• Los fenómenos meteorológicos recientes exponen vulnerabilidad y carencias de miles de familias en zonas de alto riesgo
Los Cabos está frente al espejo y otra vez el reflejo es el mismo: un municipio rico para el turista, pero abandonado para el que vive aquí. El huracán "Polo" hoy es categoría cuatro y ayer tocó la cinco con vientos de 260 kilómetros por hora.
Según el Servicio Meteorológico Nacional y la Semar, el ciclón viene paralelo a la costa. Se espera que toque tierra en Baja California Sur entre el 28 y 29 de septiembre, ya degradado a categoría uno o tormenta tropical.
Sus primeros efectos, como lluvias de 25 a 75 milímetros, vientos y oleaje de tres a cinco metros, se sentirán desde este domingo 27. Incluso el gobierno de Estados Unidos ya emitió una alerta para sus ciudadanos desde Cabo San Lucas hasta Guerrero Negro.

Ante la pregunta sobre si estamos preparados, la respuesta es negativa. El propio ayuntamiento reconoce que hay 44 refugios temporales con capacidad para diez mil personas. Sin embargo, la autoridad admite que hay más de 40 mil personas asentadas en zonas de alto riesgo.
Es decir, 30 mil cabeños carecen de un lugar a dónde ir durante la contingencia. Son las familias de las colonias irregulares de Cabo San Lucas y San José, como Gastélum, Caribe Bajo, Tierra y Libertad y Vista Hermosa. Ellos viven en casas de lámina, en arroyos, sin drenaje o sin muro de contención.
Se permite construir hoteles de 500 millones de dólares en la playa, pero no se invierte ni un peso en vivienda digna fuera de la zona de riesgo para el trabajador.
Cada huracán recuerda que hay dos realidades, como "Odile" nos lo enseñó en 2014. Existe el municipio de los complejos turísticos con planta de luz propia y el de los trabajadores que construyen esos lugares y se quedan incomunicados cuando el arroyo se desborda.
El gobierno asegura que está en "vigilancia permanente" y pide "no difundir rumores", pero esto no tapa arroyos, no desazolva y no reubica. Protección Civil hace "lo que puede", pero el problema es estructural ante la falta de planificación urbana.
Se permite construir hoteles de 500 millones de dólares en la playa, pero no se invierte ni un peso en vivienda digna fuera de la zona de riesgo para el trabajador. "Polo" todavía está a 790 kilómetros de la localidad, pero la desgracia ya está anunciada. Se irá la luz, se inundarán las calles de siempre y los mismos habitantes serán los más afectados.
Los fenómenos naturales son inevitables, pero los desastres no lo son, pues tienen un carácter social. "Odile" y ahora "Polo" demuestran que el mercado no va a resolver la vivienda ni la protección civil. Sólo la organización consciente y politizada del pueblo pobre puede obligar a los gobiernos a hacer lo que les toca.

¿Qué propone el Movimiento Antorchista? Un censo real y refugios suficientes en lugar de tener únicamente diez mil espacios para 40 mil personas. Se requieren albergues dignos, con agua, comida y médicos, en cada colonia popular.
También se necesitan obras definitivas y no remedios temporales, como muros de contención, encauzamiento de arroyos y drenaje pluvial. Además, urge un programa de vivienda en suelo seguro para las familias de alto riesgo, financiado por quienes más ganan.
El ciclón va a pasar, pero la pregunta es si después vamos a seguir igual de vulnerables esperando al siguiente huracán. Los antorchistas decimos que no, ya que la única protección real contra las tormentas y la pobreza es el pueblo organizado y gobernando. Finalmente, informar también es organizar.
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