• Casi ocho años después del proceso de 2018, la situación de pobreza de millones de mexicanos continúa sin cambios profundos
En México, durante las elecciones presidenciales de 2018, la mayoría de la población expresó su inconformidad con la crítica situación económico-social y con la permanencia del partido tradicional (PRI) en el poder, e hizo patente sus aspiraciones a un cambio, depositando su confianza en otro partido que, al menos en el nombre, parecía ser diferente.
Mientras no se toquen los intereses económicos de la burguesía para aplicarlos en obras y servicios que cambien la pobreza en México, el gobierno continuará con sus ilusiones.
Esa mayoría, haciendo uso de una herramienta que es posible utilizar bajo una democracia, como lo es el proceso electoral, manifestó su hartazgo y al mismo tiempo, también su deseo de modificar la situación de pobreza y de falta de libertades, algunas de las cuales, por ejemplo, la sindical o la de elegir sin coerción de ninguna especie, a los representantes populares como los diputados, senadores, presidentes o gobernadores.
Es importante reconocer este hecho como un fenómeno real, que no se puede ocultar como se hace cuando se omite o esconde algún acontecimiento adverso o vergonzoso para las personas y gobiernos.
Es fundamental también, identificar su significado profundo: la aspiración de millones de mexicanos, campesinos, obreros, empleados y pequeños comerciantes, a vivir en mejores condiciones materiales y en un régimen democrático.
Y, sin embargo, dentro de pocos meses se cumplirán ocho años de gobierno de un nuevo partido, llamado Morena, que impulsa un proyecto que ellos llaman 4T y que, de ninguna manera ha cambiado, en lo esencial la situación de esos millones que estuvieron a favor de la democracia y la alternancia política.

En muchos de los casos sólo se ha tratado de la continuidad de acciones y proyectos que ya se habían implementado en sexenios anteriores, bajo el régimen de otros partidos políticos; por ejemplo, el programa "Progresa" después llamado "Prospera" y posteriormente "Oportunidades" fue instaurado con Ernesto Zedillo Ponce de León del PRI; el programa de pensión para adultos mayores fue creado bajo el gobierno de Vicente Fox Quesada del PAN y las escuelas de tiempo completo (PETC), por Felipe Calderón, del mismo instituto político.
Si debe reconocerse el fenómeno ocurrido con la voluntad popular en 2018, también se debe hacer lo mismo con las aportaciones de otros gobiernos que, de alguna manera, quizá no con las proporciones requeridas, aplicaron determinado porcentaje de los impuestos de los mexicanos para beneficiar a ciertos sectores de la población. De ninguna manera intentamos hacer una apología de los gobiernos del PRI o del PAN; simplemente se trata de un ejercicio de honestidad.
Por tanto, apegándonos a la realidad, es necesario, además, reconocer que las aspiraciones de la mayoría del pueblo mexicano en 2018, no se han visto satisfechas.
Los que vivimos en las colonias populares observamos como una gran cantidad de problemas no sólo no se han resuelto, sino que han empeorado. Por ejemplo, el agua potable, la falta de drenaje, el deterioro de la infraestructura de las instituciones educativas y de salud, la carencia de médicos y medicinas, el incremento de la violencia, la inseguridad y la corrupción que un día dijeron que ya no existía.

El problema de la falta de agua potable ha escalado a una magnitud nacional, se resiente con toda su crudeza principalmente en las colonias populares, donde además de las consecuencias negativas que tiene sobre la salud por su carencia, afecta también el ingreso de las familias pobres, ya que, los dueños de las pipas, muchas veces en complicidad con los funcionarios públicos, se aprovechan de la necesidad elevando los precios por una dotación determinada.
La creciente migración del campo a las ciudades, también es un síntoma del empobrecimiento de los productores agrícolas. Muchos de ellos han vendido parte de sus tierras obligados por la necesidad y, por tanto, ya no pueden acceder a los créditos como lo hacen los grandes propietarios.
Ya no es posible vivir de lo que se cosecha, deben buscar otras actividades en donde garanticen algún ingreso para sus familias.
Durante estos casi ocho años, hemos escuchado diariamente los discursos de los gobernantes en los que se refieren al mejoramiento de las condiciones de los mexicanos y hemos sido testigos de la propaganda mediática que trata de hacerlos aparentar como benefactores y protectores del desvalido pueblo mexicano.

Ante los cuestionamientos sobre la deuda social con el pueblo, se remiten a justificarse con el argumento que consideran infalible: el pueblo los eligió, ellos representan la voluntad de la mayoría y las decisiones que toma el gobierno cuentan con la aceptación de esa mayoría. Así no se resuelven las cosas.
La situación del pueblo no se mejora con buenas intenciones ni con resoluciones, ni con decretos, aunque se justifiquen bajo el argumento de que la mayoría está de acuerdo; ahí tenemos el ejemplo de la corrupción en México, cuya muerte se decretó en agosto de 2019 y continúa como uno de los principales abusos hacia los pobres.
La distribución más equitativa de la riqueza, que en realidad mejoraría la situación de los más pobres, implica afectar los intereses de los grandes empresarios, de los señores del dinero, y eso es lo que no ha hecho, ni hará este gobierno, que se ilusiona con la idea de que los miembros de la 4T están impulsando una revolución; para nada.
La burguesía es la clase social que tiene el verdadero poder en nuestro país, mientras no se toquen sus intereses económicos y se disminuyan sus ganancias para aplicarlas en obras, servicios y acciones que verdaderamente cambien las condiciones de pobreza en la que vive la mayoría del pueblo mexicano, el gobierno continuará con sus ilusiones que justifican con el pretendido apoyo de la mayoría.
Habrá que seguir luchando sin caer en ese tipo de ilusiones y justificaciones, ya que eso simplemente significa, decía Lenin "… no querer reconocer que en la revolución se debe vencer a las clases enemigas, se debe derrocar el poder público que las defiende. Y para eso no basta con 'la voluntad de la mayoría del pueblo', sino que es necesaria la fuerza de las clases revolucionarias que desean pelear, una fuerza capaz de derrotar a la fuerza enemiga en el momento decisivo y en el momento decisivo".
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