MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Acaba el planeta con el imperialismo o este acabará con el planeta

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• Un sistema de monopolios destruye nuestro hábitat para extraer ganancias sin límites

Varias noticias escalofriantes sacuden al mundo: la guerra en varios puntos geográficos, la elevación de la temperatura del agua de los océanos como nunca antes en la historia, los incendios colosales en varias partes del globo, los huracanes, tifones e inundaciones en otras, y terremotos; la pérdida de bosques y cuerpos de agua a pasos agigantados, derrames de crudo y contaminación en general de suelo, agua y aire que crean una atmósfera a punto del colapso y ya casi inhabitable. Y uno se pregunta ¿por qué?

Para los grandes monopolios, la población de pobres es humanidad sobrante; mientras no se pueda extraerles plusvalía y no tengan para comprar mercancías, mejor que perezcan.

Y no hay otra explicación, desde mi punto de vista, que la acción de los hombres; pero no de todos, ni del hombre en general, sino en concreto de aquellos que son los "dueños", absolutos casi, de la economía mundial, es decir, de los grandes corporativos o monopolios, que son unos cuantos en el mundo, con nombre y apellido, que acaparan los medios de producción, desde el objeto de trabajo en materias primas hasta los medios de trabajo en sentido amplio que abarcan las rutas y medios de transporte, etcétera, y el capital en dinero; con que explotan al resto de la sociedad extrayendo plusvalía mediante el trabajo no pagado.

El crecimiento del capital constante, que en proporción supera cada vez más la parte representada por el capital variable que cubre los salarios de los trabajadores, hace que disminuya cada vez más la producción de valor porque es la fuerza de trabajo, precisamente, la única capaz mediante su consumo de crear nuevo valor.

Al disminuir la cantidad de fuerza empleada de trabajo, disminuye la cantidad de valor nuevo producido, fenómeno que se conoce como la tasa decreciente de ganancia, que busca ser revertida por el capitalista sobreexplotando los recursos, consiguiendo mano de obra más barata, así como materias primas regaladas o robadas si es preciso, sin importar el envenenamiento de mayor proporción del medio ambiente, que es finito, siempre y cuando redunde en ganancias para el capital.

Los mares, ríos, etcétera, si se contaminan o extinguen no importa, siempre y cuando sea en aras de producir ganancia; si hace demasiado calor o se vuelve inhabitable el planeta, no importa, ya los superricos buscan emigrar a otros planetas para salvarse; si muere la gente por enfermedad, hambre o guerras, no importa, mientras que estos fenómenos reporten ganancias al gran capital, puesto que para ellos la población de pobres es humanidad sobrante; mientras no se pueda extraerles plusvalía y no tengan para comprar mercancías, mejor que perezcan.

Es una sola guerra: pues es el imperialismo acosando a las naciones y presionando por obtener gratis materias primas, mano de obra barata y mercados cautivos; es su rapiña produciendo guerras en diversas latitudes del mundo, es el hambre de ganancia de los monopolios imperialistas por hacerse del mundo entero para tener recursos naturales que explotar, nuevos espacios por contaminar, mano de obra que exprimir y compradores para poder realizar la ganancia encerrada como plusvalor en las mercancías. Todos los problemas del mundo, bien visto el asunto, apuntan a una sola causa: el imperialismo.

Por eso no es fantasía ni aventurado sostener que hemos llegado a un punto de no retorno, a una coyuntura histórica en la cual la disyuntiva de hierro es evidente: o cambiamos el modo de producción dominante, esta formación socioeconómica, por otra en que la riqueza producida se reparta equitativamente entre todos, bajo una economía planificada que explote racionalmente los recursos naturales y produzca no para obtener ganancia sino para satisfacer las necesidades de la sociedad, o desaparecemos como especie en un mundo destruido por la ambición de unos cuantos. 

No hay de otra, se está acabando el planeta y hasta ahora sólo para satisfacer los insanos caprichos de unos cuantos, lo cual requiere la urgente y enterada acción de las masas para detener y revertir esta locura.

Por eso no hay de otra: acaba el mundo con el imperialismo o este, más temprano que tarde, acabará con el mundo entero. Que conste.

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