Este 2027, México comenzará, una vez más un nuevo periodo electoral, renovando la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas y más de 2 mil presidencias municipales. En el caso de Tlaxcala, los comicios darán lugar al cambio de gubernatura, 25 diputaciones locales y 60 ayuntamientos. Aunque está prohibido, muchos de los aspirantes a algún cargo público han comenzado con la sucia estrategia de realizar campañas adelantadas, buscando así, posicionarse entre los favoritos de la población tlaxcalteca, pero he aquí la verdadera pregunta: ¿el triunfo está determinado por la popularidad de los candidatos o por el trabajo materializado en beneficio del pueblo?
Para responder esta pregunta es necesario recordar la situación de pobreza que enfrenta diariamente la población, y aceptar que, aunque muchos no lo sepan, la gran mayoría de los mexicanos nos encontramos en situación de pobreza. Muchos pudieran repetir la típica idea que se ha esparcido de manera acelerada: “yo no soy pobre, yo soy clase media” y la realidad es que esta llamada “clase media” la mayoría de veces no es más que una justificación que el gobierno y las clases más privilegiadas nos han introducido en la mente para evitar que tomemos conciencia acerca de la urgente necesidad de salir de esta situación. Es por eso que el sistema maneja el calificativo de “pobre” como si de un insulto se tratase, pero el ser pobre no es un insulto, es una realidad. Entonces, ¿cómo saber si esta es nuestra situación?

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la pobreza es la situación en la que una persona tiene ingresos insuficientes para adquirir lo que necesita y presenta al menos una carencia social, como rezago educativo, falta de acceso a servicios de salud o a seguridad social, mala calidad o espacios insuficientes en la vivienda, o falta de servicios básicos en ella. Con esto en mente, podemos darnos cuenta de que la mayoría de nosotros carece de por lo menos una de estas características, es decir, no tenemos acceso a la mayor parte de servicios sociales que menciona el INEGI.
Conforme a los datos que proporcionó esta institución en 2024, 38.5 millones de personas se encuentran en pobreza y 7 millones viven en pobreza extrema. Si lo comparamos con los 130.9 millones de habitantes, puede parecer poco, pero estas cifras pueden ser engañosas, porque quienes conocemos la situación del país sabemos que la pobreza es mucho mayor. Si nos enfocamos en Tlaxcala, este mismo reporte del 2024 nos muestra que, de los 1.4 millones de habitantes en el estado, alrededor de 593 mil personas viven en pobreza, lo que equivale al 40.8 %, es decir, casi la mitad.
Aunque los datos nos dicen una cosa, el gobierno nos miente al decir que las cosas van mejorando, que el cambio se está dando, o como lo maneja la presidenta Claudia Sheinbaum: “vamos bien y vamos a ir mejor”.
Quienes nos enfrentamos diariamente a la realidad, quienes vivimos y sufrimos para resolver cómo terminar la semana, cómo pagar las deudas que tenemos para que nuestra familia no padezca hambre, entre otras cosas no necesitamos de discursos mentirosos u “otros datos”, nosotros realmente podemos decir que las condiciones van empeorando con el paso del tiempo y que lo que nos dicen y nos prometen los políticos es falso.
La solución a la pobreza estructural de nuestro estado no caerá del cielo ni vendrá de la buena voluntad de un candidato; vendrá de la fuerza, la educación y la unidad del pueblo tlaxcalteca exigiendo lo que por derecho le corresponde.
Entonces, si las cosas están tan mal, ¿por qué el gobierno no lo muestra así? Fácil, porque a las autoridades les conviene mantenernos enajenados, hacernos creer que todo está bien, pues de esta manera no podremos quejarnos y ellos podrán continuar en el poder, enriqueciéndose a costa del sufrimiento, el hambre y las carencias de un pueblo inconsciente de su realidad.
Aquí viene otra pregunta: nosotros, ¿qué podemos hacer? En primer lugar, tomar conciencia de nuestra posición en la sociedad, de nuestra realidad concreta o, como el marxismo lo maneja: tomar conciencia de clase, pues de esta manera, el pueblo podrá darse cuenta del poder que tiene, siendo mayoría, pues esa es una de nuestras principales herramientas, la cantidad.
En segundo lugar, debemos organizarnos, de nada sirve ser conscientes de nuestra realidad si nos mantenemos dispersos. Este es uno de los mayores temores de los poderosos, pues saben que, si el pueblo se organiza, tiene mayor fuerza para exigir el cumplimiento de su trabajo, tal y como lo hace el Movimiento Antorchista cuando organizamos manifestaciones y gestiones en conjunto y obtenemos respuestas debido a la presión que ejercemos.

Siendo realistas, ninguno de los partidos políticos de la actualidad cuenta con las características necesarias para acabar con la situación de pobreza, sin embargo, los mexicanos, y en este caso, los tlaxcaltecas tenemos el poder de elegir a aquellos candidatos cuyo trabajo sea más palpable, y que realmente trabaje en beneficio de la población y no busque llegar al poder por intereses propios, pues debemos recordar que los gobernantes deben estar al servicio del pueblo y no viceversa.
Así que, para el próximo año, los invito a que analicen bien su voto. A los políticos que visiten sus casas, colonias o comunidades, exíjanles que resuelvan sus necesidades más profundas, que se comprometan a gobernar para el pueblo y que expliquen cómo le van a hacer para resolverlas, porque una cosa es prometer bajar el costo de la gasolina y otra muy distinta explicar cómo lo harán.
Al final del día, los números oficiales pueden maquillarse, pero el hambre y la falta de oportunidades en nuestras comunidades, no. Este próximo proceso electoral debe encontrarnos más críticos que nunca. Entendamos que la solución a la pobreza estructural de nuestro estado no caerá del cielo ni vendrá de la buena voluntad de un candidato; vendrá de la fuerza, la educación y la unidad del pueblo tlaxcalteca exigiendo lo que por derecho le corresponde.
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