* A través de cinco plumas de América Latina, se exhibe el rostro del imperialismo estadounidense en el siglo XX
“El arte es indispensable para conocer a la sociedad en la que vivimos, por eso se relaciona estrechamente con la política, se ayudan, se sostienen y se influyen, porque el arte hace el milagro de ayudarnos a ver lo que para nosotros es invisible”, nos dice Aquiles Córdova Morán.
El 18 de mayo de 1895, en su carta inconclusa a su amigo el abogado mexicano Manuel Mercado, el poeta José Martí escribió: “...Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber- puesto que lo entiendo y tengo fuerzas con qué realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso...”.
El arte es indispensable para conocer a la sociedad en la que vivimos; por eso se relaciona estrechamente con la política: se ayudan, se sostienen y se influyen.
La dejó sin terminar porque tenía que salir a luchar en la guerra en que Cuba pretendía independizarse de España. Al día siguiente, muere en combate en Dos Ríos. En otra parte de la carta dice: “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas, y mi onda es la de David…” y, efectivamente, conocía al monstruo tan bien que pudo vaticinar los acontecimientos que posteriormente le dieron la razón: cinco años después, Estados Unidos intervendría contra España y convertiría a Cuba en un protectorado, adjudicándose Puerto Rico, Guam y Filipinas al mismo tiempo.
En 1903, con la negativa de Colombia de firmar un convenio para que Estados Unidos construyera el Canal de Panamá, el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt promueve una revuelta separatista y envía acorazados para impedir que el ejército colombiano desembarcara en la región en defensa de su territorio; reconoce a Panamá como país independiente y logra la firma del tratado.

Esto motivó el poema “A Roosevelt”, en el que el nicaragüense Rubén Darío dice:
¡Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman,
que habría que llegar hasta ti, cazador!
Primitivo y moderno, sencillo y complicado,
con un algo de Washington y cuatro de Nemrod.
Eres los Estados Unidos,
eres el futuro invasor
de la América ingenua que tiene sangre indígena,
que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.

Ya en pleno auge del intervencionismo imperialista, cuando bloqueaban todo tipo de aspiraciones de progreso y soberanía de los pueblos despojando de sus tierras a los campesinos, imponiendo a sangre y fuego sus poderosas empresas, y colocando tiranos en las insumisas naciones latinoamericanas como Rafael Trujillo en República Dominicana y los 31 años de terror que le precedieron; el de Anastasio Somoza y toda su familia, que durante 41 años sometieron a Nicaragua; los diecisiete años de sojuzgamiento que impuso Tiburcio Carías el “Arquitecto del autoritarismo” en Honduras; los trece años de la dictadura militar de Maximiliano Hernández Martínez y su matanza en El Salvador; los trece años de autocracia, represión y entreguismo hacia los intereses extranjeros, de Jorge Ubico Castañeda en Guatemala; el chileno Pablo Neruda, con su incomparable estilo claro, preciso y directo escribió:
Cuando sonó la trompeta, estuvo
todo preparado en la tierra
y Jehová repartió el mundo
a Coca-Cola Inc., Anaconda,
Ford Motors, y otras entidades:
la Compañía Frutera Inc.
se reservó lo más jugoso,
la costa central de mi tierra,
la dulce cintura de América.
Bautizó de nuevo sus tierras
como “Repúblicas Bananas”,
y sobre los muertos dormidos,
sobre los héroes inquietos
que conquistaron la grandeza,
la libertad y las banderas,
estableció la ópera bufa:
enajenó los albedríos,
regaló coronas de César,
desenvainó la envidia, atrajo
la dictadura de las moscas,
moscas Trujillo, moscas Tachos,
moscas Carías, moscas Martínez,
moscas Ubico, moscas húmedas
de sangre humilde y mermelada…
Desde el Perú, César Vallejo describía el capitalismo deshumanizado que destruye selvas y ríos lo mismo que la dignidad humana, y contamina y saquea todo a su paso; en prosa, narra, por ejemplo, cómo la empresa norteamericana Mining Society se apodera de las minas de tungsteno en Perú, y esclaviza a los indios soras, dejando sólo miseria tras de sí. En su poema “Los nueve monstruos” exclama:
… Jamás, hombres humanos,
hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
en el vaso, en la carnicería, en la aritmética!
Jamás tanto cariño doloroso,
jamás tan cerca arremetió lo lejos,
jamás el fuego nunca
jugó mejor su rol de frío muerto!
Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
más mortal
y la migraña extrajo tanta frente de la frente!
Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
el corazón, en su cajón, dolor,
la lagartija, en su cajón, dolor…
El cubano Nicolás Guillén, por su parte, relata su visión de la realidad que se vive en 1934, cuando -tal como ocurre hoy-, Estados Unidos ejerce control sobre los altos mandos de ejércitos de países soberanos y mueve gobernantes a su antojo:
Coroneles de terracota,
políticos de quita y pon;
café con pan y mantequilla…
¡Que siga el son!
La burocracia está de acuerdo
en ofrendarse a la nación,
ochenta dólares mensuales…
¡Que siga el son!
El yanqui nos dará dinero
para arreglar la situación:
la patria está por sobre todo…
¡Que siga el son!
Los viejos líderes sonríen
y hablan después desde un balcón.
¡La zafra! ¡La zafra! ¡La zafra!
¡Que siga el son!
El sacerdote sandinista nicaragüense Ernesto Cardenal denuncia con sus versos el despojo que practicaban las grandes compañías trasnacionales hacia las tierras y los productos de los labriegos latinoamericanos:
Los campesinos hondureños traían el dinero en el sombrero
cuando los campesinos sembraban sus siembras
y los hondureños eran dueños de su tierra.
Cuando había dinero
y no había empréstitos extranjeros
ni los impuestos eran para Pierpont Morgan y Compañía
y la compañía frutera no competía con el pequeño cosechero.
El sarcasmo del salvadoreño Roque Dalton encuentra su máxima expresión al describir a la Organización de los Estados Americanos como un organismo que sólo sirve para darle “legalidad” al dominio estadounidense; critica la inexistencia de la autodeterminación de los pueblos de Latinoamérica ante el imperio. En “OEA” ironiza:
El presidente de mi país
se llama hoy por hoy coronel Fidel Sánchez Hernández.
Pero el general Somoza, presidente de Nicaragua,
también es presidente de mi país.
Y el general Stroessner, presidente del Paraguay,
es también un poquito presidente de mi país, aunque menos
que el presidente de Honduras o sea
el general López Arellano, y más que el presidente de Haití,
monsieur Duvalier.
Y el presidente de los Estados Unidos es más presidente de mi país,
que el presidente de mi país,
ese que, como dije, hoy por hoy,
se llama coronel Fidel Sánchez Hernández.
El argentino Julio Cortázar también hizo su propia contribución. En sus obras en prosa aborda los excesos del régimen de Pinochet en Chile y la lucha sandinista contra la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua; posición política que consolidó después de su visita a la Cuba de Fidel Castro en 1962, país y líder que influyeron profundamente en su vida y a quienes dedicó versos como:
…y te busco la cara, Cuba la muy querida, y soy el que fue a ti
como se va a beber el agua, con la sed que será racimo o canto.
Revolución hecha de hombres,
llena estarás de errores y desvíos, llena estarás de lágrimas y
ausencias,
pero a mí, a los que tantos en horizontes somos pedazos de
América Latina,
tú nos comprenderás al término del día,
volveremos a vernos, a estar juntos, carajo,
contra hienas y cerdos y chacales de cualquier meridiano,
contra tibios y flojos y escribas y lacayos
en París, en La Habana o Buenos Aires,
contra lo peor que duerme en lo mejor, contra el peligro
de quedarse atascado en plena ruta, de no cortar los nudos
machetazo limpio,
así yo sé que un día volveremos a vernos,
buenos días, Fidel, buenos días, Haydée, buenos días mi casa,
mi sitio en los amigos y en las calles, mi buchito, mi amor,
mi caimancito herido y más vivo que nunca,
yo soy esta palabra mano a mano como otros son tus ojos o tus
músculos,
todos juntos iremos a la zafra futura,
al azúcar de un tiempo sin imperios ni esclavos.
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