• Cerca de mil ciudadanos festejaron 35 años de trabajo organizado en un acto masivo el pasado 26 de abril
Gruesas gotas de agua empezaron a caer; eran las 7:45 de la tarde-noche del 25 de abril. Los preparativos en el escenario del gran evento a realizarse el domingo 26 a las 7 de la mañana avanzaban y ni la lluvia los interrumpió. La Plaza de Toros “Jorge Ranchero Aguilar” sería sede del esperado evento.
Los antorchistas sabemos y el pueblo debe saberlo también: el problema es el modo en que se produce la riqueza; si no cambia el modo en que se produce y se apropia, vamos a seguir igual.
Miles de tlaxcaltecas provenientes de los cuatro puntos cardinales de su geografía se dieron cita para festejar los 35 años de lucha de la organización de los pobres de México.
El 35 aniversario de Antorcha en Tlaxcala fue el grito que retumbó en el recinto centenario, ya que sus orígenes como “redondel de feria” se remontan a finales del siglo XVIII.
Pero el trabajo realizado inició meses y semanas atrás, pues los grupos antorchistas de ejidos, poblados, comunidades, colonias, centros de trabajo, escuelas, etcétera, planearon una concentración multitudinaria que requería recursos, coordinación, unidad de acción, un gran esfuerzo y despliegue de imaginación y entusiasmo, a fin de festejar dignamente el acontecimiento, reuniéndose para recibir al constructor, guía y líder del antorchismo: el ingeniero Aquiles Córdova Morán, acompañado por la Dirección del Movimiento Antorchista Nacional.

Por ello, desde la noche, por la madrugada y muy temprano, a pesar de la lluvia, empezaron a arribar al recinto cientos de antorchistas que, con su unidad, fraternidad y lucha, han ido construyendo la organización que viene transformando sus comunidades y su vida, y ha mostrado a propios y extraños el único camino a seguir para contar con una patria más justa y equitativa.
Con un aforo que rebasó el recinto, por lo que tuvo que habilitarse un foro con pantallas y sillas fuera de la plaza, el evento transcurrió en una agradable mañana, producto de un aire despejado, limpio por la lluvia de la noche, multicolor y un verdadero torrente de vestimentas diversas que sólo vemos cuando el pueblo se reúne con unidad, además de músicos, cantantes, bailarines y danzantes en una auténtica fiesta popular.
Pueblo, pueblo y más pueblo se escuchó con voz potente, milenaria y, por lo mismo, asertiva, pues resume la eterna aspiración de una vida mejor. La concepción y definición de lo que significa pueblo para el antorchismo, dicho por su líder nacional, el ingeniero Aquiles Córdova Morán, es esta: pueblo es el pueblo trabajador, el que no explota trabajo ajeno, el que vive de su trabajo y que trabaja para otro; es el trabajo humano el creador de la riqueza.

A pesar de ser el creador de la riqueza, el pueblo ha estado marginado de ella, de una vida verdaderamente humana.
Ahora bien, la falta de bienestar no es fruto de la maldad humana, o de un gobernante o de un particular que lo haga porque sea malo o por error. No. Personalizar la tragedia del pueblo, de su vida sin satisfactores, es otro engaño de la clase poderosa; los antorchistas sabemos y el pueblo debe saberlo también.
El problema es el modo en que se produce la riqueza; si no cambia el modo en que se produce y se apropia la riqueza, el modo en que el hombre produce, vamos a seguir igual. Basta ver lo que está sucediendo en el mundo actual, donde el modo de producir es “el capitalismo”, un modo que produce para obtener una ganancia que se lleva el dueño de las herramientas, de las máquinas, de las industrias, el dueño de todo.
Representado este modo de producción por los Estados Unidos, este país se ha convertido en un imperio que quiere adueñarse de todo para multiplicar sus ganancias.

Así se explica que el presidente Donald Trump:
Apoye a Israel para acabar con Palestina. Y declaró que construirán, después de la devastación de la Franja de Gaza, un imperio turístico.
Apoye a V. Zelenski en su agresión a Rusia, bloqueando todo comercio de Europa con Rusia al no comprarle gas ni petróleo, pues ahora se lo vende Estados Unidos, con lo que la vida de todos los pueblos de Europa se ha encarecido, y la de los ucranianos por igual, pero los monopolios de Estados Unidos están haciendo su agosto.
Agreda a Irán para apropiarse también de su petróleo y apoye a Israel para destruir ahora al Líbano y a Siria, y extender su enclave en la región.
Entre furtivamente a Venezuela y se lleve a su presidente, Nicolás Maduro, acusándolo de líder del “Cártel de Drogas de Los Soles”, cuando la propia Suprema Corte de Justicia estadounidense declara que dicho cartel no existe; que es un invento (sic). El objetivo es su petróleo, su oro y sus recursos naturales.
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