El piso vibró a la par de la consigna “si le vas a la FNERRR, zapatear”, y algo en mí vibró con el recinto. Conocí a la Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios Rafael Ramírez (FNERRR) cuando llegué a la Secundaria Técnica número 27 en Santa Inés Ahuatempan.
Para entonces, la escuela ya había librado varias batallas, y sus salones, el edificio principal y la cooperativa habían sido fruto de ellas, encabezadas por los estudiantes, maestros y padres de familia.
La ciudad de Puebla recibe anualmente a cerca de 70 mil estudiantes que buscan oportunidades para seguir con su educación; no obstante, la vida se ha encarecido cada vez más.
Fui partícipe de distintas luchas en la zona, que permitieron la construcción de otras escuelas como la Técnica 120 en San Juan Ixcaquixtla (antes, sus alumnos tomaban clases en un espacio chiquito prestado por la presidencia), infraestructura, techados en las escuelas; apoyamos a las casas del estudiante que existían, y que luchaban por sus edificios, literas, y muchas otras cosas.
Mis años de estudiante y luego como periodista, me han permitido ver el trabajo y los logros que los estudiantes han tenido.
Por ejemplo, en la Secundaria Técnica 143 de Santa Ana Xalmimilulco, en mis primeras excursiones como periodista fui porque su demanda era un espacio digno (les habían cedido un centro de salud y un muy amplio campo). Los chavos estaban hacinados, pero acudían con gusto porque querían aprender y salir adelante.

Poco a poco lograron la regularización del terreno, un edificio, luego más salones, la barda perimetral y esta última vez que fui ya tenían ¡un techado y sus canchas!
Una estudiante me contaba que sus hermanas mayores habían vivido cada una de esas luchas, manifestaciones, ir y venir hasta que se construyeron, y, pese a que a ellas no les había tocado mucho, ella estaba feliz y orgullosa de ellas, de sus padres y sus maestros. “Por eso también soy de la FNERRR”, me dijo.
La ciudad de Puebla recibe anualmente a cerca de 70 mil estudiantes del estado y de Tlaxcala, Guerrero, Oaxaca y Veracruz principalmente, estos jóvenes se concentran en universidades como la BUAP, la Udlap, la Upaep, entre otras, todos ellos buscan oportunidades para seguir con su educación.

No obstante, la vida se ha encarecido cada vez más. En la actualidad una renta llega a los 8 mil pesos mensuales, dependiendo de la zona, y muchas veces los espacios son pequeños y con bastantes restricciones. A esto se suman los gastos de alimentación y transporte; se estima que un estudiante foráneo gasta entre los 6 mil y 12 mil pesos mensuales, tal vez más.
Además, muchos no escapan a las estafas en línea o de otro tipo, que se aprovechan de ellos, de que están solos, y de su desconocimiento de la capital.
Estudios recientes y sondeos hechos por medios locales, han encontrado que las preocupaciones económicas, el alza en la inseguridad, su lejanía familiar prolongada, promueve un aislamiento sistemático que se refleja en su desempeño escolar. Muchos abandonan el proyecto y con ello sus sueños.

En este sentido y en paralelo con la lucha de la FNERRR, existen las casas del estudiante.
Yo tenía quince años cuando llegué a la “Serrano” y “Carmen Serdán”. Recuerdo bien que mis padres me dejaron en la 5 poniente con mis maletas llenas de esperanza y miedo, porque empezaría a estudiar la preparatoria. Por ese entonces las casas estaban llenas de universitarios y pocos prepos; venían de diferentes lugares.
Estas casas siempre fueron un refugio, nos conocíamos, nos apoyábamos y sabíamos que, a pesar de todo, no estábamos solos.
Además de impulsar el ámbito académico, nos jalaban a la cultura: aquí bailábamos, cantábamos, declamamos, nos formamos como oradores, hacíamos teatro y participamos en concursos estatales y nacionales; nos impulsaban a hacer deporte, pero sobre todo nos enseñaban a despertar la conciencia.

Recuerdo a mis compañeros fenerianos y a los moradores de la casa que fueron mis contemporáneos. Hoy varios son profesionistas, algunos cumplieron la promesa de devolver al pueblo trabajador el apoyo, hoy los guían en la búsqueda de un futuro mejor para todos, no sólo en Puebla, sino en Tlaxcala, en Jalisco, en muchos lugares como abogados, maestros y como luchadores sociales, o como plumas a su servicio.
Hoy la FNERRR celebró su 27 aniversario y las casas sus 45 años de existencia. Miles de chavitos llegaron desde todo el país al Complejo Cultural Universitario de la BUAP, espacio que gestionaron, y con cultura y el discurso del secretario general del Movimiento Antorchista Nacional, el maestro Aquiles Córdova Morán, hicieron un llamado al estudiantado nacional, a que se organice y luche, porque no hay de otra si se quiere un cambio verdadero para el país y el mundo. Yo le sigo yendo a la FNERRR.
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