• La crisis global y la desigualdad exigen una sociedad informada para lograr cambios profundos
En mi artículo anterior ya denunciaba cómo el Estado privilegia los apoyos a los poderosos, y que, en contrapartida, la obra pública en los lugares donde viven los marginados, los trabajadores y los estudiantes es casi nula.
También criticaba la injusta y lacerante carga impositiva para los trabajadores, mientras para los ricos se sabe bien que el fisco es bastante blando.
Esto a pesar de todos los argumentos de expertos en la materia que insisten en la urgencia de que se incrementen las finanzas públicas y se dé una verdadera redistribución de la riqueza nacional que tenga como base una política impositiva progresiva, es decir, que pague más impuestos quien tenga mayores ingresos (me refiero a las fortunas de los multimillonarios).
Gobiernos van y vienen, y tal parece que la política es mantener a la clase trabajadora, la mayoría de los mexicanos, en la misma situación de desigualdad e injusticia. Año con año el Presupuesto de Egresos de la Federación resulta insuficiente para cubrir las necesidades de los millones de mexicanos: educación, salud, vivienda.
En este sistema tan desigual se fomentan los argumentos deformados para que nos conformemos y no se proteste, no se exijan cambios que beneficien a todos. Dentro de la misma clase trabajadora hay muchos comentarios para desanimar a quien protesta exigiendo sus derechos.
Argumentos como "si quieres vivienda, trabaja, yo no le pedí nada al gobierno" o "quieren todo regalado". O los argumentos de que el pueblo está pobre porque quiere, porque es "borracho", porque "no sabe ahorrar", etcétera.
En México millones de personas viven convencidas de que su destino no está en sus manos, que protestar es un acto inútil y que lo único que queda es aguantar.

Por eso afirmo que urge que el pueblo trabajador se eduque políticamente, porque además de sus problemas inmediatos, locales o en el contexto nacional, tenemos que ver qué pasa con los problemas mundiales que tarde o temprano nos impactarán.
Por ejemplo, vemos cómo se ahonda la crisis económica. Es decir, cómo se frena el crecimiento del comercio mundial, lo que significa que habrá menos compras, menos producción, menos empleo y menos ingresos en todo el mundo.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el organismo cúpula de las economías más poderosas del planeta, anuncia que, según sus previsiones, el comercio mundial crecerá este año solamente un 2 %. Incremento que es la segunda tasa más baja de los últimos diez años.
En nota de Nik Martin (www.dw.com) se menciona que el comercio mundial resiste a pesar de Trump, Irán y Ucrania. La pandemia de Covid-19 paralizó fábricas y aceleró el alejamiento de China, el mayor fabricante mundial; los conflictos alteraron después el suministro de petróleo, gas, alimentos y fertilizantes.
Los aranceles de Trump elevaron las tasas estadounidenses a máximos de varias décadas y obligaron a las empresas a buscar nuevos proveedores. Los economistas de la OMC estiman que una mayor fragmentación comercial de tinte geopolítico podría reducir el PIB mundial cerca de un 5 % para 2050.
Si la OMC desapareciera y sólo quedara un mosaico de tratados de libre comercio, la caída rozaría el 7 %, con las economías más pequeñas y pobres como principales perjudicadas. En cambio, reforzar las reglas multilaterales podría elevar el PIB mundial aproximadamente un 3 %.
En México millones de personas viven convencidas de que su destino no está en sus manos, que protestar es un acto inútil y que lo único que queda es aguantar.
Se anuncia, pues, una "recesión global", un agravamiento de la crisis; "agravamiento" porque nadie en sus cabales se atrevería a afirmar que el mundo del capital no está hundido en una crisis devastadora por lo menos desde el año 2008.
La vida cotidiana del mundo actual está, por tanto, fuertemente marcada por los esfuerzos de Estados Unidos por conservar su hegemonía puesta en serio riesgo.
Para asegurar y ampliar las fuentes de materias primas de las que se tiene que abastecer y para conservar y ampliar los mercados en los que coloca sus mercancías terminadas, Estados Unidos ha diseñado un cerco estratégico a China y a Rusia con el fin de doblegarlos militarmente.
Eso, por una parte, y, por la otra, opera a toda velocidad el reforzamiento y aseguramiento de sus esferas de influencia, entre las cuales está, por supuesto, nuestro país.
México es víctima incuestionable de la crisis económica del capitalismo. No hay que ir muy lejos para documentarlo con sucesos conocidos y palpables.
La pobreza crece cada año a una tasa de un millón de mexicanos y no sólo no se ha podido detener ese cáncer social, sino que nadie conoce ningún plan serio y factible para revertirlo.
Baja California Sur no se escapa, los niveles de pobreza, de desocupación, de bajos niveles educativos, de violencia, delincuencia y crimen organizado existen también aquí como en el resto del mundo.
Se documenta en nota de Carolina Vizcarra (oem.com.mx/elsudcaliforniano) que de las 685 mil personas mayores de quince años, 457 mil integran la Población Económicamente Activa (PEA), lo que representa 66.7 %. La población no económicamente activa se ubicó en 228 mil personas, equivalente a 33.3 % de los sudcalifornianos en edad de trabajar.

La población desocupada alcanzó once mil personas, equivalente a 2.4 % de la PEA, tasa similar a la registrada en 2024. En Baja California Sur 167 mil personas laboraron en condiciones de informalidad, lo que representó 37.4 % de la población ocupada.
Dentro de esta cifra, 85 mil personas trabajaban en el sector informal, equivalente a 19.2 % del total.
¿Por qué vinculo estos datos? Podrá decirse que en nuestro estado estamos súper bien, que no nos afectan los problemas mundiales ni nacionales, pero ya vemos que también en BCS hay contradicciones del sistema capitalista: riqueza concentrada, desempleo, falta de satisfactores para la clase trabajadora.
¿No cree usted lo que le digo? Está en su derecho.
Las contradicciones del capitalismo no tienen patria, se dan en todos los lugares. Entonces, ante este terrible panorama mundial y nacional que es imposible negar, no sólo no hay política gubernamental que lo enfrente y lo detenga.
Parece, por el contrario, que existe la decisión de complicarlo severamente. Esto significa millones de pobres más, o sea, la desaparición del país, al menos como hasta ahora lo conocemos.
Por lo tanto, es urgente que el pueblo trabajador se eduque políticamente. Estoy seguro de que al dar ese paso tendrá voluntad, criterio y tomará decisiones él mismo, acciones que permitan realizar los cambios políticos y económicos por una patria más justa y equitativa para todos.
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