MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Lucha de Fidel contra el imperialismo, más necesaria que nunca

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• Antorcha conmemora 100 años del natalicio del líder en un magno evento con 2 mil 500 asistentes

Hay hombres cuya vida perdura en la historia. Fidel Castro es uno de ellos. Al cumplirse un siglo de su nacimiento, su figura permanece como un faro en la lucha por la libertad y soberanía de los pueblos colonizados y explotados por las grandes potencias mundiales desde hace más de 500 años en que les impusieron por la fuerza y destrucción de su cultura el vasallaje.

El Movimiento Antorchista Nacional dedicó a su memoria la “Semana de Fidel”, una jornada de actividades políticas y culturales en distintos puntos del país que incluyó presentaciones culturales, exposiciones de pintura y elaboración de periódicos murales.

Mientras exista el imperialismo, habrá guerra, porque, por su propia naturaleza, agrede militarmente a las naciones y saquea sus recursos.

En la Ciudad de México, el homenaje culminó en el Centro Cultural “Vicente Guerrero”, en Iztapalapa, el domingo 16 de agosto, con antorchistas reunidos para honrar al líder de la Revolución cubana.

El sentido de esta conmemoración quedó plasmado en las palabras del maestro Aquiles Córdova Morán, pronunciadas ante 2 mil 500 antorchistas de todo el país, en Tecomatlán, Puebla, durante la conferencia “100 años con Fidel Castro: vigencia de su obra y pensamiento”, llevada a cabo el 13 de agosto, día del nacimiento de Fidel.

“Fidel es el héroe del mundo que lucha contra el imperialismo yanqui”, mencionó con acertadas palabras el maestro. Y subrayó que Fidel supo leer el momento histórico y aplicar el método adecuado para hacer triunfar la Revolución, el 1 de enero de 1959, con la entrada en La Habana del Ejército Rebelde que dirigía Fidel y sus compañeros de lucha. Su éxito no puede desligarse del apoyo del pueblo cubano y de su partido revolucionario.

Fidel consagró su vida al internacionalismo proletario, y la Revolución cubana se convirtió en símbolo de la lucha antiimperialista y de emancipación de los pueblos. Asimismo, destacó la importancia fundamental de edificar un partido de nuevo tipo, capaz de guiar a las masas trabajadoras como lo hizo Fidel en su patria.

El imperialismo norteamericano yanqui es contrario en nuestro continente americano y en el planeta entero a los movimientos que defienden los intereses del pueblo y aspiran a erradicar la pobreza, el hambre, la miseria y la inseguridad.

Mientras exista el imperialismo habrá guerra, porque, por su propia naturaleza, agrede militarmente a las naciones y saquea sus recursos.

Fidel y su partido lucharon para garantizar con el cambio revolucionario los derechos de las clases más humildes: educación, salud, alimentación, cultura, tierra para los campesinos pobres y los derechos políticos, es decir, precisamente de todo lo que carecían. 

Para el antorchismo, su ejemplo dejó además una enseñanza profunda sobre el papel del dirigente: no basta con que piense y oriente al movimiento; ante las grandes crisis sociales, el dirigente debe ponerse al frente del pueblo. Fidel comprendió la ciencia de la historia y así se convirtió en un verdadero líder revolucionario.

Cuba enfrenta ataques, un bloqueo comercial y económico de Estados Unidos que lleva más de 70 años, a pesar de las constantes resoluciones de la ONU, que ha condenado enérgicamente tales acciones criminales contra el pueblo cubano. 

La firmeza de Cuba representa el derecho de una nación a decidir su propio destino. El internacionalismo proletario de Fidel significa la solidaridad cubana con los pueblos en lucha, oprimidos y explotados por el imperialismo; lo hizo en Angola y Sudáfrica, cuando envió tropas militares de combate el 4 de noviembre de 1975, dando inicio a la histórica Operación Carlota, tropas que resultaron decisivas para derrotar a los regímenes colonialistas en esos países.

Fidel sabía bien que la Revolución cubana y su pueblo debían comprometerse con esos movimientos en el planeta, para fortalecer su unidad y aumentar la conciencia revolucionaria de su pueblo cubano, y así hacerlo más fuerte ante la continuada montaña de ataques y campaña propagandística y militar del imperialismo estadounidense, que está presente con todo su poderío a tan sólo 80 millas de las costas cubanas.

En la Segunda Declaración de La Habana, proclamada el 4 de febrero de 1962, ante una multitudinaria concentración en la Plaza de la Revolución, en La Habana, Cuba, Fidel denunció las raíces de la pobreza: “¿Qué es la historia de Cuba sino la historia de América Latina? ¿Y qué es la historia de América Latina sino la historia de Asia, África y Oceanía? ¿Y qué es la historia de todos estos pueblos sino la historia de la explotación más despiadada y cruel del imperialismo en el mundo entero?”, externó Fidel.

En este discurso señaló elocuentemente los salarios de hambre, la explotación, el analfabetismo, la desigualdad y la entrega de recursos naturales a los monopolios extranjeros, propiedad de las empresas transnacionales norteamericanas. 

Que la pobreza no es producto de la mala suerte, sino consecuencia de relaciones que favorecen la concentración de la riqueza y la dependencia, además, el derecho de los pueblos a luchar por su liberación, y llamó a la solidaridad entre las naciones pobres del planeta: “Ningún pueblo puede ser verdaderamente libre mientras otros permanezcan sometidos”.

La lucha de Fidel fue una batalla de ideas, con base en la conciencia, la educación y la organización popular.

La Segunda Declaración concluyó con la frase histórica: “Esta gran humanidad ha dicho ¡Basta! y ha echado a andar”.

Ese espíritu estuvo presente en toda la semana dedicada a Fidel, que se celebró por nuestra organización en todas las capitales de los estados de la república. 

En la Ciudad de México, el homenaje lo celebramos los antorchistas con el discurso correspondiente que dirigí a los presentes sobre las enseñanzas y guía de Fidel para nuestro trabajo en la capital del país. Resumo en esta nota: su legado nos obliga a aprender de él y a combatir la pobreza desde nuestra propia realidad.

Esa idea coincide con otra enseñanza señalada por la organización antorchista: construir un partido revolucionario de nuevo tipo, que sea capaz de ponerse al frente de las masas trabajadoras, para luchar y defender sus intereses; construir un partido revolucionario para la toma del poder político en México, por el pueblo organizado y consciente, y realizar la transformación que es urgente y necesaria en nuestro país. 

En el corazón del país, la Ciudad de México, los antorchistas levantamos la voz para decir que su memoria sigue viva, porque los pueblos pueden organizarse, levantarse y escribir su propia historia.

Los antorchistas de todo el país decimos “Aguanta, Cuba, un día México se va a liberar y haremos un bloque poderoso para defender a los pueblos de América Latina. Aguanten cubanos, vamos a ganar”.

¡Que viva Fidel! ¡Que viva Cuba libre! ¡Que viva la lucha del pueblo mexicano! ¡Hasta la victoria siempre!

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