• En Michoacán, sólo 32 % tiene certeza jurídica sobre sus casas y miles habitan áreas vulnerables
Ya he abordado en ocasiones anteriores el hecho de que no basta que esté asentado en la Constitución de la república el derecho que todo mexicano tiene a una vivienda digna y decorosa. Como todos sabemos, la realidad de nuestro país y de nuestro estado es muy diferente.
No debemos perder de vista nunca que la solución a nuestros problemas es la unidad entre los trabajadores, unidad que debe perdurar toda la vida.
Ahora lo quiero tratar desde otro ángulo este problema, el cual preocupa tanto a los trabajadores como a nosotros como organización, la cual se ha dedicado por 52 años a combatir la pobreza.
De acuerdo con los parámetros internacionales, ¿qué significa vivienda digna? Según la ONU-Hábitat (organismo de la ONU que trata a nivel global los problemas de la urbanización y la vivienda), para considerar que una vivienda es digna debe constar de siete elementos:
Seguridad de la tenencia de propiedad (protección y certeza jurídica).
Disponibilidad de servicios materiales e infraestructura (servicios sanitarios, de agua potable, drenaje, eliminación de basura y energía).
Asequibilidad: costo de la vivienda que no comprometa la satisfacción de otras necesidades básicas.
Habitabilidad: seguridad y espacios físicos suficientes.
Accesibilidad: que los grupos marginados tengan acceso a la vivienda, así como también los discapacitados.
Ubicación: localización fuera de zonas de riesgo y con acceso a empleo, salud, educación y otros servicios e instalaciones sociales.
Adecuación cultural: respeto e incorporación de la expresión de la identidad cultural de los residentes.

¿Cuántas de las viviendas que habitan los trabajadores mexicanos y michoacanos cumplen con estas características mínimas internacionales para considerarlas dignas?
De acuerdo con fuentes serias, estas aseguran que en Michoacán sólo el 32 % cuenta con certeza jurídica, y a los que no tienen una escritura pública para su vivienda se les ha dado en llamar despectivamente "paracaidistas".
Sin embargo, estas personas son de escasos recursos que suelen ser criminalizados por establecer, obligados por las difíciles circunstancias económicas, sus viviendas en predios de particulares, comunitarios, de alto riesgo o zonas forestales.
Ellos, debe quedar claro, son sólo la punta del iceberg del gigantesco problema de la vivienda en México y en el estado de Michoacán, dado que no son los únicos que habitan lugares sin certeza jurídica y que no tienen escrituras públicas.
A pesar de que en Michoacán existe un organismo oficial encargado de los trámites de vivienda, el IVEM (Instituto de Vivienda del Estado de Michoacán), hacer realidad esa certeza jurídica lleva años debido a la gravosa burocracia administrativa.
Esta pesada burocracia, a cada nuevo paso para tratar de obtener la escritura, envuelve a los solicitantes de regularización de su vivienda en una tramitología muy difícil de superar (el IVEM fue diseñado y opera no para resolver el problema de la regularización, sino como un instrumento para dilatar el mayor tiempo posible la solución a la legalización de la propiedad de las casas-habitación).

El problema se complica aún más, porque, al no tener escrituras de sus predios los ciudadanos, las autoridades, arguyendo tramposamente con el calificativo de "paracaidistas", se niegan a resolver los servicios básicos como el agua, la luz eléctrica, el drenaje, etcétera.
El acceso a la vivienda a bajo costo se cumple en un mínimo porcentaje, pues a pesar de haber cientos de miles de familias sin una vivienda propia, son muy pocas las beneficiarias de los programas oficiales.
La inmensa mayoría de las viviendas de los trabajadores se encuentra en zonas de riesgo y las familias de estos viven hacinadas; se conoce muy bien que en la mayoría de estas viviendas cohabita más de una familia.
Es tan alto el costo de la vivienda y tan bajos los ingresos de los hijos que, como es natural, al crecer forman sus propias familias y se ven compelidos a quedarse con sus padres. Los bajos salarios y las pocas oportunidades laborales los obligan a no poder salirse de ahí.
Es una característica propia del sistema capitalista en que vivimos la existencia de la anarquía en la producción; esta anarquía provoca que la producción se concentre en las grandes ciudades (en la mayoría de los casos, en las capitales de los estados), lo cual provoca que la población trabajadora se concentre en estas grandes ciudades, lo que las convierte en centros de población muy importantes, como es el caso de Morelia.
Es aquí donde se acentúa el problema de vivienda, y esta es la razón por la que los activistas del Movimiento Antorchista Michoacano hemos concentrado nuestros esfuerzos para gestionar ante los diferentes niveles de gobierno la solución a la apremiante necesidad de miles de michoacanos por obtener una vivienda propia y dotada con los servicios básicos.

Llevamos muchos años trabajando y luchando, en los que hemos obtenido logros importantes para miles de michoacanos, pero aún queda mucho por hacer, tanto para regularizar los predios que ya se han adquirido como para luchar para que otros, que necesitan los servicios básicos, también los obtengan, así como muchos más que no cuentan con nada, pero que tienen la voluntad y la decisión de resolver el problema de la vivienda y la dotación de servicios básicos.
Y a eso lo quiero invitar, estimado lector: a no dejar de organizarse para mejorar nuestras actuales condiciones de vida en lo inmediato, pero sobre todo para buscar con ahínco la construcción de un mundo mejor, que nos merecemos los productores de la riqueza de este país, a que no caigamos en el juego que nos inculca el sistema egoísta y deshumanizado en el que vivimos, que sólo nos enseña a preocuparnos por uno mismo y que no nos importe el bienestar de nuestros hermanos de clase.
No debemos perder de vista nunca que la solución a nuestros problemas es la unidad entre los trabajadores, unidad que debe perdurar toda la vida; sólo así haremos la fuerza necesaria para cambiar el destino de nuestro país, ante los tiempos tempestuosos y amenazantes que vivimos. Debemos informarnos, pensar con claridad y actuar en consecuencia, antes de que sea demasiado tarde.
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