• 32.63 millones carecen de empleo formal mientras la crisis hunde sistemas de salud y educativo
El imperialismo, fase superior del capitalismo, se encuentra en una crisis terminal, aunque no inminente, según la opinión de importantes analistas de la geopolítica, incluidos los intelectuales antorchistas.
Los gobiernos morenistas, como fieles partidarios del sistema, no hacen otra cosa que seguir las indicaciones de los señores del dinero.
Hay coincidencia en que el problema principal del capitalismo actual es la tendencia descendente en la tasa de ganancia del capital global, motivada por la tecnificación altamente desarrollada que aumenta la productividad, pero desplaza a una parte de la fuerza de trabajo, es decir, deja sin trabajo a millones de obreros, que con su actividad son los principales actores en la producción de la plusvalía, trabajo no pagado al obrero, lo que trae como consecuencia el incremento del capital del que se apropian los grandes tiburones del sistema.
Para corregir este grave problema, el imperialismo tiene la necesidad de contar con mano de obra barata, así como con materias primas, recursos energéticos y tierras raras, más baratas o de plano sin costo; es por esto que se ha vuelto más autoritario, violento y belicista.
Como ejemplo tenemos los últimos acontecimientos mundiales, como el genocidio en Gaza, el conflicto en Ucrania, los ataques a Irán, el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y las amenazas latentes de invasión a Cuba y México, los que no tienen otro propósito que apropiarse de los recursos naturales de esos países.

México no se puede sustraer a esta descomposición del capitalismo; el sistema neoliberal, ante su crisis mundial, ordenó a los países que el Estado debería sacar las manos de la economía, además de privatizar los servicios que este presta a la población, así como recortar el gasto público.
En nuestro país hay varios hechos en diferentes aspectos de la vida social que indican que la clase trabajadora tiene cada vez una vida más dura y difícil. Los gobiernos morenistas, como fieles partidarios del sistema, no hacen otra cosa que seguir las indicaciones de los señores del dinero, aunque de palabra digan, todos los días, lo contrario.
Los aspectos que han empeorado en los últimos años en nuestro país y que hacen más difícil la vida de los trabajadores mexicanos son los siguientes: el raquítico crecimiento económico que trae consigo un escaso desarrollo, la galopante inseguridad, el colapso del sistema de salud que ya de por sí pasaba por una difícil situación y el retroceso del sistema educativo.

El crecimiento económico es insignificante y preocupante; el año pasado fue de 0.6 %, el peor de los últimos 32 años, y las previsiones para este año son nada alentadoras. Tenemos un 54.89 % de la población económicamente activa (personas en edad de trabajar), que representan 32.63 millones de mexicanos que carecen de un empleo formal; se añaden, para desgracia de los trabajadores, los aumentos a los precios al consumidor, que fueron de 3.92 % en el segundo mes de 2026.
La inseguridad que azota al país no cede; el ciudadano vive con miedo todos los días. Aunque el gobierno diga que este flagelo va disminuyendo, diariamente somos testigos de las masacres que se cometen, del aumento de mexicanos desaparecidos y, con ellos, de los grupos de madres y padres buscadores de sus hijos, quienes son ignorados olímpicamente por el gobierno morenista, así como de la extorsión que se incrementó considerablemente de 2024 a 2026 en un 325 %, pues las carpetas de investigación por este ilícito pasaron de 27 a 115, respectivamente, en los años referidos, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública del mes de febrero.
El sistema de salud en México está colapsado: hospitales sin médicos, sin medicinas y con millones de familias sin seguridad social. Después del criminal desabasto de medicamentos y la destrucción del Seguro Popular, se profundiza la crisis con la reducción del 4.7 % para 2026 con respecto al presupuesto de salud ejercido en 2024, año en el que el 63.3 % de la población presentó la carencia de acceso a los servicios de salud.

El sector salud mantiene una brecha presupuestaria de más de tres puntos del PIB; para 2026 se está ejerciendo un gasto de 2.6 % del PIB, cuando el mínimo sugerido es del 6 %.
Además de la brecha nacional, existen desigualdades en los recursos destinados a la atención de salud de la población, de acuerdo con su condición laboral. Una persona con seguridad social del IMSS o Issste tiene 2.3 veces los recursos que tendría una persona con IMSS Bienestar.
En materia de educación, el gasto en México asciende apenas al 3.4 % del PIB, muy por debajo del 5 % que en promedio destinan los países de la OCDE y del 6 % recomendado por la Unesco.
El sistema educativo mexicano continúa enfrentando problemas estructurales, como el rezago educativo que afecta a cerca de 27 millones de personas mayores de quince años que no han concluido su educación básica o son analfabetas, cuyos factores principales son la pobreza, la ruralidad precaria, el trabajo infantil, la violencia y los rezagos heredados tras la pandemia de Covid-19 y la deserción escolar, que se ha profundizado.
Según datos de la SEP, cuando empezó el sexenio de AMLO, en el ciclo escolar 2018-2019, se tenían registrados 35.8 millones de alumnos en todos los niveles, y en el actual ciclo escolar, en enero del presente año, reanudaron clases sólo 34.5 millones de estudiantes; la cantidad se redujo en un millón 300 mil alumnos.
Este desastre en que Morena tiene sumido al país tiene solución, y el Movimiento Antorchista está trabajando todos los días en ello, en la construcción del instrumento para la organización y educación política del pueblo pobre de México como vanguardia revolucionaria.
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