• Durante 30 años el Movimiento Antorchista ha forjado espacios académicos en colonias populares de Coahuila
El Movimiento Antorchista ha sostenido que la pobreza no se combate únicamente con programas asistenciales, sino garantizando derechos fundamentales como la educación. En Coahuila, esa idea dejó de ser un discurso para convertirse en una realidad visible en diversas colonias populares, donde antes no había calles, servicios públicos ni escuelas, y donde hoy miles de niños y jóvenes estudian desde el nivel preescolar hasta la universidad.
La historia demuestra que una colonia no puede consolidarse únicamente con viviendas; necesita espacios donde las nuevas generaciones puedan prepararse para construir un futuro distinto.
Donde no había nada
A principios de la década de los noventa y durante los años posteriores, numerosas familias llegaron a asentarse en la periferia de Torreón, Matamoros y Saltillo en busca de un patrimonio. Eran terrenos prácticamente abandonados, sin agua potable, drenaje, electricidad, pavimento y, por supuesto, sin escuelas.
Los niños debían caminar varios kilómetros para asistir a clases o pagar transporte diariamente, un gasto imposible para muchas familias trabajadoras. En otros casos, simplemente dejaban de estudiar.
Fue entonces cuando el Movimiento Antorchista comenzó una intensa labor de organización social. Los colonos entendieron que únicamente unidos podrían conseguir los servicios básicos y, entre ellos, uno de los más importantes: la educación.
La historia demuestra que una colonia no puede consolidarse únicamente con viviendas; necesita espacios donde las nuevas generaciones puedan prepararse para construir un futuro distinto.

Escuelas nacen con las colonias
El desarrollo urbano impulsado por el Movimiento Antorchista nunca se limitó a la construcción de viviendas. Conforme crecían las colonias, también surgía la necesidad de construir jardines de niños, primarias, secundarias y preparatorias.
Así ocurrió en colonias como Zaragoza Sur, Braulio Fernández Aguirre, Real del Sol, Valle La Rosita, San Agustín y Los Olivos, en Matamoros. En cada una de ellas la historia fue similar. Primero llegaron las familias. Después comenzaron las gestiones para introducir agua potable, drenaje, electrificación y pavimentación.
Finalmente, inició la lucha por conseguir una escuela.
No fue un proceso sencillo. En muchas ocasiones las clases comenzaron debajo de techos improvisados, en viviendas prestadas o en pequeñas construcciones levantadas con madera, lámina y cartón, mientras se realizaban las gestiones ante las autoridades educativas para obtener claves oficiales y recursos para la construcción de los edificios escolares.
Conseguir una escuela significó años de trabajo. Los padres de familia participaron en faenas para limpiar terrenos, levantar bardas, construir aulas provisionales y acondicionar espacios donde los niños pudieran estudiar.
Mientras tanto, dirigentes del Movimiento Antorchista acudían una y otra vez a dependencias municipales, estatales y federales para gestionar terrenos, presupuesto y reconocimiento oficial.
No pocas veces fue necesario organizar marchas, manifestaciones y comisiones para exigir que las autoridades atendieran las demandas educativas de estas colonias.
Gracias a esa perseverancia, hoy existen planteles plenamente consolidados. En educación preescolar destaca el Jardín de Niños Jorge Obispo Hernández; en educación primaria se consolidaron la Primaria Antorcha del Saber, la Primaria Antorcha del Saber Extensión Los Olivos, la Primaria Rosa Luxemburgo y la Primaria Amalia González Caballero. Posteriormente surgieron instituciones de nivel secundaria: Escuela Secundaria Técnica número 91, 94, 98 y 216.
El proyecto continuó creciendo con la creación de la Escuela de Bachilleres José María Morelos y Pavón, que actualmente atiende a cientos de jóvenes de distintas colonias populares del estado.
El modelo educativo impulsado por el Movimiento Antorchista se ha fortalecido durante más de tres décadas y hoy beneficia a estudiantes de planteles ubicados en Villas Zaragoza, Braulio Fernández Aguirre, Zaragoza Sur y Matamoros.

El sueño universitario
Durante muchos años, terminar la preparatoria significaba el final de los estudios para cientos de jóvenes de escasos recursos.
Las universidades públicas tenían espacios limitados y las privadas resultaban inaccesibles para la mayoría de las familias.
Por ello nació el Instituto de Estudios Superiores Ignacio Zaragoza (Iesiz).
Su creación representa la culminación de un proyecto educativo que acompaña al estudiante desde el preescolar hasta la educación superior.
Actualmente el Iesiz ofrece bachillerato, licenciaturas y programas de posgrado, permitiendo que jóvenes trabajadores y habitantes de colonias populares puedan obtener un título profesional sin abandonar sus comunidades.
Para el Movimiento Antorchista, una escuela no debe limitarse a transmitir conocimientos. Sus instituciones impulsan actividades deportivas, artísticas, culturales, científicas y de formación cívica.
La presencia de una escuela cambia completamente el entorno de una comunidad.
Donde antes había un terreno baldío hoy existen calles transitadas por estudiantes, transporte público, comercios y espacios deportivos.
En colonias como Valle La Rosita, Zaragoza Sur, San Agustín y Real del Sol, la lucha por la educación fue acompañada por la gestión de pavimentación, electrificación, regularización de predios y otros servicios públicos, lo que permitió consolidar comunidades completas.
La historia de la colonia Real del Sol es ilustrativa: durante varios años la educación primaria se impartió en instalaciones provisionales vinculadas a la Primaria Antorcha del Saber de Valle La Rosita, hasta que, tras una gestión sostenida, se logró construir un plantel propio para atender a los niños del sector.

Miles de historias de superación
Hoy resulta difícil calcular cuántos profesionistas han egresado de las escuelas impulsadas por el Movimiento Antorchista.
Entre ellos hay médicos, ingenieros, abogados, maestros, comunicólogos, administradores, contadores y artistas.
Muchos son los primeros universitarios de sus familias.
Cada uno representa una victoria sobre la pobreza, la marginación y la desigualdad.
Un modelo que sigue creciendo
Más de cinco décadas después del nacimiento del Movimiento Antorchista en México, y tras décadas de trabajo en Coahuila, el proyecto educativo continúa expandiéndose.
Las escuelas construidas con la lucha organizada de los colonos no sólo son edificios; representan el esfuerzo colectivo de miles de familias que comprendieron que la educación es la herramienta más poderosa para transformar la realidad.
En Zaragoza Sur, Braulio Fernández Aguirre, Real del Sol, Valle La Rosita, San Agustín, Los Olivos y muchas otras comunidades de Coahuila, las aulas son el testimonio de que la organización popular puede convertir terrenos abandonados en colonias con futuro.
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