MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Quintana Roo: no hay transformación si escuelas siguen abandonadas

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• Comunidad estudiantil de la colonia El Porvenir exige agua y electricidad para garantizar la enseñanza básica

Hablar de transformación, bienestar y justicia social obliga a mirar más allá de los discursos y preguntarnos qué ocurre realmente en las colonias, barrios y localidades de Quintana Roo.

Porque la transformación no puede medirse solamente en publicidad política, programas o cifras: también debe reflejarse en las condiciones en que viven, estudian y se desarrollan las familias.

En el municipio de Benito Juárez, donde se encuentra la emblemática ciudad de Cancún, no sólo hay arena blanca y mar azul turquesa, también hay cientos de problemas y falta de atención a muchos de ellos.

En otro momento me referiré a los problemas más generales en esta gran ciudad; hoy quiero referirme particularmente a un problema que afecta a toda una comunidad y a cientos de niñas y niños.

En la colonia El Porvenir, que se encuentra a las afueras de la ciudad de Cancún sobre la carretera libre a Mérida, existe una realidad que debería llamar la atención de las autoridades educativas y del gobierno de esta entidad.

Y es que en la escuela primaria "Jaime Sabines Gutiérrez", más de 100 estudiantes de nivel básico enfrentan desde hace mucho tiempo (un año más o menos) carencias que resultan difíciles de justificar en una institución cuya tarea fundamental es garantizar el derecho a la educación.

Esta escuela de nivel básico, que tiene más de dieciocho años que se fundó, carece de servicios tan elementales como energía eléctrica y agua potable.

A ello se suma el deterioro de las aulas, los baños y la falta de un conserje que pueda realizar las labores básicas de mantenimiento y limpieza.

No estamos hablando de computadoras de última generación, de instalaciones de lujo o de exigencias extraordinarias. Estamos hablando de las condiciones mínimas que debería tener cualquier escuela para recibir a niñas y niños.

Y aquí aparece una pregunta inevitable: ¿cómo hablar de educación de calidad cuando una escuela carece de los servicios básicos?

Padres de familia y vecinos de la colonia El Porvenir, con el apoyo de Antorcha, han expresado su inconformidad y han solicitado la intervención de las autoridades.

La demanda parece sencilla y, sobre todo, razonable: que la escuela cuente con agua, electricidad, baños dignos, personal de apoyo y condiciones adecuadas para que los estudiantes puedan realizar sus actividades.

Una de las madres de familia, Keila López, resume el sentir de quienes viven esta problemática: "No estamos pidiendo privilegios para nuestros hijos, estamos pidiendo lo básico e indispensable".

La frase merece ser escuchada porque detrás de ella existe una preocupación legítima: que las carencias de la escuela terminen normalizándose.

Ese es precisamente uno de los mayores riesgos. Cuando una deficiencia permanece durante meses o años, deja de parecer una emergencia y comienza a convertirse en parte de la vida cotidiana.

Una política educativa verdaderamente comprometida con el bienestar tendría que empezar por garantizar que ninguna niña o niño tenga que estudiar en un plantel sin agua potable o energía eléctrica.

Los niños se acostumbran a estudiar sin agua; los padres se acostumbran a reclamar; las autoridades se acostumbran a recibir solicitudes. Y así, lo que debería resolverse de manera inmediata termina convertido en una añeja demanda.

Los antorchistas hemos señalado puntualmente que la educación no puede reducirse a discursos y que garantizar este derecho implica también contar con infraestructura adecuada, servicios básicos y condiciones dignas para alumnos y maestros.

El derecho a la educación no consiste únicamente en abrir las puertas de una escuela y colocar a los estudiantes dentro de un salón. También implica que ese espacio tenga condiciones mínimas de seguridad, higiene, funcionamiento y dignidad.

Por eso, el reclamo de los padres de familia debe ser atendido con seriedad por la Secretaría de Educación de Quintana Roo (SEQ) y por el gobierno del estado.

No se trata de una disputa política ni de una demanda extravagante. Se trata de resolver problemas concretos que afectan directamente a niñas y niños.

La intervención de la gobernadora Mara Lezama también es solicitada por las familias. Y más allá de las posiciones partidistas, la petición debería encontrar respuesta en cualquier gobierno que coloque a la niñez y la educación entre sus prioridades.

Hay que decirlo con claridad: no puede haber transformación si las escuelas permanecen en total abandono.

Una política educativa verdaderamente comprometida con el bienestar tendría que empezar por garantizar que ninguna niña o niño tenga que estudiar en un plantel sin agua potable o energía eléctrica.

Antes de hablar de grandes proyectos, hay que resolver las necesidades básicas que existen en las comunidades.

Los padres de familia de la primaria "Jaime Sabines Gutiérrez" han dejado claro que no quieren promesas; quieren soluciones. Y tienen razón.

Las familias pueden gestionar, organizarse y levantar la voz, pero corresponde a las instituciones públicas responder con acciones.

La pregunta ahora es qué harán las autoridades ante esta demanda. ¿Se atenderá finalmente la falta de servicios básicos? ¿Se rehabilitarán los baños? ¿Se asignará el personal necesario para mantener el plantel?

¿Habrá una respuesta concreta para las familias? Yo sólo he de recordarles a las autoridades competentes que más de 100 padres de familia y estudiantes esperan una respuesta.

Los padres de familia han mencionado que esperarán un determinado tiempo; de lo contrario, han manifestado que realizarán una serie de movilizaciones ante las dependencias encargadas de educación para exigir soluciones.

Puesto que si la transformación no llega a las aulas, si no se mejoran las condiciones donde estudian nuestros niños y si no se resuelven las necesidades más elementales de las comunidades, hay que salir a luchar para obtenerlo.

¡La educación no puede esperar, y las condiciones dignas para estudiar tampoco!

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