• La crisis en la presa Endhó afecta a las comunidades ante la inacción de las autoridades federales
En la presa Endhó se ha reportado que el lirio acuático cubre entre el 85 y el 90 por ciento de su superficie (La Jornada Hidalgo, 27 de septiembre de 2026).
Mientras el agua se pudre bajo una alfombra verde, la presencia del mosco Culex vuelve a estar fuera de control y las comunidades ribereñas —las que no se benefician, pero sí cargan con su contaminación— siguen esperando.
La propia presidenta municipal de Tepetitlán, Ana Elsa Castillo Cea, señaló: “Es un tema que le corresponde al gobierno de México. Es un tema que, a partir, digo, yo adoro al presidente Andrés Manuel (López Obrador), pero desgraciadamente a partir de 2018 se dejó de dar tratamiento a esa presa, se dejó de trabajar con las máquinas trituradoras, se dejó de fumigar como se tendría que fumigar y desgraciadamente la consecuencia son ocho años después, en donde el lirio ya está todo lo que da”.

¡Ocho años!
Dos años después de que el gobierno de México decretara la restauración de la zona de influencia de la presa Endhó, los vecinos de los pueblos ribereños se reunieron el 30 de septiembre en la comunidad de Daxthó para decir en voz alta lo que viven todos los días.
La presa sigue llena de lirio y los moscos van en aumento.
“Este es un infierno”. El comisariado ejidal de Santa Ana Huehuetla, José Antonio González Díaz, fue directo: “Los datos que ellos vierten en sus informes, pues son muy contrarios a la realidad, a la que vive la sociedad, a lo que vivimos todos los pueblos ribereños” (El Sol de Hidalgo).
Esa distancia tiene números. Funcionarios federales informaron meses atrás que se había triturado el 70 por ciento del lirio, y el 30 de septiembre la secretaria de Medio Ambiente federal aseguró que el mosco disminuyó un 47 por ciento y que la extracción realizada de lirio alcanzó los 140 mil metros cúbicos.
Para los representantes de las comunidades, el problema no es solamente cuánto lirio se afirma haber retirado, sino cuánto permanece frente a ellos. El impacto sobre la población trabajadora de los alrededores también ocurre en las aulas.
Daniela Álvarez Rubí, directora de la primaria Felipe Ángeles, relató que los alumnos reciben picaduras durante las clases y tienen dificultades para concentrarse.
Lo que ocurre en Endhó es muestra de un sistema que sólo remedia lo que puede monetizarse.
“La verdad estar dentro y estar afuera no hace ninguna diferencia, porque en realidad adentro movemos un libro, movemos alguna banca y sale el enjambre de moscos” (El Sol de Hidalgo, 30 de septiembre de 2026).
La propia alcaldesa fue clara sobre la inutilidad de fumigar sin retirar el lirio y criticó que el gobierno federal “destina recursos en una estrategia que no funciona, pues utilizan químicos para fumigar que no erradican al mosco Culex y, por el contrario, dañan a la salud de la población”.
Y señaló: es “un tema directamente de la Secretaría de Medio Ambiente, que no quieren cambiar la dinámica de trabajo, que no quieren cambiar la estrategia y que insisten con seguir experimentando, y la gente de los municipios alrededor no puede estar con experimentos, tiene que erradicarlo de manera puntual” (Quadratín Hidalgo, 29 de septiembre de 2026).
Lo que ocurre en Endhó es muestra de un sistema que sólo remedia lo que puede monetizarse. El lirio no produce utilidad: produce gasto.

Limpiar la presa no genera plusvalía; genera costo. Y en un modelo donde el presupuesto se asigna según la viabilidad económica del territorio, las comunidades ribereñas de Tepetitlán quedan clasificadas, implícitamente, como un gasto sin retorno.
Por eso se prefiere fumigar —visible, barato, fotografiable— y no poner en marcha un verdadero plan que proteja a las familias de la zona y su salud. Mientras eso siga así, el lirio seguirá cubriendo entre el 85 y el 90 por ciento de Endhó.
Los niños de la primaria Felipe Ángeles seguirán espantando enjambres al mover un libro. Los habitantes de Daxthó seguirán reportando malestares tras las fumigaciones con cipermetrina aplicadas bajo la lluvia.
Y las familias trabajadoras de Tepetitlán seguirán pagando, con comezón, con enfermedad y con desesperación, el costo de vivir junto a un agua que nadie quiere remediar porque no deja ganancia.
Tula es la prueba de que, en este sistema, lo que no se vende no se salva. Y mientras esa jerarquía siga intacta, el lirio acuático seguirá creciendo como recordatorio verde y putrefacto de que la vida de las familias trabajadoras nunca entró en el cálculo de la ganancia.
0 Comentarios:
Dejar un Comentario