MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La otra cara de Nuevo León

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• Mientras se anuncian grandes obras para recibir a turistas internacionales, en el sur hay familias esperando apoyos básicos 

Hace apenas unos días realicé un recorrido por distintas comunidades del municipio de Galeana que fueron severamente afectadas por la intensa granizada que azotó la región el pasado 11 de mayo de 2026. 

Lo que encontré fue una realidad dolorosa y profundamente injusta. Viviendas dañadas, cosechas destruidas y familias enteras tratando de rescatar lo poco que quedó después de la tormenta. 

Nuevo León no termina en Monterrey, que desafortunadamente también se encuentra en crisis: se debe atender a las comunidades rurales.

Pero, más allá de los daños materiales, lo que más impacta es el abandono en el que viven miles de familias del sur de Nuevo León. Mientras las madres de familia buscan cómo proteger a sus hijos y los campesinos intentan salvar su patrimonio, el gobierno estatal y federal parecen más preocupados por preparar a Monterrey para el Mundial 2026 que por atender las necesidades más urgentes de su propio pueblo.

Ese es el verdadero contraste que hoy vive nuestro estado. Por un lado, vemos inversiones millonarias destinadas a modernizar avenidas, mejorar la imagen urbana y construir obras que permitan proyectar a Monterrey ante el mundo como una ciudad moderna y de primer nivel. Por el otro, existen comunidades rurales donde todavía falta apoyo para vivienda, salud, caminos dignos y oportunidades para las familias. 

Nadie está en contra del deporte ni de que Nuevo León pueda recibir un evento internacional importante. El problema comienza cuando las prioridades dejan de estar en la gente y se concentran únicamente en proyectos de imagen y beneficio económico para unos cuantos.

Porque mientras se anuncian grandes obras para recibir a turistas internacionales, en el sur del estado hay familias que siguen esperando apoyos básicos después de perder parte de su patrimonio por fenómenos naturales, sequías y años de abandono. 

Resulta indignante que quienes gobiernan hablen constantemente de progreso y modernidad mientras miles de neoloneses sobreviven entre carencias. No se puede hablar de desarrollo cuando existen comunidades completas que continúan olvidadas y marginadas.

La realidad rural de Nuevo León rara vez ocupa titulares. Los municipios del sur enfrentan problemas muy distintos a los de la zona metropolitana. Pero tanto en el área rural como en la zona urbana la gente trabaja todos los días con enorme esfuerzo para salir adelante, pero sin el respaldo necesario de las autoridades.

El Mundial pasará en unas cuantas semanas. Las fotografías, la publicidad y los reflectores internacionales también pasarán. Pero las necesidades de las familias del sur seguirán ahí si no existe una verdadera voluntad de atenderlas. 

Nuevo León no termina en Monterrey, que desafortunadamente también se encuentra en crisis. Se debe atender a las comunidades rurales, los productores afectados por las sequías, los jóvenes que tienen que abandonar sus estudios por falta de oportunidades y las familias que hoy siguen esperando apoyo después de la granizada.

Por eso también debemos entender que las soluciones no van a llegar solamente por voluntad de quienes gobiernan. La historia ha demostrado que cuando el pueblo se organiza y lucha unido es cuando verdaderamente se logran cambios. 

Las familias del sur de Nuevo León no necesitan lástima ni discursos vacíos. Necesitan organización, unidad y fuerza colectiva para exigir lo que les corresponde. Porque solamente la organización del pueblo podrá enfrentar el abandono y la desigualdad que durante años han querido normalizar.

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