MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La antorcha sigue encendida: el pueblo no la ha soltado

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• 42 años de organización transforman Huitzilan con servicios, obras y participación social

La mañana del 22 de marzo, el auditorio “Máximo de la Cruz Rivera” de Huitzilan volvió a llenarse. No fue un evento cualquiera ni una ceremonia de compromiso. Son 42 años desde que el Movimiento Antorchista llegó a Huitzilan de Serdán y, para quienes conocen esta historia, se trata de un gran festejo político.

Aquí no se habla de aniversarios vacíos, se habla de lucha, de organización y de un pueblo que decidió dejar de vivir con miedo.

Antes de 1984, Huitzilan era otro. Quienes lo vivieron lo saben bien: el poder estaba en manos de unos cuantos caciques que imponían su ley con violencia.

La gente trabajaba la tierra sin ser dueña de nada, cargando deudas que parecían no terminar nunca. Reclamar era arriesgar la vida. La pobreza no era casualidad, era parte del sistema. Pero un día eso empezó a cambiar.

Los huitziltecos se cansaron. Dejaron de agachar la cabeza y encontraron en la organización una salida. No fue fácil ni rápido, pero poco a poco el pueblo entendió que sólo unido podía enfrentar a quienes lo habían mantenido sometido durante años.

Lo que hoy tiene Huitzilan no apareció por arte de magia ni por la buena voluntad de algún gobierno. Se consiguió paso a paso, con gestiones, movilizaciones e insistencia. 

Hoy hay luz eléctrica en casi todas las viviendas, agua entubada en la gran mayoría, drenaje, hospitales, clínicas, espacios deportivos, escuelas y caminos. Todo ello tiene detrás el esfuerzo de mucha gente organizada.

También hay nombres que no se olvidan, como el de Manuel Hernández Pasión, cuya administración dejó obras importantes y una inversión significativa que se tradujo en mejoras reales para el municipio, o el de don Carlos Ayance de Gante, quien vivió la represión, decidió organizarse y llegó a ser presidente municipal, siempre del lado de su gente.

Pero nada de esto fue gratis. Hubo quienes dieron la vida en este proceso y recordarlos no es sólo un acto de memoria, es una forma de decir que su lucha no fue en vano.

Hoy Huitzilan es distinto. Se respira más tranquilidad y hay más oportunidades. Sin embargo, eso no significa que todo esté resuelto. Los problemas no desaparecen solos y quienes han estado en contra del progreso del pueblo siguen ahí, atentos a cualquier descuido.

Este 22 de marzo no es sólo para recordar, es para reafirmar lo que somos y lo que hemos logrado juntos. Para no olvidar de dónde venimos y, sobre todo, para no bajar la guardia. 

La antorcha sigue encendida, pero no por sí sola, sino porque el pueblo la sostiene todos los días y, mientras esa unidad se mantenga, lo construido con tanto esfuerzo no se perderá.

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