MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La infancia en México, en el abandono

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• Las nuevas generaciones sufren los estragos de la desigualdad económica y la falta de oportunidades en el país

En México las cosas cada día se tornan más difíciles. Los problemas sociales invaden la vida de la mayor parte de los habitantes de esta patria.

Cien millones de seres humanos en el país padecen algún tipo de pobreza. Aunque este sea un territorio rico en recursos naturales y la gente se esfuerce por salir adelante, las condiciones impiden mejorar su calidad de vida.

A pesar de que los niños son un sector que debería ser protegido de todos estos pesares, desgraciadamente ellos son los que más resienten esta situación. Ellos terminan pagando las peores consecuencias.

De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), en México viven más de 36 millones de niñas, niños y adolescentes.

Estamos hablando de una parte muy importante de la población. Son millones de seres humanos que tienen derecho a crecer sanos, estudiar, jugar, alimentarse adecuadamente y vivir en un ambiente seguro.

Pero ¿qué ocurre cuando las familias no tienen ingresos suficientes o cuando un integrante enferma? Esto puede conducir a resultados catastróficos por la tragedia económica en la que se encuentra gran parte del país.

Al no contar con los recursos suficientes, muchas veces se ve morir al padre o a la madre. Esta difícil situación termina dejando huérfanos a los hijos.

Asimismo, los menores de edad son afectados en el terreno educativo cuando no reciben enseñanza de calidad. También sucede cuando se ven forzados a abandonar la escuela por múltiples factores.

La mayoría de los casos se relaciona con la falta de recursos económicos, lo que deriva en una mala alimentación. Pequeños acuden a las aulas sin haber probado bocado alguno y sin útiles escolares.

Esta situación termina obligando al niño o adolescente a abandonar sus estudios para incorporarse al sector productivo. Se emplean con un patrón que los explota o terminan en el trabajo informal.

Es triste, pero muy común, observar en los semáforos a niños que se esfuerzan por sacar algunas monedas. Venden productos o realizan alguna actividad que entretenga a los automovilistas para recibir dinero.

Son pequeños que se exponen a distintos peligros todos los días. Tienen que salir a las calles para contribuir al gasto familiar o terminan saliendo de sus hogares para vivir en ellas.

Las cifras más recientes nos dan una idea de la gravedad del problema. El informe sobre la situación de los derechos de la niñez en México, publicado por la Unicef en 2026, señala cifras alarmantes.

Durante 2024 el 38.7 % de los menores de edad vivía en condiciones de pobreza, es decir, alrededor de catorce millones de personas. De ellos, aproximadamente dos millones 700 mil padecían pobreza extrema.

No basta que las autoridades reconozcan en el papel los derechos de las infancias si en los hechos se les sigue marginando y los recursos públicos no se invierten en mejorar sus condiciones de vida.

Seguramente estos indicadores no han disminuido, porque sabemos que las cosas van de mal en peor. Las autoridades no tienen en el plano de sus prioridades salvaguardar a la niñez mexicana.

Al no ser un tema que ocupe su interés, es imposible que el panorama mejore. La pobreza sigue golpeando con mayor fuerza a los más vulnerables.

No basta que las autoridades reconozcan en el papel los derechos de las infancias si en los hechos se les sigue marginando. Los recursos públicos no se invierten en mejorar sus condiciones de vida.

Todos los problemas que se padecen en las colonias terminan afectando a la niñez de forma directa. Ellos sufren por la falta de agua potable, drenaje, luz eléctrica, el desempleo y la mala atención médica.

Sin una pizca de preocupación, los gobernantes desvían los recursos para beneficiar a los sectores más ricos. Estos deberían ser útiles para construir escuelas, albergues, mejorar la alimentación y dotar de servicios a las zonas humildes.

Vivimos en una sociedad profundamente desigual, donde una minoría concentra grandes riquezas y la inmensa mayoría padece pobreza. La gente muere de enfermedades curables y no puede cubrir sus necesidades elementales.

Todo esto ocurre a pesar de que el creador de la riqueza es precisamente el pueblo trabajador que no goza de bienestar. Esta desigualdad se reproduce de una generación a otra sin freno alguno.

Los niños que crecen sin alimentación adecuada, atención médica y educación deficiente enfrentan mayores obstáculos. Se les complica fincar un camino que les garantice un futuro luminoso.

Al concluir el ciclo escolar 2024-2025, Mexicanos Primero informó que casi 24 millones de estudiantes cursaban la educación básica. A la par, más de cinco millones 500 mil estaban en la educación media superior.

Detrás de esas cifras hay millones de familias que depositan sus esperanzas en la escuela pública. Sin embargo, la organización advirtió que la violencia y los fenómenos climatológicos afectaron fuertemente las actividades escolares.

Es necesario que todos los mexicanos nos organicemos para luchar por un mejor porvenir. Aunque esto puede sonar algo ligero, implica mucho esfuerzo y tomar conciencia de las carencias que se padecen.

Porque sólo el pueblo organizado y combativo podrá sacar a México de la miseria. Logrará brindar a nuestros niños y jóvenes una mejor forma de vivir con sus necesidades ampliamente cubiertas.

No permitamos por ningún motivo que la pobreza y la marginación sean una constante inevitable en la nación. Debemos tomar conciencia de que los destinos de los pueblos deben ser decididos por ellos mismos.

Entendamos el problema a fondo y sumemos todos nuestros esfuerzos. Organicémonos para construir un país mucho mejor y más justo para absolutamente todos.

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