• La prueba PISA exhibió el abandono oficial de la educación en México, explica en entrevista el analista político antorchista
En 2025, la educación en el mundo tocó fondo. Los países más ricos de la OCDE obtuvieron las peores calificaciones de su historia en la prueba PISA, con una caída dramática en lectura, matemáticas y ciencias.
¿Qué está pasando? ¿Tiene la culpa la inteligencia artificial, el celular, o hay algo más profundo?
Para entender esta crisis, que también golpea con fuerza a México, entrevistamos a Marco Aquiáhuatl Rivera, analista político, quien compara cómo décadas de recortes, privatización y abandono de la escuela pública nos llevaron a este punto.
En esta entrevista, Marco deja en claro que México tiene el enorme reto no sólo de romper con la desigualdad, sino de volver a poner a la escuela pública en el centro, si de verdad queremos un futuro sin pobreza y sin ignorancia.
Para ello, nos explica por qué la Inteligencia Artificial (IA) no es la causa sino el amplificador del problema; por qué México obtiene resultados tan bajos mientras países con similar riqueza como Vietnam lo superan, y qué podemos aprender del modelo educativo chino, que hoy lidera el mundo.
Marco, los resultados de PISA 2025 fueron alarmantes: ¿Qué tan grave es lo que estamos viendo?
Es muy grave. Los países de la OCDE han alcanzado sus calificaciones más bajas en ciencias, lectura y matemáticas desde que comenzó la prueba.
La lectura es lo que más ha empeorado, con una caída de 28 puntos entre 2015 y 2025, lo que equivale a perder año y medio de clases. Y no es un problema de países en desarrollo.
Está golpeando al corazón del mundo desarrollado. Estados Unidos tuvo su peor resultado histórico, bajó catorce puntos respecto a 2022: más de una cuarta parte de sus alumnos no entiende lo básico al leer.
En Países Bajos, que eran un modelo, el 39 % de los jóvenes de quince años están por debajo del mínimo en lectura. España también cayó a mínimos históricos en las tres materias.

Mucha gente culpa a la inteligencia artificial. ¿La IA es la culpable de esta caída?
Yo digo que no. La IA no creó este problema, pero sí vino a acelerar y empeorar una situación que ya era frágil.
Entre 2018 y 2025, se duplicó la cantidad de jóvenes que leen a la carrera, sin comprender. Según la OCDE, a los que mejor les va es a los que no usan la IA para hacer tareas o la usan con supervisión de maestros.
El uso desmedido y sin supervisión provoca una pérdida de hasta 20 puntos en ciencias, que es un año escolar. La IA actuó como un amplificador, no como la causa.
Si no es la IA, ¿entonces cuál es la causa de fondo?
Es una crisis que se viene arrastrando desde hace décadas por el descuido de la educación pública en favor de modelos de mercado. El elemento común detrás de estas caídas son años de recortes y políticas de mercado en las escuelas.
Al hacerse a un lado el Estado, el sector privado tomó el control y obligó a las familias a pagar por una educación vista como negocio. Eso no ocurrió en todos lados.
En Estados Unidos y Reino Unido fue privatización directa y obsesión por exámenes estandarizados. En Finlandia o Países Bajos, aunque no se privatizó abiertamente, la lógica del mercado entró por la separación entre escuelas, la brecha social y una digitalización apresurada y sin reglas.
Ambos caminos llevan a lo mismo: la escuela pública pierde su fuerza para igualar oportunidades.
Lo que estamos viendo en PISA no es un accidente ni culpa de la tecnología, sino el resultado de decisiones políticas que durante años pusieron a la educación como negocio y no como derecho.
Hablemos de México. ¿Cómo se refleja esta crisis aquí en el país?
De forma muy cruda. En 2025, México obtuvo 414 puntos en ciencias, 408 en lectura y 388 en matemáticas, muy lejos del promedio de la OCDE que es 482, 461 y 463.
Sólo tres de cada diez jóvenes de quince años alcanzan el nivel básico en matemáticas. Cuatro de cada diez no llegan ni al mínimo en ninguna de las tres áreas, el doble del promedio de la OCDE.
Y esto refleja carencias muy concretas: menos de un tercio va a planteles con instalaciones adecuadas, apenas un poco más de un tercio cuenta con suficientes maestros. Siete de cada diez sufren por falta de computadoras o material, y seis de cada diez padecen falta de profesores.
Además, tres de cada diez provienen de los hogares de menores ingresos, la proporción más alta de todos los países evaluados.
¿Por qué México sigue tan rezagado?
Porque México ha funcionado en la economía mundial como proveedor de mano de obra barata y recursos, no como exportador de patentes de conocimiento y tecnología.
Cuando la economía no exige ni recompensa el conocimiento avanzado, se reducen los incentivos para invertir en escuelas de calidad.
Pero no es un destino inevitable. Mira a Vietnam. Tiene una riqueza por habitante parecida a México, y con un Estado más social en la práctica, obtiene resultados mucho mejores: más de dos tercios de sus alumnos alcanzan un buen nivel.
Demuestra que, si el gobierno decide tratar a la educación como prioridad nacional, se pueden superar los obstáculos. En México, la división entre escuelas para ricos y pobres sólo ha abierto más la brecha.

Mencionas que hay modelos que sí funcionan: ¿Qué nos enseña el caso de China?
Que el declive de Occidente no es inevitable, responde a decisiones políticas erróneas. Las regiones evaluadas de China (Pekín, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang) consiguieron las puntuaciones más altas del mundo: 597 en ciencias y 612 en matemáticas.
El 55.5 % alcanzó nivel de excelencia, comparado con el 11.9 % de la OCDE. Menos del diez por ciento se distrae con teléfonos en clase, frente al 28 % global.
¿Por qué? Porque ven la educación como un pilar del país, no como un negocio.
Invierten en los maestros, frenan las distracciones digitales y le dan prioridad a las ciencias. Buscan elevar el nivel de la mayoría, no sólo de unos cuantos.
Entonces, ¿a quién están sirviendo realmente los gobiernos occidentales?
Esa es la gran pregunta que nos deja el modelo chino. En las potencias capitalistas, los gobiernos han sido muy eficientes para frenar a los sindicatos de maestros, privatizar servicios, imponer exámenes estandarizados y frenar protestas.
Pero muestran una incapacidad total para financiar escuelas públicas de calidad, mandar buenos profesores a las zonas más pobres o darles internet e instalaciones dignas. No es un Estado incapaz.
Es un sistema que funciona bien para los grandes intereses económicos y mal para la gente común. Por eso siguen desarrollando tecnología de punta mientras descuidan sus aulas.

Para cerrar, ¿cuál es la salida para México?
La solución no está en hacer más estudios técnicos. Está en organizarnos para exigir que el Estado deje de favorecer a unos cuantos y asuma la educación pública como una prioridad verdadera.
No alcanzan los parches al presupuesto ni las reformas superficiales. Se necesita una clase trabajadora organizada que entienda que la educación de calidad no es un favor, sino un derecho fundamental que le permitirá vivir mejor socialmente en el mediano plazo.
Sin esa exigencia, la mayoría no sólo quedará al margen del avance tecnológico, sino que terminará atrapada usando herramientas como la IA sin las capacidades críticas necesarias para defender sus derechos y construir un futuro digno: sin pobreza y sin ignorancia.
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