MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La vuelta a la derecha en América Latina

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• Surgen gobiernos conservadores que amenazan revivir las políticas opresoras impuestas durante los años 70

América Latina ha sido testigo de un visible desplazamiento del péndulo político hacia la derecha. Figuras como Javier Milei en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador y Nayib Bukele en El Salvador, junto con otros como Abelardo de la Espriella en Colombia, Keiko Fujimori en Perú y Laura Fernández en Costa Rica, representan un nuevo ciclo de gobiernos conservadores o abiertamente ultraliberales en la región. Ante este panorama debemos preguntarnos: ¿por qué debería importarnos esto a los mexicanos?

Desde un análisis marxista podemos decir que este giro no es un fenómeno fortuito, sino la expresión de una crisis orgánica del capitalismo en su fase imperialista. Los gobiernos que se autodenominaban de izquierda, que precedieron a estas nuevas administraciones de derecha, fracasaron en sus promesas de hacer transformaciones estructurales en favor de las clases populares. 

Al no romper con la lógica neoliberal y mantenerse, en muchos casos, con las mismas políticas neoliberales de austeridad que sus predecesores, generaron una profunda desilusión entre las mayorías populares.

La falta de soluciones a problemas acuciantes como el desempleo, la inseguridad y el deterioro de los servicios públicos hizo que la derecha pudiera presentarse como una alternativa "antisistema", aunque en realidad profundizará el sistema que genera dichos problemas.

Este contexto debe ser una señal de alarma para Morena en México. La política de oídos sordos y de desprestigio hacia las organizaciones sociales y sectores populares —como las madres buscadoras, los agricultores, los maestros y trabajadores de la salud— puede ser interpretada por el pueblo como un alejamiento de sus necesidades reales.

Si Morena no asume una postura de apertura al diálogo, corre el riesgo de replicar el error de las izquierdas anteriores y va a generar desencanto. Ese desencanto, en un contexto de crisis, es el combustible que alimenta el voto de castigo que puede dar pie a que la derecha tome el poder, y puede que con un rostro más agresivo y alineado con los intereses de Estados Unidos.

No se puede entender este proceso sin analizar el papel del imperialismo estadounidense. La derecha latinoamericana, por su propia naturaleza, es funcional a los intereses de Estados Unidos y de los organismos financieros internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. El retorno de estos gobiernos no es únicamente la consecuencia de preferencias electorales internas, sino que responde a una estrategia geopolítica de Estados Unidos para recuperar el control total sobre los recursos de la región, poder imponer sus decisiones económicas y políticas, y evitar su acercamiento a su principal enemigo comercial: China.

Un ejemplo histórico que ilustra esta lógica es el Plan Cóndor en los años 70, donde la CIA de Estados Unidos, en alianza con algunos capitalistas nacionales, promovió golpes de Estado en América Latina para imponer dictaduras militares. En este periodo, el Estado no sólo persiguió y aniquiló físicamente a la izquierda, sino que impuso a sangre y fuego el modelo neoliberal: privatización de empresas públicas, apertura a los capitales extranjeros y disminución del gasto social.

El giro a la derecha en México no implicaría simplemente un cambio de partido, sino un claro sometimiento estructural a los designios del imperialismo estadounidense. El gobierno de la 4T al menos mantiene una postura pública de defensa a la soberanía nacional y de no intervención extranjera en la lucha contra el crimen organizado.

En cambio, las figuras públicas conservadoras que se dicen de "oposición" han dicho abiertamente que prefieren una intervención abierta de Estados Unidos. Por ejemplo, la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, ha dicho abiertamente que México debería solicitar la intervención de Estados Unidos en territorio mexicano para "frenar a los cárteles". La derecha mexicana ignora el peligro histórico que conlleva abrir esa puerta.

Para dimensionar las consecuencias de una intervención extranjera, basta recordar la política exterior de Estados Unidos en Medio Oriente: en Irak, Libia o Siria, las intervenciones no llevaron "democracia", ni seguridad, ni mejoramiento en la vida de los trabajadores de dichos países. 

Por el contrario, se sumieron en un caos del que aún no se reponen, donde hay hambre, insalubridad, pobreza, fragmentación estatal, florecimiento de grupos extremistas y guerra. Esa es la lógica del imperialismo: desestabilizar para saquear los recursos naturales, imponer gobiernos títeres y asegurar el control de los recursos estratégicos.

Ceder nuestra soberanía, como lo haría un gobierno de derecha alineado con Estados Unidos, pondría a México en una ruta similar de dependencia y vulnerabilidad.

En conclusión, el ascenso de la derecha en América Latina debe alertar a la 4T sobre su política de oídos sordos a las organizaciones sociales. Morena debe entender que si sigue por ese camino, ella misma se está comportando como un gobierno de derecha y, peor aún, puede abrir la puerta a que tome el poder un gobierno abiertamente sometido a los intereses del imperialismo estadounidense. México no puede darse el lujo de repetir los errores de nuestros hermanos latinoamericanos.

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