• Familias mexicanas eliminan gastos recreativos y limitan el consumo de proteínas para cubrir el pago de servicios
Antes de pensar en comprar ropa o salir en familia, Julia hace cuentas para saber si alcanzará el dinero para pagar el agua, el gas y la despensa.
Hace algunos años, llenar una bolsa con fruta para toda la semana no representaba un problema. Hoy, compra únicamente uno o dos kilos de naranja, reduce la cantidad de huevo y limita productos como el jitomate, el aguacate o el limón cuando los precios se disparan.
Mientras las cifras económicas hablan de porcentajes e indicadores, en miles de hogares mexicanos esas estadísticas se traducen en menos alimentos sobre la mesa y más sacrificios para llegar al final de la quincena.
Su historia es un reflejo de la realidad de miles de hogares mexicanos que, pese al incremento del salario mínimo, continúan enfrentando dificultades para sostener su economía familiar.
Con el objetivo de recuperar el poder adquisitivo de millones de trabajadores mexicanos, el salario mínimo ha registrado incrementos constantes durante los últimos años. No obstante, para muchas familias este aumento no ha sido suficiente para compensar el alza sostenida en el precio de alimentos, productos y servicios básicos, lo que ha reducido el efecto real de dicha alza sobre el poder adquisitivo de los hogares.
De acuerdo con la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami), el salario mínimo general pasó de 191.18 pesos diarios en 2024 a 223.99 pesos diarios en 2026, lo que representa un incremento aproximado del 17 %.
En términos mensuales, el ingreso mínimo pasó de 5 mil 735.40 pesos a 6 mil 719.70 pesos, considerando los promedios correspondientes a ambos años.
Sin embargo, el incremento en los ingresos ha coincidido con el aumento de los precios al consumidor. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la inflación general anual fue de 4.98 % en 2024, mientras que en junio de 2026 se ubicó en 3.37 %.
Aunque este indicador muestra una desaceleración, algunos de los rubros que más impactan en el gasto cotidiano de las familias continúan registrando incrementos superiores al promedio nacional.
Entre ellos destacan los alimentos, bebidas y tabaco, cuya inflación pasó de 4.22 % en 2024 a 5.08 % en junio de 2026.

De igual forma, el componente subyacente, que incluye mercancías y alimentos procesados, registró una variación anual de 4.03 % en junio de 2026, apenas inferior al 4.13 % observado en 2024.
Esto significa que, aunque la inflación general ha disminuido, los productos que conforman gran parte de la canasta básica continúan encareciéndose a un ritmo mayor que el promedio de la economía.
Las estadísticas permiten dimensionar el comportamiento de la economía nacional. Sin embargo, sus efectos se comprenden mejor cuando se observan desde la vida cotidiana de quienes administran un hogar.
Es precisamente en este contexto donde se desarrolla la historia de Julia, un ama de casa que, al igual que miles de mexicanos, ha tenido que modificar la forma en que administra el ingreso familiar para enfrentar el aumento constante en el costo de la vida.
Julia vive con tres personas en casa, aunque cinco dependen económicamente del ingreso familiar. El único proveedor es su esposo, quien además debe realizar trabajos adicionales cuando existen oportunidades laborales. Sin embargo, reconoce que esos ingresos extra son inestables y existen temporadas en las que simplemente no llegan.
"Aunque hace dos años una de nuestras hijas dejó de depender de nosotros, los alimentos y los productos de limpieza siguen aumentando y eso nos pone en aprietos", relató Julia.
El alza en la canasta básica obliga a Julia y millones de mexicanos a administrar con mayor rigor sus recursos. Antes podían cubrir sus necesidades básicas; hoy, el aumento de precios ha reducido su capacidad de compra.

Antes, Julia podía adquirir suficiente naranja, huevo, jitomate, aguacate y limón. Ahora, debe moderar la compra de dichos productos o utilizar alternativas, pues los precios se han elevado considerablemente.
Este contraste demuestra que la inflación no es sólo una cifra, sino que impacta en la economía de las familias y las obliga a optimizar más sus recursos económicos.
Sin embargo, la alimentación representa sólo una parte del gasto familiar. También es importante adquirir ropa y calzado de vez en cuando. Julia reconoce que el vestido y el calzado dejan de ser prioritarios cuando existen gastos más urgentes, pero es consciente de que también se requiere y que existen formas de disminuir el gasto en este rubro:
"Hacemos lo posible por comprar buen calzado para tener que comprarlo solamente una vez al año o incluso después de más tiempo, así como cuidar lo mejor posible la ropa al lavarla para que no se maltrate o decolore tan fácil".
Por otro lado, Julia mencionó que los gastos recreativos desaparecieron completamente de su presupuesto familiar, debido a que necesitan cubrir otros gastos más esenciales.
Aunque no son gastos indispensables, esto refleja muchas de las repercusiones que arrastra el aumento de los precios en los productos y servicios, ya que anteriormente las familias sí podían gastar al menos en algo sencillo sin preocuparse por afectaciones en su recurso económico.
No obstante, la alimentación representa únicamente una parte del gasto familiar. Como en miles de hogares, Julia necesita destinar parte de los recursos económicos familiares al pago de servicios.
"Necesitamos pagar regularmente la luz, el internet, el gas, el agua, los pasajes de mi esposo a su trabajo y medicina para mí y mi mamá, así como comprar los materiales que necesitan nuestros hijos para sus estudios".

De acuerdo con los datos emitidos por el Inegi a través del INPC, la inflación de los servicios pasó al 4.49 % en 2026, siendo un porcentaje apenas inferior al 5.15 % registrado en 2024, el cual no refleja una mejoría significativa en la administración rigurosa de los recursos obtenidos por cada familia, aunque continúan representando una parte importante del gasto familiar.
Aunque el salario mínimo ha registrado incrementos importantes en los últimos años, para familias como la de Julia esos aumentos se enfrentan simultáneamente al incremento de alimentos, transporte, vivienda y otros servicios, reduciendo el efecto que dicha variación tiene sobre el poder adquisitivo.
"El aumento del salario mínimo no ha mejorado realmente nuestra economía, porque también aumenta el precio de los productos y servicios", mencionó Julia durante la entrevista.
Para familias como la de Julia, el incremento constante en el precio de productos y servicios reduce cada vez más el margen disponible para cubrir gastos no esenciales, aun cuando el ingreso nominal sea mayor.
A pesar de que millones de mexicanos hacen recortes de gastos, el presupuesto también queda corto, provocando que su poder adquisitivo continúe disminuyendo.
Para Julia, hacer la despensa dejó de ser una actividad rutinaria y se convirtió en un ejercicio constante de administración. Cada compra implica decidir qué puede esperar y qué resulta indispensable.
Mientras las cifras económicas hablan de porcentajes e indicadores, en miles de hogares mexicanos esas estadísticas se traducen en menos alimentos sobre la mesa y más sacrificios para llegar al final de la quincena.
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