• Pobreza y carencia de infraestructura gubernamental causan un 49.7 % del abandono escolar en nuestro país
La educación es fundamental para combatir la desigualdad social y el individualismo, ya que, a través de la cultura, el arte y el deporte, el hombre se libera y es capaz de enfrentar el sistema económico imperante.
Sin embargo, el sistema educativo actual cumple la función de limitar la preparación de los estudiantes y garantizar obreros asalariados a disposición de empresas impulsadas por los milmillonarios nacionales y extranjeros.
La falta de un proyecto educativo a favor de la clase trabajadora obliga a millones de estudiantes a recibir sin más el enfoque ideológico que propone el capitalismo.
El proyecto propuesto por el gobierno impulsa el rezago educativo y la deserción escolar. Y ahí donde las familias humildes no tienen acceso a la educación, se ven en la necesidad de construir aulas provisionales en espacios improvisados para que sus hijos reciban una educación.
Es el salario que reciben los padres de familia el que contribuye a la construcción de dichas aulas, y a pesar de tanta indiferencia por parte de los funcionarios, aún existen personas dispuestas a organizarse y mejorar las condiciones para que puedan impartirse las clases.
Entonces, la reforma educativa funciona como un mecanismo de preparación para el mercado laboral, donde los planes y programas que propone “La nueva escuela mexicana” moldean a las personas para integrarse a la producción.

Donde el capital humano es el encargado de elevar la riqueza del dueño de los medios de producción, la escuela adopta un modelo industrial; es decir, en lugar de formar individuos críticos, científicos y capaces de luchar por una sociedad más justa, prepara pasivamente a los estudiantes para ser empleados.
La educación se ha convertido en un negocio, donde se le paga al pueblo para que no esté alfabetizado; el recurso que se asigna es a través de “programas y becas del bienestar”.
En 2026, el gobierno de México destinó un presupuesto histórico superior a los 184 mil millones de pesos en becas, muy poco para lo que se necesita en infraestructura. La falta de un proyecto educativo a favor de la clase trabajadora y la limitante de presupuesto para este sector obligan a millones de estudiantes a recibir el enfoque ideológico que propone el capitalismo, el cual desplaza la enseñanza de habilidades universales.
El modelo educativo está diseñado estructuralmente para responder a las necesidades de la economía de libre mercado y la industria, estandarizar conocimientos y promover la obediencia.

Sometiéndose a horarios estrictos y evaluaciones mediante calificaciones, el modelo formal prepara a los estudiantes para integrarse como fuerza laboral subordinada; es por eso que el gobierno utiliza la educación como una inversión a través de las becas del bienestar, ya que necesita un pueblo no alfabetizado que únicamente concluya su nivel escolar básico.
Ante esta situación, el maestro está obligado a buscar una estrategia para que el alumno apruebe, pero al llegar al nivel medio superior, el alumno no cuenta con los conocimientos necesarios y surge la deserción escolar.
¿Pero entonces, la educación no es igual para todos? No. Los hijos de los milmillonarios se educan en las mejores universidades y los hijos de los trabajadores tienen que presentar un examen, ya que el cupo es limitado; no se cuenta con espacios que logren educar a todo un pueblo.
Además, en las zonas más olvidadas de nuestro país existen familias vulnerables sin acceso a los servicios básicos. La pobreza es el factor principal para que un joven no termine su formación profesional y es donde se presenta el abandono escolar.

Según datos del Inegi, se reporta una tasa de deserción del 11.3 % en bachillerato (el nivel más alto), 3.7 % en secundaria y 0.6 % en primaria. La falta de recursos económicos es la principal causa (49.7 %).
Por tanto, si un joven quiere estudiar, tendría que migrar a otro estado o trabajar medio tiempo en un empleo informal.
En 2026, personas entre quince y 29 años laboran sin acceso a la seguridad social, sin prestaciones y trabajan bajo contrato, lo cual implica que seis de cada diez cuentan con un trabajo informal y no logran cubrir los gastos para su educación, alimentación, vestimenta y transporte.
Estos problemas sociales sólo pueden enfrentarse con la organización, la educación y la lucha colectiva; nuestra sociedad requiere hombres dispuestos, unidos, conscientes.
La educación es una herramienta para la liberación de la clase trabajadora y sólo a través de la literatura, el arte, la cultura y el deporte los jóvenes dejarán a un lado el individualismo y sus intereses para fortalecer valores y ser hombres críticos, científicos, cultos, pero sobre todo, profesionistas sensibles preocupados por su país.
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