• Cortes eléctricos en el municipio fronterizo dejan sin servicio hídrico hasta 150 mil hogares
Ciudad Juárez, Chih. Para las familias que viven al día, un apagón no representa solamente quedarse unas horas sin electricidad. Significa perder alimentos, soportar temperaturas extremas sin ventilación, enfrentar problemas para conseguir agua y, en muchos casos, pasar horas de angustia cuando en casa hay niños, adultos mayores o personas que requieren cuidados especiales.
Los servicios básicos no pueden manejarse únicamente bajo criterios administrativos: detrás de cada recibo, de cada corte de energía y de cada pozo detenido existen familias que necesitan agua y electricidad para vivir dignamente.
Esta es la realidad que enfrentan cientos de familias vulnerables de Ciudad Juárez ante los constantes cortes en el suministro eléctrico que han provocado afectaciones en el servicio de agua potable. Ante esta situación, el Movimiento Antorchista hizo un llamado a la CFE para que actúe con mayor sensibilidad y humanismo, particularmente con los sectores que menos tienen.
El problema se agravó en días recientes cuando una serie de apagones afectó el funcionamiento de decenas de pozos de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS), dejando durante varias horas sin agua potable a alrededor de 150 mil familias de distintos sectores de la ciudad.
De acuerdo con información proporcionada por Sergio Nevárez Rodríguez, director ejecutivo de la JMAS, durante la tarde-noche del miércoles fueron afectados 31 pozos, mientras que durante la madrugada del jueves la cifra llegó a 81.

Posteriormente, el funcionario informó que fueron alrededor de 71 pozos los que resultaron dañados por las fallas eléctricas, afectando a miles de hogares.
La situación resulta todavía más preocupante por las altas temperaturas que se registran en la frontera. Para una familia que cuenta con recursos económicos, una interrupción del servicio puede significar una molestia temporal. Para quienes viven en condiciones de pobreza, puede convertirse en una emergencia.
Así lo relató la señora Gaby Rodríguez, vecina de Eco 2 mil, quien aseguró que lleva más de tres meses sin empleo. A pesar de no contar con ingresos suficientes, recibió un recibo de electricidad por alrededor de siete mil pesos, cantidad que le resulta imposible pagar. Ante la falta de pago, el servicio le fue suspendido.

En su vivienda viven tres menores de edad y ahora la familia enfrenta una situación particularmente difícil: no tiene electricidad y tampoco agua potable.
“¿Cómo le hago para pagar siete mil pesos si no tengo trabajo?”, es el reclamo que resume la angustia de muchas familias que, además de enfrentar el desempleo, deben lidiar con servicios cada vez más difíciles de sostener.
Marco Antonio Martínez Soto, líder del Movimiento Antorchista en Ciudad Juárez, manifestó su inconformidad por la situación y cuestionó que el discurso oficial de que “primero los pobres” realmente se esté reflejando en las condiciones de vida de las familias juarenses.

“Aquí no se ve eso, aquí es todo lo contrario; quienes pueden pagar la luz tienen todos los servicios, quienes no tienen son castigados y dejados a su suerte”, manifestó.
El dirigente señaló que no se puede ignorar que muchas familias han perdido su empleo durante los últimos meses y que la falta de ingresos las coloca en una situación cada vez más complicada. A ello se suma el calor extremo y la precariedad de muchas viviendas, donde no existen las condiciones necesarias para enfrentar las altas temperaturas.
Para Antorcha, lo ocurrido demuestra que los servicios básicos no pueden manejarse únicamente bajo criterios administrativos. Detrás de cada recibo, de cada corte de energía y de cada pozo detenido existen familias que necesitan agua y electricidad para vivir dignamente.

Por ello, el llamado del Movimiento Antorchista es a que la CFE atienda las fallas y, sobre todo, que tenga sensibilidad ante la situación económica de las familias más pobres.
Porque cuando se corta la luz en una colonia popular, no sólo se apaga un foco: también se apagan los ventiladores, los refrigeradores, las bombas de agua y las posibilidades de sobrellevar dignamente una jornada de calor.
Mientras las autoridades discuten responsabilidades, miles de familias esperan una solución. Para ellas, tener agua y electricidad no es un privilegio ni una concesión: es una necesidad básica y un derecho que debe garantizarse, especialmente cuando las condiciones económicas hacen imposible enfrentar por cuenta propia las deficiencias de los servicios públicos.
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