismo y el déficit sigue igual, porque no hay voluntad de tocar los intereses de los grandes consorcios turísticos que consumen 210 litros por persona al día, mientras al trabajador le racionan el agua por horas.

El agua no es mercancía, es derecho. El Movimiento Antorchista lo dice claro: el problema del agua en Los Cabos no se resuelve con 20 pipas compradas con el Fideicomiso de Saneamiento, ni con clausurar el pozo Estrella y el pozo Chaparro para luego reabrir el Tule uno a escondidas porque los piperos bloquearon. Eso es administrar la miseria.

Se resuelve con lo que ningún gobierno ha querido hacer:

  1. Obra pública masiva y planificada: potabilizadora en la presa La Palma para aprovechar los 38 millones de metros cúbicos de agua superficial que ya existen. Rehabilitación total de la red de drenaje que tira aguas negras a las calles. Y desaladora pública, no privada, controlada por el municipio y no por los hoteleros.
  2. Alto a la anarquía inmobiliaria: no se puede seguir autorizando 20 hoteles nuevos y 3 mil lotes de lujo al año aprovechándose de la necesidad. Cada licencia de construcción debe estar condicionada a garantizar su propia agua sin afectar la red del pueblo.
  3. Organización del pueblo pobre: sólo el pueblo organizado puede defender el agua.

Por eso con Antorcha, varias colonias hemos salido a protestar, porque si no nos organizamos, nos dejan sin agua y nos cobran la pipa.

Los Cabos es el municipio más rico de Baja California Sur y el más desigual. Produce miles de millones de dólares al año por turismo, pero no puede garantizarle agua a la gente que limpia los cuartos y levanta las paredes de esos hoteles. 

Esa es la verdadera crisis del agua: no es falta de lluvia, es sobra de codicia. Y mientras el agua siga siendo negocio de unos cuantos, la sed seguirá siendo el destino de muchos.

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