MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La condena morenista

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• El rezago en infraestructura frena el desarrollo de las comunidades y favorece al sector industrial extranjero

En décadas pasadas vimos cómo el gobierno, año con año, venía distribuyendo el apoyo a cuentagotas en obra pública para vivienda, carreteras, caminos, pavimentación, energía eléctrica, agua, drenaje y obras para la educación y la salud.

Quienes vivieron en esta época de bonanza se dieron cuenta de cómo administración tras administración reducía no sólo el monto subsidiado, sino que cada vez eran menos los mexicanos que tenían acceso a estos programas.

Tanto los gobiernos municipales como los estatales y la federación, al unirse, lograban dar al solicitante el empuje necesario para la construcción de un cuarto donde poder sobrevivir a las inclemencias del tiempo; así los colonos que, por la necesidad de contar con las condiciones de vida, lograban aprender el oficio de albañilería, electricidad y plomería, para que con su fuerza de trabajo pudieran construir su cuarto.

De igual manera, en la construcción de obras sociales (llámense carreteras, pavimentación, red de drenaje, etcétera) en cada comunidad o municipio, el trabajo era seguro de esperarse y la derrama económica se veía y se sentía en dicho lugar.

Es importante visualizar la diferencia entre ser el creador de la riqueza y sólo recibir un poco de ella, porque la intervención al crear riqueza genera más riqueza; la de recibir un subsidio sólo enajena.

En sus años de auge, el capitalismo empezó a ser revolucionario porque su mayor objetivo era desarrollar a la sociedad como una sociedad superior, como una sociedad que llevaba los beneficios al pueblo, la mejor infraestructura, el mejor desarrollo.

En México la obra pública para el pueblo ha sido relegada, mientras que en el presupuesto federal del 2026 se asignaron apenas 135 mil millones de pesos para ese rubro.

Con el paso de los años esto cambió; ahora no necesitan llevar mejores condiciones al pueblo. Hoy quien tiene en sus manos el poder económico y el mejor avance tecnológico e inteligencia artificial es el que está quedándose con el control y dominio del mundo. Y hacia dónde vamos con nuestro comentario:

En la actualidad los gobiernos ya no se angustian por llevar la distribución de la inversión pública al pueblo; hoy están preocupados por darle la oportunidad a las empresas nacionales, pero sobre todo extranjeras, y aquí cabe recordar que quien tiene la tecnología tiene las puertas de los países subdesarrollados y no desarrollados abiertas, esto para que se sigan llenando los bolsillos de dinero a costa del trabajo de los pobres de la patria.

En México la obra pública para el pueblo ha sido relegada, mientras que en el presupuesto federal del 2026 se asignaron apenas 135 mil millones de pesos para ese rubro. En el plan México se autorizó un paquete de inversión por 5.6 billones para cuatro años, cuyo destino es apoyar con infraestructura a los parques industriales donde operan empresas extranjeras.

Vemos cómo, en comparsa con el gobierno federal, los municipios y gobiernos hablan de programas sociales monetarios como si fueran la gran obra social del momento, pero a ojos vistos la estructura se está cayendo por obsoleta, y las demandas que se necesitan resolverle al pueblo siguen esperando.

El hombre llegó a ser hombre gracias al trabajo, porque en el momento en que pone su cerebro a imaginar lo lleva a desarrollar su inteligencia; he aquí la importancia de una planificación social del desarrollo en obra pública y la incorporación del pueblo mexicano en la construcción de esta planificación.

Se necesita que el gobierno voltee a ver las condiciones en que viven los mexicanos; hoy la tecnología sustituye la mano de obra en todas las ramas de la industria y del trabajo. Vemos cómo las empresas automatizan la producción y dejan a un lado el trabajo humano.

Si a esto le agregamos que el gobierno federal otorga todos los beneficios a las empresas para la lucha diaria por obtener los primeros lugares económicos en el mundo, el abismo entre el rico y el pobre es cada día mayor.

El pueblo mexicano necesita organizarse y luchar por la creación de una sociedad donde el hombre tenga lo indispensable para vivir, donde prospere la tranquilidad al saber que los males sociales serán combatidos con mano dura por un gobierno que anteponga los intereses de los trabajadores.

Por lo anterior, aplaudir los programas monetarios sin exigir que las obras sociales lleguen a cada rincón del pueblo mexicano es ponerse la soga al cuello.

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