• Ante 30 mil personas con rezago escolar en Durango, Antorcha ofrece alternativas para combatir la marginación
Cuando se habla de la crisis educativa en México, el foco suele apuntar al sur del país, donde las cifras de analfabetismo y rezago escolar adquieren dimensiones alarmantes. Sin embargo, reducir este problema a una región es un error que oculta la magnitud real del abandono histórico. Durango, en el norte, es la prueba viviente de que la deuda educativa es un lastre nacional.

Los números no mienten:
En Durango, el 24.6 % de la población adulta no ha concluido la educación básica.
Más de 30 mil personas no saben leer ni escribir.
90 mil 900 no terminaron la primaria.
229 mil 162 no concluyeron la secundaria.
No saber leer ni escribir no es sólo un déficit académico; es una condena social que limita el acceso al empleo digno, impide entender documentos oficiales y anula la posibilidad de ejercer derechos.
Detrás de cada cifra hay una historia de exclusión, de oportunidades truncadas y de un Estado que ha sido ausente en las comunidades más necesitadas.

Municipios como Mezquital, Simón Bolívar, San Juan de Guadalupe y Guanaceví concentran los índices más altos de analfabetismo, donde la pobreza extrema y la falta de servicios básicos perpetúan un círculo vicioso del que parece imposible escapar.
La pandemia, lejos de ser una excusa, fue un revelador implacable. La brecha digital se convirtió en un abismo que dejó a miles de duranguenses sin acceso a las herramientas mínimas para aprender.
Y es que no saber leer ni escribir no es sólo un déficit académico; es una condena social: limita el acceso al empleo digno, impide entender documentos oficiales, anula la posibilidad de ejercer derechos y, en definitiva, mantiene a las personas atrapadas en la marginación.

Frente a este panorama desolador, el Estado mexicano ha mostrado una lentitud que raya en la indiferencia. Pero, como ocurre en los momentos más oscuros, la esperanza no viene de arriba, sino de abajo; del pueblo organizado que ha decidido tomar las riendas de su futuro.
El Movimiento Antorchista ha impulsado su proyecto educativo, el cual es un ejemplo de que la conciencia y la unidad pueden construir lo que las instituciones niegan.
La reciente graduación de 82 estudiantes de la secundaria "Federico Engels", de 58 de la primaria "Unión, Fraternidad y Lucha" y de 81 pequeños del jardín de niños "Profesora Luz del Carmen Ocón Veloz" no es un simple acto protocolario. Es un acto de resistencia.

Es la demostración de que, pese al abandono, hay familias y educadores que se niegan a rendirse. Con el lema "Es la hora de los pueblos", nos recuerda que el poder transformador reside en la organización colectiva, no en las promesas gubernamentales.
El dirigente estatal del Movimiento Antorchista en Durango lo dijo con toda claridad: "Es la hora de los pueblos, pero de los pueblos organizados. De los trabajadores, porque son ellos quienes producen todo lo que existe y quienes deben decidir el rumbo del mundo".
Sus palabras resuenan más allá del evento: son un llamado a despertar, a entender que la ignorancia no es un accidente, sino una estrategia de dominación. En su fase final, el imperialismo busca saquear nuestras riquezas y mantenernos sumidos en la oscuridad; la respuesta no puede ser otra que la educación crítica y la movilización.

Los jóvenes y niños que hoy reciben su certificado tienen ante sí un deber moral: ser la vanguardia que ilumine el camino. No pueden claudicar ante la injusticia ni vender su intelecto a quienes mantienen a México en la miseria. Su formación no es un privilegio, es un arma de liberación.
Durango enfrenta una deuda educativa que no admite más aplazamientos. Pero la solución no vendrá únicamente de políticas públicas insuficientes; vendrá de la conciencia de clase, de la resistencia organizada y de la certeza de que el futuro pertenece a los pueblos que se atreven a construirlo.
Hoy, mañana y siempre, esta es la hora de los pueblos. Que el ejemplo de estas graduaciones sea el primer paso hacia una transformación que no sólo alfabetice, sino que despierte conciencias.
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