MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Desechar el capitalismo

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  • La crisis de los residuos exige transitar hacia un modelo económico que priorice el bienestar social y ambiental

La contingencia sanitaria es una problemática que ha encontrado su lugar en todos y cada uno de los territorios del mundo, entre ellos, nuestro país. Si dirigimos nuestra atención en un área específica del mapa, nos encontraremos con un estado cuyo tamaño territorial y cantidad de habitantes no son proporcionales a la magnitud de la basura que se produce diariamente.

Según datos del Inegi, el estado de Tlaxcala cuenta con un millón 419 mil 482 habitantes, mientras que la producción de basura y desechos que diariamente se generan son mil 470 toneladas al día. Esto nos hace preguntarnos inevitablemente, ¿qué hacer con tanta basura?

En un país como el nuestro, en el que impera la obtención de la máxima ganancia a costa de lo que sea y siendo patio trasero de EU, se derivan múltiples consecuencias. Primero, la cultura del consumismo, entendida como usar y tirar, así como la ideología individualista.

También se observa una conciencia pobre respecto al cuidado del medio ambiente en todos los niveles sociales. Y, por si fuera poco, una inexistente normativa estatal sobre la regularización y clasificación de los residuos que restrinja a las empresas productoras y a la importación de basura.

La basura en este escenario, como no podía ser de otro modo, se convierte en un problema social.

De acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, en México se generan diariamente 102 mil 895 toneladas de residuos, de los cuales reciclamos únicamente el 9.63 %. Este porcentaje, entre otras cosas, es consecuencia de la importación de basura de EU.

En 2020 se registró la entrada de 32 mil 650 toneladas de desechos plásticos; es decir, reciclar no es lucrativo por la competencia extranjera. Es en estas condiciones en que debe exigirse la defensa, el reconocimiento y el subsidio para los recicladores populares.

Sin duda, en nuestro país y en Norteamérica florece el capitalismo más rapaz, en el cual las empresas tienen que vender tanto como puedan. Así, este sistema económico se convierte en el principal enemigo de las tres R, o de la llamada economía circular.

¿Cómo han superado otros países el problema? Analicemos el caso de China, cuya economía es la segunda más grande del mundo, con una población de mil 412 millones de habitantes y cuya producción de basura es de un millón 100 mil toneladas al día.

Este país realizó el XII Plan Quinquenal, de 2011 a 2015, que respaldó de manera explícita la incineración de residuos sólidos urbanos. El objetivo fue aumentar la proporción de residuos tratados mediante incineración del 20 % al 35 % en todo el país.

Dentro de las políticas normativas, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (CNDR) implementó políticas de precios para promover la incineración de residuos y la generación de energía. Esto hizo que dicha alternativa fuera económicamente atractiva.

En 2017, el gobierno proclamó la agenda denominada "Espada Nacional" para hacer frente a la basura del norte global. Esta detalla las regularizaciones para la calidad de basura importada y prohíbe la importación de 24 tipos de desechos, incluido el plástico no industrial.

Tras la implementación de estas políticas, China experimentó un crecimiento explosivo en el número de plantas de incineración de residuos energéticos. Estas pasaron de 122 en 2012 a 428 en 2019, y luego se duplicaron hasta alcanzar los mil 10 incineradores en 2023.

Sin duda, en nuestro país y en Norteamérica florece el capitalismo más rapaz, en el cual las empresas tienen que vender tanto como puedan.

Para entonces, el objetivo de alcanzar una capacidad diaria de incineración de 800 mil toneladas de residuos sólidos para 2025 ya se había superado en 2022. Pero la incineración es una solución de último recurso.

En China, bajo el lema de "civilización ecológica" implementada a gran escala desde 2010, se ha incentivado cada vez más a la población. El propósito es minimizar los residuos y separar aquellos que pueden reciclarse.

Hoy por hoy, aunque parezca irónico, en China falta basura. De acuerdo con ThinkChina, "las incineradoras, productoras de luz eléctrica para miles de hogares, operan al 60 % o menos de su capacidad".

Además, estas empresas paraestatales y de capital mixto controlan los gases de efecto invernadero emitidos por la incineración con métodos tecnológicos avanzados, como la Inteligencia Artificial (IA). Se trata de la tecnología puesta a disposición del medio ambiente.

Estas acciones se encuentran dentro de un marco de planificación estatal en sus llamados planes quinquenales. Son la serie de iniciativas de desarrollo económico y social que el Partido Comunista de China (PCCH) implementa desde 1953.

En ese año se empezó a edificar "el socialismo con características chinas" que se venía gestando desde 1921. Este atravesó importantes luchas sociales que resultaron victoriosas, primero contra el imperialismo occidental y japonés, y después contra el Kuomintang.

Finalmente, el PCCH triunfó y Mao Zedong proclamó formalmente la República Popular China el 1 de octubre de 1949. Hasta aquí el caso chino con respecto a la basura.

El ejemplo vale, visto desde el enfoque en el que tuvo que ocurrir una revolución que tocara las entrañas del sistema económico de producción.

La lección que debemos sacar es que mientras los afectados por los males del capitalismo no se eduquen, organicen y luchen para tomar el poder político, seguirán sufriendo los problemas de siempre. Entre ellos la inseguridad, las drogas, la mala educación y la falta de agua.

También el pésimo sistema de salud pública, el desempleo, los malos salarios, el abandono del campo mexicano, la emigración, el pésimo transporte público y el retraso tecnológico. A ello se suma la falta de vivienda, la mala alimentación, la falta de obra pública y ahora la basura.

El vertedero de Atlangatepec está a punto de colapsar. No es que las máquinas que mueven y compactan la basura estén fallando, lo que está fallando es el sistema económico capitalista.

No basta con reemplazar el vertedero, se trata de un tema mucho más profundo. Debemos reemplazar el modo de producción en el que vivimos por uno que resuelva los problemas sociales.

De lo contrario, preparémonos para ver en una nueva "zona de sacrificio" del estado el nacimiento de una nueva montaña de basura. Tendrá todos sus efectos negativos para la vida humana y no humana.

Es tiempo, insisto, de depositar al sistema capitalista en el basurero de la historia. Organicémonos y luchemos por un mundo socialmente más equitativo y, por consecuencia, más limpio de la suciedad que representa.

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