MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Tiempos electorales

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En los días que corren, conforme a la interpretación a modo que se le ha dado a nuestra moderna democracia, un fenómeno político-mediático, y en ciertos casos hasta con cierto grado de insolencia, típico de los tiempos electorales, se hace presente en casi todo el territorio nacional aprovechando incluso los medios de difusión oficial; me refiero, a la falsa actitud bondadosa, altruista o filantrópica, de personajes políticos, conocidos y desconocidos, que se lanzan a las calles en búsqueda de la simpatía popular.

Y es fácil identificarlos y adivinar sus intenciones. Los encontramos en las calles, los jardines públicos, mercados y supermercados, obras públicas inconclusas o ya concluidas, en medio del tráfico o en embotellamientos de tránsito; pero también en los cruceros frente al automovilista, a la puerta de los domicilios particulares, en eventos organizados a modo en colonias populares, etcétera, etcétera. Y ofrecen allí casi de todo; productos a bajo costo, fruta y verdura regalada, materiales para construcción, asesoría, información histórica y gestiones indispensables, entre otras cosas; pero, sobre todo, hacen promesas de bienestar, muchas promesas.

Todo esto confunde y despista al ciudadano menos informado. De pronto y sin que nadie lo pida, se descarga sobre él tal cantidad de supuesta bondad y altruismo no visto en su vida cotidiana, de parte de los políticos tradicionales, que lo mueve a pensar por un momento en que, por fin, después de un larguísimo letargo de abandono social, la realidad ha cambiado para bien, y que dese ese momento la justicia social que comienza a tocar su puerta, ya jamás lo abandonará.  

Pero en esencia, nada de esto es cierto. Lo que pasa, en la realidad, es que hemos entrado de lleno en la fase previa del próximo proceso electoral. Sa sabe que en el país, se elegirá gobernador o gobernadora en 17 estados, votaremos por 300 diputados federales de mayoría relativa y 200 de representación proporcional, por los diputados de los congresos locales en 31 de 32 estados, por 1,802 presidentes municipales y los representantes de las 16 alcaldías de la CDMX. En Colima, también se van a renovar todos los cargos de elección popular, con excepción de los senadores.

La liberación y el bienestar del pueblo, sólo puede ser obra del pueblo mismo

Entonces, que no nos sorprendan, todos esos supuestos bondadosos personajes políticos que andan por todos lados, incluso casi a la puerta de nuestro domicilio, lo único que buscan es el voto popular. Es cierto que buscan un cambio; pero el de ellos. Después de otorgado el sufragio, como quiera y por cualquiera que se entregue, ya sabemos bien lo que va a pasar; el abandono social seguirá como siempre entre las mayorías.

Pero no podemos decir que el objetivo perseguido por quienes andan a la caza de votos sea ilegítimo; como dije, nuestra moderna democracia les permite eso y más, sobre todo si para ello cuentan con la venia y el apoyo gubernamental. No diríamos nada si todo cuanto dan o prometen dar a la ciudadanía en sus giras adelantadas, saliera de sus bolsillos. El problema se presenta cuanto, la mayoría de quienes andan ya en semejante obra proselitista, usan y abusan del dinero público, es decir, del ingreso aportado en los impuestos por todos los mexicanos, que ingeniosamente es desviado sin rastro alguno para llevar a cabo tales fines. 

De los defensores históricos del pueblo trabajador en el siglo XIX, aprendimos algo que no debe ser olvidado: “la emancipación de la clase obrera debe ser un acto de autoemancipación consciente, protagonizado por los trabajadores organizados, en lugar de ser otorgado por las élites”. Es decir, que la liberación y el bienestar del pueblo, sólo puede ser obra del pueblo mismo.

Nunca y en ninguna parte del mundo, que registre la historia antigua y reciente, el verdadero bienestar popular ha llegado al pueblo sin su lucha efectiva y organizada, contra quienes han detentado el poder económico y político. Nunca. Y mucho menos, con un simple cambio electoral bajo la democracia de los poderosos.

Por eso es que, quienes hemos entendido correctamente la historia, decimos que ya ha llegado la hora de los pueblos.

Casi desde el momento mismo del nacimiento de nuestra patria como República democrática, nunca el pueblo trabajador ha tomado realmente en sus manos las riendas del gobierno de la nación. Nunca. Siempre han sido casi los mismos, con distinto nombre, color y slogan, quienes se han arrogado el derecho decidir el rumbo por el que hemos de vivir. Y lo que hemos vivido, o sobrevivido, no es ni de lejos lo que merecemos conforme al sacrificio remunerador de nuestro trabajo, como dice el derecho humano que debe ser.

Pero no hay mal que dure para siempre. La democracia que hoy usan unos pocos para imponer su voluntad contra las mayorías, ha de ser la democracia que por fin conquiste el pueblo pobre para su beneficio propio. La condición de siempre es la organización y la educación política popular; y en eso trabajamos ya los mexicanos más conscientes y decididos.

No debemos rechazar las dádivas que hoy se nos ofrecen como mendrugo consolador de nuestra miseria. No es el momento. Pero, al mismo tiempo y con suficiente claridad de nuestra realidad social, preparemos para reclamar todo el gobierno de la nación para imponer desde allí el verdadero bienestar que necesitamos. Ya llegará el momento de que los verdaderos productores de la riqueza de la que hoy se ufanan unos cuantos, impongan su voluntad justiciera en beneficio de todos. La historia dará su veredicto.

                

 

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