MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Un desastre que se puede arreglar

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En México —y desde luego en Puebla—, la pobreza y la miseria crecen día con día y no se ve, ni en el corto ni en el mediano plazo, un plan serio del gobierno o de los empresarios para combatir este mal, que es el generador de todos los problemas que padece la población.

Algunos de esos problemas son: la mala o pésima alimentación en las familias, lo que genera cuerpos débiles y enfermos que no resisten ni los cambios más básicos de temperatura, que se enferman por esa pésima alimentación o que no tienen los nutrientes suficientes para lograr que la cabeza se concentre en el estudio disciplinado (de cualquier cosa que le guste al individuo); la falta de dinero para comprar ropa o zapatos de cierta calidad; la falta de una vivienda digna; el nulo acceso a la educación de calidad en la inmensa mayoría de las escuelas públicas y privadas (ciencias sociales, ciencias naturales, ciencias exactas, práctica del arte o del deporte a niveles profesionales); escuelas en donde no te enseñan a leer porque no hay un plan nacional para fomentar la lectura de cualquier tipo de obras literarias, científicas, sociales o de lo que sea; hay comunidades completas —y también escuelas completas— que ignoran todo tipo de literatura o que viven en la desinformación de lo que pasa en el acontecer político nacional e internacional, porque están sumidas en ese nuevo vicio tan exitoso del capitalismo que se llama el uso de las redes sociales en el celular, que estropea la mente con todo tipo de idioteces que el ser no educado se cree y considera serias y reales, que deja a la mente completamente inservible para la concentración en el aprendizaje o para la lectura disciplinada, que te distrae del acontecer de la realidad porque te inserta en un mundo de distracciones de todo tipo, que impulsa el individualismo extremo en los jóvenes (ya no se quieren unir a las organizaciones que impulsan un cambio o a la lucha porque eso coarta su libertad de acción o de expresión), que promueve el egocentrismo a más no poder. 

Lo mismo que antes hacía la televisión, la radio o el cine, pero en nivel mejorado. Ahora vivimos en el mundo de una “generación de cristal”, en la que los problemas de la cabeza generados por la descomposición del mundo no se resuelven con el estudio, el juego y el trabajo, sino con “expertos especialistas” del capitalismo en tratar males que no van a curar con pastillas o “pláticas”, sino cuando la clase trabajadora elimine de tajo todo el sistema económico del capitalismo, que es el impulsor de la pobreza y de todos los males que se derivan de ella.
En resumen: la pobreza y la pobreza extrema en la que vivimos 98 millones de mexicanos no tiene que ver sólo con la carencia de alimentos, vestido y un lugar para resguardarnos. No, no es solo eso. La miseria que genera el capital con el sistema de producción de mercancías tiene que ver con la forma en que el sistema nos destruye como seres humanos y nos convierte en animales irracionales.

Para el sistema de producción capitalista, el ser humano es sólo un elemento más —aunque muy importante— del sistema de producción de mercancías. Todo en este mundo es una mercancía. Cualquier cosa que vemos al abrir los ojos es una mercancía creada en una fábrica y vendida en el sistema de compraventa (desde las tiendas gigantescas hasta los mercados de la colonia o las tiendas de la esquina). Lo que no era mercancía, como el agua potable, por ejemplo, el capital la hace mercancía y la convierte en un gran negocio. Los seres humanos no podemos vivir sin agua potable, y los empresarios del mundo y de México se hacen multimillonarios vendiéndonos el líquido elemental para la vida. El cuerpo humano tampoco es —ni debería ser— una mercancía… pero el empresariado lo ha convertido en una mercancía que les da ganancias al por mayor.

Para el empresariado —el gobierno de cualquier nivel sólo es su cómplice— el ser humano forma parte del sistema de producción de mercancías, porque es la fuerza de trabajo del hombre la que genera valor dentro de cada valor de uso que se produce (cualquier mercancía que usted se quiera imaginar); la fuerza de trabajo humana, durante la jornada laboral y para que le paguen el salario al obrero, debe trabajar dos tiempos, que a simple vista no se diferencian: el tiempo de trabajo necesario y el tiempo de trabajo excedente. 
En el tiempo de trabajo necesario, el obrero genera el valor que le pagarán como salario (un salario mínimo, dos salarios mínimos o, con mucha fortuna, tres o cuatro); en el tiempo de trabajo excedente, el obrero genera con el despliegue de su fuerza de trabajo el valor que se le quedará al empresario (el valor excedente o plusvalor).

En los tiempos actuales, se dice que el tiempo de trabajo necesario de un obrero en México es de 11 minutos de trabajo; es decir, si entra a las 7:00 a. m., a las 7:11 ya trabajó y generó el valor con el que le pagarán su salario (que es miserable, que no le permite ahorrar y que está pensado para que coma, descanse y se reproduzca). Lo que quiere decir que, en las siete horas con 49 minutos restantes de trabajo, el obrero generará el valor excedente que se quedará el patrón (que se hace millonario, porque no se trata de cinco o 10 obreros, sino de decenas, centenas, miles o millones de obreros a los que les quita esta parte de su trabajo diario).

El obrero común y corriente puede trabajar 30, 40 o 50 años seguidos y jamás dejará de ser pobre, porque el sistema económico de producción de mercancías no se lo permite, porque ese sistema está pensado en que se le dé un salario que sólo le permita reponer el valor de su fuerza de trabajo. Así que él, sus hijos, sus nietos, sus bisnietos y lo que siga en adelante serán pobres siempre. 

El empresario, gracias al robo de la plusvalía de cada trabajador, cada día se hace más rico. ¿No me cree? Veamos un dato: el salario mínimo en México en este 2026 —acordado por el Gobierno federal de la Cuarta Transformación, los sindicatos charros y los empresarios mexicanos— es de 315 pesos al día o 9,600 pesos al mes. El trabajador ni siquiera tiene la facultad para proponer un aumento de su salario, ¡porque no lo toman en cuenta en la discusión! 

El salario mínimo es una miseria, desde cualquier punto de vista que se le vea. La fortuna de Carlos Slim, el empresario dueño de las empresas más grandes del país, en este 2026 es de 125,000 millones de dólares (un incremento del 51 % con respecto al año anterior, gracias en buena medida al apoyo total de los gobiernos de la Cuarta Transformación). Según las noticias, Carlos Slim “tardaría aproximadamente 220 a 280 años en gastar su fortuna si gastara un millón de dólares diarios”. Es una fortuna que no se acaba en una vida, ni en dos, ni en tres o cuatro. Mientras que en nuestro país hay por lo menos 25 millones de personas que sufren hambre crónica, porque no hay para comer en sus casas.

Sólo queda una salida para combatir en serio la pobreza que corroe la via de los mexicanos: la clase trabajadora —obreros, campesinos, comerciantes ambulantes, trabajadores de le educación, así como los hijos de todos ellos— debe organizarse en un partido cuya única finalidad sea tomar el poder del país y hacer cambios en el modelo económico, eliminando la propiedad privada de los medios de producción, con lo que se eliminaría la explotación laboral y se repartiría de mejor manera la riqueza. El pueblo trabajador tiene una cosa que lo hace superior a la clase explotadora: su número. Somos la mayoría en Puebla, México y el mundo. ¿Qué debemos hacer? Organizarnos, educarnos y luchar por el poder. No hay de otra.
 

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