El día 5 de enero pasado, tan luego tuvimos conocimiento detallado de los sucesos ocurridos en la vecina república latinoamericana de Venezuela, a manos del poderoso gobierno de los Estados Unidos, el Movimiento Antorchista Nacional difundimos por escrito nuestra más firme y solidaria condena por los hechos ocurridos ahí.
Conscientes de que este terrible suceso significaba una más, sólo una más de las acciones deliberadas que están por venir, promovidas por las clases económicamente poderosas del mundo, por hacerse del control absoluto de todos los recursos naturales y humanos de las naciones más débiles del planeta, dijimos lo siguiente:
“Se trata de una acción totalmente injustificada, puesto que Venezuela no representaba una amenaza ni había emprendido agresiones contra ningún otro país; es una incursión armada sin sustento en hechos ni en las leyes internacionales, violatoria de la soberanía nacional de Venezuela y generadora de graves conflictos y sufrimientos en ese país y en la región. No es una acción justiciera ni promotora de la democracia, sino una operación que busca poner bajo el control absoluto de Estados Unidos los cuantiosos recursos petroleros y de otro tipo con que cuenta Venezuela”.
Yo, respetuosamente agrego hoy, que cualquiera que haya sido el pretexto de tan insolente atropello contra el pueblo venezolano, bajo ninguna circunstancia podemos aceptar sin protestar, que cualquier nación poderosa del mundo, con el sólo argumento de su poder económico y militar, se arrogue insolentemente el derecho de invadir y atropellar la soberanía conquistada por los pueblos libres de todo el planeta.

Hoy, el golpe se está normalizando a nivel de las naciones; pero mañana, cualquier individuo con poder suficiente abusará de cualquier ciudadano común, violando con ello todo derecho conocido.
Y la realidad, que en su historia todo lo revela siempre a su debido tiempo, nos dio la razón más pronto de lo que esperábamos.
Antes, mucho antes de que el presidente Trump nos diera a conocer el bienestar democrático que pretende llevar a Venezuela, nos dijo claramente a través de una de sus redes sociales, el objetivo principal que buscaba cuando se llevó secuestrado al presidente y su esposa de esa nación: el petróleo.
Insolente, como suele ser el capitalista cuando alardea de todo su poder, declaró: “Me complace anunciar que las Autoridades Provisionales de Venezuela entregarán entre 30 y 50 MILLONES de barriles de petróleo de alta calidad y autorizado a los Estados Unidos.” Bien por él por su botín de guerra, pero, ¿y qué hay de la supuesta democracia que se dijo llevaría a Venezuela?, ¿y qué, con el supuesto bienestar de los venezolanos? Al parecer, como suele suceder siempre, todo fue puras patrañas.
Pero hay más recursos en Venezuela que en realidad reclama el invasor a punta de misiles. Describo a continuación una investigación realizada por el doctor en economía Abel Pérez Zamorano, que resulta sumamente reveladora para entender un poco lo que sucede en el mundo:
“Venezuela – nos dijo el investigador en un artículo publicado recientemente – (…) posee la sexta reserva de gas natural (…) (en) hierro, ocupa el puesto 12; bauxita, puesto 15 (…) es rica en tierras raras. En particular, el coltán y el torio. Para proteger todo ese patrimonio nacional, Maduro firmó en 2016 un decreto para la creación de la Faja Minera del Orinoco (…) declarada zona estratégica para la extracción de diamantes (y minerales estratégicos). El Gobierno anunció que se habían encontrado más de ocho mil toneladas de oro en la zona, lo que convertía a Venezuela en uno de los mayores poseedores de reservas del mundo (…). En 2023, el Gobierno declaró la casiterita, el níquel, el rodio, el titanio y otras tierras raras como recursos estratégicos”.

He aquí, repito yo lo que afirmó el doctor, lo que realmente buscaban los corporativos trasnacionales y su vocero Donald Trump con la abusiva incursión militar en Venezuela.
La opinión mundial de hoy, se divide en dos grandes campos obvios sobre el tema: los que justifican el atropello militar de Estados Unidos, por un lado, y los que condenan tan semejante acción abusiva, por el otro. Y dado que aún no se revela en toda su magnitud lo que realmente sucedió en Venezuela, antes y después del suceso violatorio del derecho internacional, la confusión invade las mentes de los ciudadanos menos informados. Por tanto, la confrontación natural y hasta justificada entre unos y otros, es evidente.
Pero, dígase lo que se diga a favor o en contra en relación a todo esto, es muy claro que nos encontramos ya, ante una de esas encrucijadas sociales en que suele ponernos la historia cuando un salto cualitativo en la humanidad está por llegar.
Y la disyuntiva de hoy no deja lugar a dudas: o los pueblos débiles del mundo nos plegamos sometida y mansamente a la voluntad de los poderosos, como cómplices involuntarios de la destrucción del planeta que nos pertenece a todos; o solidaria y organizadamente nos sumamos como un solo hombre para preparar la defensa de lo que también es nuestro.
Por tanto, nadie en su sano juicio, debe alegrarse por la desgracia que hoy toca la puerta de sus semejantes, porque mañana, que se busque la solidaridad del colectivo para guardar la seguridad y el bienestar de los suyos, puede ser que se encuentre sólo ante la amenaza destructora de la tragedia. ¡Todos atentos a lo que viene! El futuro depende ya, sólo de la verdadera organización social de la humanidad. No lo olvidemos.
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