Es posible una organización de la sociedad bajo la dirección de un gobierno formado por trabajadores. La historia de la humanidad así lo ha demostrado.
Los proyectos de gobiernos obreros han sido saboteados sistemáticamente por las burguesías nacionales e internacionales para recuperar sus privilegios económicos.
Las objeciones que se hacen acerca de los tropiezos que han tenido, por ejemplo, la Comuna de París y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), en su lucha por organizar una sociedad libre de explotación, no son más que intentos por justificar la existencia eterna del capitalismo.
Los dueños del capital y sus consortes se empeñan en hacer creer a la población que estos proyectos sociales fracasaron por dirigirse en sentido contrario a toda lógica, por lo que su derrumbe es una consecuencia natural, debido a que no tuvieron sustento y sólo se trató de los caprichos de determinados grupos políticos.

Sin embargo, en estas impugnaciones a la viabilidad de los proyectos sociales que buscan una mayor equidad y justicia, y en la explicación de las razones de los descalabros que han tenido, generalmente difundidas por sectores de la derecha y de la moderna izquierda domesticada, se observa la intención de ocultar el proceso de la lucha entre las dos clases representativas del capitalismo: la burguesía y el proletariado. Se esconde deliberadamente la perniciosa actividad de los poderosos en contra de los oprimidos.
Casi no se menciona que estos proyectos sociales estuvieron bajo el constante asedio de la burguesía nacional e internacional y de sus aliados. Nunca se les permitió desplegar su potencial creador por el constante hostigamiento, el ataque directo o disimulado de quienes perdieron sus privilegios económicos y buscaron recuperarlos sin detenerse en los medios ni en las formas, interesados únicamente en la protección de su ganancia privada.
El ejemplo cercano es el que viven en estos días el pueblo y el gobierno cubanos. Las dificultades a las que se enfrentan son el resultado de la acción ininterrumpida, desde 1959, de demócratas y republicanos, presididos por magnates que hacen de la política un negocio y que, alternándose en el poder, dominan y saquean al pueblo estadounidense.
Con el apoyo de los grandes terratenientes, de la burguesía autoexiliada en suelo norteamericano y de sus cómplices dentro del territorio cubano, los magnates capitalistas han tratado de doblegar al pueblo trabajador de ese país caribeño mediante inhumanos bloqueos, sanciones económicas e intentos de invasión.
Desde la óptica de los capitalistas, el crimen del pueblo cubano, por el cual se le condena y agrede, es múltiple: en primer lugar, por haber terminado con los privilegios de un puñado de acaudalados y con la explotación, fuente de su riqueza; por ser una diáfana muestra de que un país puede ser administrado por y para los trabajadores, bajo la guía de su Partido revolucionario que encarna fielmente sus intereses, y por ser un ejemplo para los demás pueblos del mundo.

Tal y como sucedió en 1871 en la Comuna de París, la burguesía refugiada en Versalles, en complicidad con el gobierno prusiano, supuesto enemigo suyo, reforzó el ataque hacia el primer gobierno de los trabajadores, provocando finalmente su caída y la masacre final de más de 20 mil parisinos.
Resulta evidente, por tanto, que, con el propósito fundamental de la defensa de sus intereses, las burguesías de diferentes países, aun existiendo conflictos entre ellas, son capaces de aliarse para vencer sobre su único enemigo verdadero: el proletariado.
En nuestro país, es posible identificar el mismo fenómeno, por ejemplo, en el bloqueo y hostigamiento permanente a los gobiernos emanados del Movimiento Antorchista en municipios como Chimalhuacán e Ixtapaluca, en el Estado de México, bajo cuya conducción estas localidades, en un corto periodo de veinte años, de 2000 a 202, alcanzaron un desarrollo sin precedente en materia de educación, salud, infraestructura urbana, servicios públicos y desarrollo humano.
La alianza entre los caciques locales y las cúpulas económicas que manejan los gobiernos estatal y federal identificó también en estas administraciones municipales un peligro para sus intereses, y su instinto de clase las llevó, a pesar de sus conflictos internos, a unificarse y actuar en común para eliminar el mal ejemplo que ellas diseminaban en las conciencias de los trabajadores, de la misma manera que las enseñanzas de la Comuna de París y la Revolución cubana se esparcen hacia todos los proletarios del mundo.
Es posible un gobierno formado por trabajadores, cuya preocupación central sea la defensa de los intereses de los propios trabajadores y sus familias. Los ejemplos a escala mundial y nacional, como los citados anteriormente, tienen la virtud de proporcionar pruebas contundentes.

En todos ellos se identifica que, una vez en el poder, este se ejerce para garantizar el desarrollo y bienestar del pueblo. Sin embargo, es necesario identificar algunos desaciertos cometidos en estos intentos y ser críticos para no cometerlos nuevamente, tal como lo expresa Lenin:
“Cuanto más entrañable es para nosotros, por ejemplo, la Comuna de París de 1871, tanto menos podemos tolerar salir del paso con alusiones a la misma sin examinar sus errores y sus condiciones peculiares”. (Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática).
No olvidemos que estamos inmersos en un proceso de lucha de clases, en el que cada una de ellas defiende sus intereses imponiéndose sobre la otra.
Tengamos presente que aún existen gobiernos progresistas en nuestro país; en Puebla, por ejemplo, que están bajo el asedio de minorías privilegiadas que no dudan en aliarse con los enemigos de los trabajadores para hacerlos fracasar y regresar nuevamente por lo que ellos consideran como su propiedad.
La claridad de nuestra conciencia de ello fortalecerá nuestra unidad, que es la garantía para impedir que los elementos reaccionarios sumerjan a las comunidades en el abandono, como sucede actualmente en los municipios de Chimalhuacán e Ixtapaluca.
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