MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Fidel, el héroe del mundo que luchó contra el imperialismo

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• La resistencia de Cuba al dominio extranjero sigue vigente 100 años después del nacimiento de su máximo líder

Hablar de Fidel Castro es hablar de una de las figuras políticas más controvertidas e influyentes del siglo XX. Para sus adversarios fue un enemigo irreconciliable; para millones de personas en Cuba, América Latina, África y otras regiones del mundo, fue un dirigente que desafió abiertamente al imperialismo y defendió la soberanía de los pueblos. 

La grandeza histórica de una figura política no se mide únicamente por la admiración que provoca entre sus seguidores, sino también por la capacidad de sus acciones para modificar una época

Más allá de las posiciones que cada quien pueda asumir frente a su gobierno, resulta imposible comprender la historia contemporánea sin reconocer la dimensión de su lucha.

Recordar a Fidel no debe ser un asunto que deje indiferentes a los mexicanos. La historia de América Latina está profundamente marcada por la relación desigual entre las grandes potencias y los pueblos de nuestro continente. 

Por eso, estudiar a quienes enfrentaron esas relaciones de dominación permite comprender mejor el mundo en el que vivimos y las causas de muchos de los problemas que todavía padecen nuestros pueblos.

En este contexto, la semana pasada el Movimiento Antorchista Nacional llevó a cabo la "Semana de Fidel", en el marco de los 100 años de su natalicio. Como parte de estas actividades, el ingeniero Aquiles Córdova Morán, líder nacional del Movimiento Antorchista, ofreció una conferencia en Tecomatlán, Puebla, para analizar la vida, la obra y el significado histórico del dirigente cubano. 

Asimismo, en los distintos estados de la república se realizaron periódicos murales y diversos eventos político-culturales dedicados a recordar y estudiar su trayectoria.

Estas actividades no tienen como propósito convertir la historia en una simple celebración de una personalidad política. Su importancia está en abrir la discusión sobre un periodo histórico en el que los pueblos latinoamericanos enfrentaron fuertes presiones económicas, políticas y militares de las grandes potencias.

Para los mexicanos, conocer esa historia resulta especialmente importante porque nuestro país, al igual que el resto de América Latina, ha vivido durante décadas las consecuencias de la dependencia económica y de la disputa de intereses entre las grandes potencias.

Fidel no llegó a ocupar un lugar destacado en la historia por haber gobernado durante décadas, sino por haber encabezado una revolución que modificó profundamente el equilibrio político del continente americano. 

En 1959, la Revolución cubana triunfó después de años de lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista y, posteriormente, Cuba emprendió un camino político y económico que la enfrentó directamente con Estados Unidos.

Ese enfrentamiento convirtió a la pequeña isla caribeña en uno de los principales escenarios de la Guerra Fría. Cuba sufrió una política de hostilidad, aislamiento y bloqueo económico por parte de Washington, mientras Fidel convirtió la defensa de la soberanía nacional en uno de los pilares fundamentales de su discurso político.

Ahí se encuentra una de las razones por las que Fidel adquirió una dimensión internacional. Su figura dejó de representar únicamente a Cuba y pasó a convertirse, para numerosos movimientos revolucionarios y antiimperialistas, en un símbolo de resistencia frente a una potencia que durante décadas ejerció una enorme influencia política, económica y militar sobre América Latina.

Pero la importancia histórica de Fidel tampoco puede reducirse a su enfrentamiento con Estados Unidos. Su gobierno impulsó profundas transformaciones sociales en Cuba, particularmente en materia de educación y salud. 

La alfabetización y la formación de profesionales cubanos fueron presentadas como prioridades nacionales, mientras que la cooperación médica cubana alcanzó numerosos países.

Fidel también defendió una idea que continúa teniendo vigencia: los pueblos pobres no están condenados a permanecer sometidos a las grandes potencias. En distintos momentos de su trayectoria política sostuvo que la independencia política debía acompañarse de independencia económica, porque un país formalmente soberano puede continuar subordinado si sus recursos, su economía y sus decisiones fundamentales están controlados desde el exterior.

Esa visión explica buena parte de su influencia en América Latina. Para Fidel, la lucha contra el imperialismo no consistía solamente en denunciar a una potencia extranjera; implicaba construir pueblos conscientes, educados y organizados, capaces de defender sus propios intereses.

Su pensamiento también encontró eco en África. Cuba participó en procesos de cooperación y conflictos internacionales de la Guerra Fría, especialmente en Angola. 

La presencia cubana en ese continente se convirtió en uno de los episodios más significativos de la política exterior de Fidel y reforzó su imagen entre sectores que veían en Cuba un país dispuesto a intervenir fuera de sus fronteras en apoyo de movimientos aliados y gobiernos enfrentados a fuerzas respaldadas por Occidente.

Por supuesto, la historia de Fidel y de la Revolución cubana no está libre de controversias. Su gobierno fue objeto de fuertes críticas por restricciones a las libertades políticas, persecución de opositores y ausencia de pluralismo político. Ignorar esas discusiones sería convertir la historia en propaganda. 

Pero reconocer esas controversias tampoco debería utilizarse para borrar las razones por las que Fidel se convirtió en un referente mundial para los movimientos antiimperialistas.

La grandeza histórica de una figura política no se mide únicamente por la admiración que provoca entre sus seguidores, sino también por la capacidad de sus acciones para modificar una época. 

Fidel logró precisamente eso: enfrentó a una de las mayores potencias del mundo durante décadas y convirtió a Cuba en un actor político con una influencia internacional muy superior a su tamaño económico y territorial.

Por eso resulta importante que acontecimientos como la "Semana de Fidel" no se reduzcan a una actividad interna de una organización. El conocimiento de la historia pertenece a todos. 

Las nuevas generaciones tienen derecho a conocer las distintas interpretaciones sobre personajes que marcaron el rumbo de América Latina, analizar sus aciertos y errores y formar una opinión propia sobre ellos.

Hoy, cuando las grandes potencias continúan disputándose mercados, recursos naturales, territorios e influencia política, la discusión sobre el imperialismo conserva plena actualidad. El mundo ha cambiado, pero las desigualdades entre países ricos y pobres, la concentración de la riqueza y la disputa por los recursos estratégicos siguen presentes.

Por eso Fidel permanece en la memoria de millones. Para quienes lo consideran un héroe, su principal legado no está únicamente en haber encabezado una revolución, sino en haber demostrado que un pueblo pequeño podía desafiar a una potencia mucho más poderosa y defender, con todas sus contradicciones, el derecho a decidir su propio destino.

Fidel Castro murió en 2016, pero la figura política que construyó durante décadas permanece en el debate mundial. Para sus admiradores, su nombre representa resistencia; para sus detractores, autoritarismo. La historia seguirá discutiendo ambas caras.

Lo que difícilmente podrá negarse es que Fidel convirtió la lucha contra el imperialismo en una bandera internacional y que su figura quedó ligada para siempre a una de las grandes batallas políticas de nuestra época: la lucha de los pueblos por su soberanía y por el derecho a construir su propio camino.

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