MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Afectaciones por lluvia, un problema de infraestructura

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* Frente a la llegada de las lluvias, el gobierno del estado suspendió clases en los siete municipios y pidió a la población quedarse en casa

El paso de la tormenta Rachel por Baja California deja al descubierto una realidad que los discursos oficiales suelen pasar por alto: las afectaciones por el clima no se reparten parejo. Ante la llegada del agua, el gobierno del estado suspendió clases en los siete municipios y pidió a la población quedarse en casa.

La medida preventiva tiene lógica, pero vale la pena hacer una pregunta simple: ¿toda la gente puede cumplir esa indicación? Para miles de familias trabajadoras, quedarse bajo techo no es tan fácil.

El obrero de maquila, el albañil o quien trabaja por su cuenta viven al día; si no salen, no hay ingreso para la comida. Tienen que salir a pie de calle, esperar el transporte que tarda horas y sortear calles de tierra hechas lodo.

Y además, quedarse adentro tampoco garantiza seguridad cuando el agua entra por el techo o el cerro vecino corre peligro de venirse abajo.

La tormenta viene del cielo, pero las pérdidas son consecuencia de la falta de obras. Los hechos de estos días lo confirman. En Ensenada, donde las lluvias alcanzaron acumulados de hasta 91 milímetros, el desbordamiento de arroyos afectó zonas como San Francisquito y dejó a más de 25 colonias sin luz.

En Tijuana, colonias populares como La Campiña o La Morita sufrieron inundaciones severas donde bomberos tuvieron que rescatar familias con el agua arriba de un metro de altura. Mientras en las avenidas pavimentadas todo queda en tráfico lento, en las colonias populares la lluvia significa perder muebles, ropa y lo poco conseguido con años de trabajo.

Mientras en las avenidas pavimentadas todo queda en tráfico lento, en las colonias populares la lluvia significa perder muebles, ropa y lo poco conseguido con años de trabajo.

De acuerdo con datos de Sedatu y Conavi, Baja California ocupa el primer lugar nacional en necesidad de sustitución de vivienda (17.5 por ciento), lo que significa que miles de casas están levantadas con madera o lámina tan frágil que no resisten un temporal fuerte.

A eso se suma que, en el Atlas de Riesgo de Tijuana, Protección Civil tiene ubicadas 49 zonas activas de deslave donde cientos de familias viven sin muros de contención ni obras que estabilicen el terreno.

Frente a la emergencia, el gobierno suele responder abriendo albergues temporales y repartiendo cobijas o despensas. Esos apoyos ayudan al momento, pero no resuelven la causa.

La tranquilidad de las familias se construye antes de que llueva, invirtiendo el presupuesto en drenaje pluvial, pavimento, muros y programas de vivienda segura.

Las lluvias van a seguir llegando año con año, y exigir un muro o un tubo de drenaje es indispensable para proteger las casas hoy. Pero no podemos quedarnos sólo en eso. El problema de fondo es la pobreza que nos obliga a vivir en los cerros y en terrenos difíciles, mientras el dinero que generamos trabajando se queda en unas cuantas manos.

Una obra ayuda por el momento, pero para acabar con el rezago de verdad, los trabajadores tenemos que unirnos y participar en las decisiones políticas. Solo cuando el pueblo humilde esté al frente del gobierno, los recursos públicos se van a usar para resolver las necesidades de nuestras colonias y dejar de vivir con miedo en cada temporada.

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