Mientras el discurso oficial presume crecimiento económico y desarrollo para Yucatán, en amplias comunidades del oriente del estado la realidad es muy distinta.
En Tizimín, uno de los municipios con mayor extensión territorial y población rural, la pobreza sigue marcando la vida diaria de miles de familias que sobreviven sin servicios básicos completos, con empleos precarios y sin acceso digno a vivienda, salud o educación.
De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), más del 50 % de la población del municipio vive en condiciones de pobreza, y una parte importante enfrenta carencias sociales como rezago educativo, falta de servicios básicos en la vivienda y acceso limitado a la seguridad social.

Aunque Tizimín es conocido por su potencial ganadero y comercial, la riqueza que se genera no se traduce en bienestar para la mayoría de su gente.
Tan sólo en colonias de la periferia y comunidades rurales, familias habitan casas construidas con materiales endebles, techos de lámina oxidada, paredes de siniestro o madera, y pisos de tierra.
En temporada de lluvias, el agua se filtra por los techos, encharca los interiores y provoca enfermedades respiratorias y gastrointestinales. A esto se suma la falta de drenaje, calles sin pavimentar y deficiencias en el suministro de agua potable y energía eléctrica.
Cientos de familias viven en terrenos irregulares, sin documentos de propiedad, lo que les impide acceder a programas formales de vivienda o mejoras de infraestructura.
La regularización de predios se convierte en una demanda urgente de quienes, pese a llevar años viviendo en el mismo lugar, continúan en la incertidumbre legal.
Asimismo, por ser un municipio ganadero, la mayoría de los habitantes se emplea en el sector agrícola, ganadero o en trabajos eventuales, con salarios bajos que apenas alcanzan para cubrir su alimentación.
Otros recurren al comercio informal o a la migración temporal hacia zonas turísticas como Cancún o la Riviera Maya, dejando a sus familias al cuidado de adultos mayores o de madres que enfrentan solas el gasto del hogar.

Estos múltiples gastos que se enfrentan a ingresos insuficientes obligan a las personas a recurrir a créditos informales o préstamos que incrementan el endeudamiento y engrosan el círculo de pobreza.
Por su parte, en la educación, aunque existen escuelas en varias comunidades, el rezago educativo es evidente: jóvenes que abandonan la secundaria por falta de recursos, niños que caminan varios kilómetros para llegar a clases y padres que no pueden costear útiles o transporte.
En materia de salud, no se queda atrás: el acceso es limitado. Los centros médicos rurales carecen de medicamentos básicos, personal suficiente o equipo, obligando a las familias a trasladarse largas distancias hasta la cabecera municipal o a Mérida, gastos que muchos no pueden solventar.
Ante la falta de respuestas efectivas por parte de las autoridades, la población necesita organizarse y luchar por la regularización de sus terrenos, acceso a vivienda digna, servicios públicos, pero sobre todo, tomar el poder político del país para que tenga un cambio de raíz. Sólo así se tendrá el verdadero desarrollo de la población que ha vivido en el abandono por años.
La situación de pobreza en Tizimín revela una deuda histórica con las comunidades rurales del oriente yucateco. Combatir este problema no se logrará únicamente con programas asistencialistas temporales, sino con políticas integrales que garanticen empleo formal, acceso a vivienda digna, servicios públicos completos y educación de calidad.
Hasta entonces, la pobreza seguirá siendo la realidad cotidiana para miles de tizimileños que esperan que el desarrollo también llegue a sus hogares.
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