MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

¿Es real la libertad de expresión en Oaxaca?

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  • Suman diez ataques contra comunicadores durante este año

La revista Buzos de la noticia, en su edición mil 247, tuvo como reportaje principal el titulado "Periodistas mexicanos en peligro", con el que una vez más, el consejo editorial atina.

El texto destaca uno de los problemas que azota a quienes nos dedicamos a esta labor. Aunque el discurso oficialista en México sea que hay libertad de expresión, que los periodistas pueden ejercer y que existen mecanismos para protegerlos, en la realidad, tal y como lo refiere la editorial "A fondo", la libertad de expresión está bajo asedio.

Silenciar a un periodista no sólo arrebata una vida, sino que busca silenciar investigaciones, críticas y cuestionamientos dirigidos al poder.

Hoy, la prensa oaxaqueña otra vez está de luto, con el asesinato de Alejandro Leyva, quien fuera exdirector de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión y columnista del "Zumbido del moscardón", cuestión que no se trata de un hecho aislado, sino un nuevo episodio de la violencia que enfrenta el país y también, el periodismo mexicano. Veamos.

Según el índice, elaborado por la Sociedad Interamericana de Prensa, la libertad de los periodistas en México pasó del lugar trece con 43.50 puntos de 100 en 2024, a la posición dieciocho con 35.90 puntos en 2025, con lo que indicó, el país se encuentra dentro de la franja de "alta restricción" y explicó que se debe a factores como la violencia extrema e impunidad, que mantienen a México como una de las naciones más peligrosas para ejercer el periodismo.

Y en Oaxaca, apenas la semana pasada, la Coordinación para la Atención de los Derechos Humanos (CADH) contabilizó nueve agresiones contra periodistas en 2026. Y hoy, ya suman diez con el asesinato de Francisco Alejandro Leyva. 

Aunado a esto, lo que resulta sumamente preocupante y que pone en foco rojo a Oaxaca es que, en los últimos 20 años, quince periodistas oaxaqueños han sido asesinados.

Por todo ello, no es para menos el clima de zozobra e indignación que existe entre la prensa oaxaqueña. Y el miedo no es fortuito sino realmente alarmante y sustentado pues de acuerdo con la organización Artículo 19, dos han sido los factores de riesgo para los comunicadores: la persecución judicial y la agresión física, de las que, en el caso de la primera, en 2025, documentaron 69 casos de acoso judicial contra periodistas y medios de comunicación, de los que el 50 % era promovido por autoridades. Es decir, han sido los que ostentan el poder, los principales factores de peligro.

En Oaxaca no es nuevo para nadie que el propio gobierno del estado actual ha venido desarrollando una campaña sistemática contra la libertad de expresión, lo que no dejaría dudas cuando surge la pregunta sobre de dónde vino tal asesinato cobarde.

Porque en efecto, nadie puede permanecer indiferente ante el hecho de que han sido los propios funcionarios del nivel que sean, quienes en sus conferencias semaneras, se toman la libertad de lanzar dicterios, ironías y burlas contra diversos medios y periodistas "incómodos" o "llenos de odio", por el simple hecho de que publican noticias desfavorables a su gobierno.

De lo que no hay lugar a dudas es que esta crisis social se caracteriza, entre otras cosas, porque saca a la luz y pone de relieve hechos y realidades que, en tiempos normales, pasan desapercibidos. 

La libertad de prensa ha sido hasta hoy, para la mayoría de nosotros, algo que sólo incumbe a quienes la ejercen profesionalmente. Pero en estos tiempos revueltos y amenazantes, es imposible no advertir el bien que hacen al país y que por eso, cada agresión contra un periodista no sólo afecta a una persona o a su familia; también representa un golpe a la libertad de expresión y al derecho de la sociedad a estar informada. 

Cada crimen sin resolver debilita la libertad de expresión, vulnera el derecho de la sociedad a conocer la verdad y profundiza un clima donde informar con sentido crítico puede costar la vida.

Silenciar a un periodista no sólo arrebata una vida, sino que busca silenciar investigaciones, críticas y cuestionamientos dirigidos al poder, sembrando miedo entre quienes continuamos ejerciendo la profesión.

No obstante, los "n" intentos de exigir justicia en ruedas de prensa, en mesas de diálogo o en irrupciones como las que se vieron en las calendas de delegaciones de la Guelaguetza que además fueron asediadas por porros y grupos de choque, denotan que mientras el gremio periodístico no se una para defender sus derechos, en primer lugar, las manifestaciones aisladas no llevarán a otro rumbo más que a que se siga alargando la lista de víctimas.

Es necesario entrar a dar la lucha, organizados y como dijo alguien sabio, haciéndose escuchar: no sólo en Oaxaca sino principalmente en Palacio Nacional.

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