MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Es la hora de los pueblos

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• Ante la crisis educativa en Chiapas y el acecho del imperialismo, la organización social se erige como la única salida

México y Chiapas atraviesan una crisis educativa profunda, una deuda histórica que el Estado no ha querido resolver. Lejos de las promesas oficiales, la realidad en el sur de México demuestra un abandono constante que condena a las clases trabajadoras a la marginación y al rezago.

El imperio estadounidense ha entrado a su fase final y el capitalismo trata de sobrevivir sometiendo al mundo.

Para entender la magnitud de esta realidad, basta observar cómo se encuentra Chiapas frente al resto del país. El estado se ha consolidado como la entidad con el mayor rezago educativo a nivel nacional, alcanzando sus niveles más críticos desde 2016. 

El rezago educativo chiapaneco en 2024 alcanzó al 33.95 % de la población, lo que representa a casi dos millones de personas. Es decir, tres de cada diez personas mayores de quince años carecen de educación básica. 

Además, el estado ocupa el primer lugar nacional en analfabetismo con un 13.7 %, una herida que se profundiza en los pueblos originarios, donde el índice llega al 19.1 % y asciende hasta un 20.1 % en el caso de las mujeres indígenas. 

A esto se suma que apenas el 66 % de la población tiene acceso general a la educación y el abandono escolar en el nivel medio superior se dispara al 11.7 %. Por si fuera poco, menos del 48 % de los estudiantes chiapanecos cuentan en sus hogares con las herramientas mínimas de aprendizaje, como electricidad, una computadora o conexión a internet.

Ante esta enorme montaña de problemas, el pueblo organizado responde. Mientras otras instituciones reciben recursos oficiales, el proyecto educativo del Movimiento Antorchista enfrenta carencias severas, sin ningún tipo de apoyo gubernamental. 

Los maestros se mantienen en pie de lucha respaldados únicamente por el movimiento y a través de actividades económicas conjuntas.

Y a pesar de tener todo en contra, este año, diecisiete escuelas impulsadas por esta organización en Chiapas lograron el egreso de 325 niños y jóvenes. Este sacrificio colosal no busca únicamente aportar cifras a los índices educativos. 

Se hace, en primer lugar, para que el estudiante reconozca su origen de clase y detecte los problemas que sufre nuestra sociedad. Pero, sobre todo, se educa para que la juventud comprenda que esta realidad se puede transformar.

Precisamente ahí reside la esencia del momento histórico que vivimos: es la hora de los pueblos. Porque el pueblo tiene la capacidad de cambiar las condiciones de pobreza en las que vive, siempre y cuando sea un pueblo organizado, consciente y educado.

Desde inicios de este 2026, se han acentuado hechos que dejan ver la furia del imperialismo. Porque conoce la debilidad de los países en desarrollo, el imperio se mueve, fanfarronea y atropella las leyes internacionales con total impunidad en nuestro continente: en Venezuela, en Colombia, en Cuba y en otras partes del mundo.

Estos acontecimientos son producto del declive inevitable e irreversible al que ha ingresado el capitalismo como modo de producción. 

Con Estados Unidos a la cabeza, quien, consciente de su inminente caída, ha decidido jugar el todo por el todo para prolongar su existencia e intenta imponer un dominio planetario. Buscan asegurar su retaguardia en Latinoamérica para exprimir materias primas gratuitas y obtener soldados que vayan a pelear y morir por causas ajenas.

Hay quienes, en su desesperación, prefieren que el imperio intervenga. Pero no vienen a mejorar nuestras condiciones de vida; vienen a saquear nuestras riquezas naturales. Quieren los minerales, tierras raras, oro, diamantes y petróleo gratis para salvarse a costa nuestra. Permitir eso sería someternos y la historia exige que eso no pase.

El imperio estadounidense ha entrado a su fase final y el capitalismo trata de sobrevivir sometiendo al mundo. En esta situación, México tiene la desgracia de estar cerca del enemigo. Sin embargo, si se le enfrenta con astucia, se pueden alcanzar mejores condiciones. 

Lo que verdaderamente le conviene a la nación hoy es ampliar sus relaciones comerciales y políticas con fuerzas multipolares como los Brics, la única alternativa capaz de hacer frente a los imperialistas y elevar el nivel económico de nuestras familias. 

En el caso de Venezuela, el secuestro de su presidente no fue por terrorismo ni narcotráfico; fue por petróleo, un recurso que Estados Unidos ya vende a plena luz del día.

Es importante que ustedes no olviden jamás su origen, ni traicionar a la clase que los vio nacer. No deben claudicar ante la injusticia, ni vender su intelecto a los mismos que mantienen a México en la miseria. 

Los jóvenes y niños que hoy alcanzan a graduarse de un nivel educativo tienen el deber moral de ser la vanguardia y la antorcha que ilumine la oscuridad de la ignorancia. Deben salir, organizarse y defender a la patria, demostrando con coraje, con estudio y con lucha, que hoy, mañana y siempre, esta es y será la hora de los pueblos. 

Finalmente, es urgente difundir una conciencia de clase y de resistencia: si el fin de los imperialistas se acerca, significa que al pueblo trabajador le está llegando su moment

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