• Mil 500 antorchistas protestarán este martes contra la falta de obras, crisis de salud y rezago económico
Mientras las autoridades estatales y federales insisten en pregonar los supuestos avances de su administración, presentando a todos la imagen de un país en transformación, y en el caso de Tlaxcala, un estado cuyo avance va dirigido hacia el camino del desarrollo y el progreso, miles de ciudadanos, especialmente de las colonias pobres y las zonas más marginadas del estado, se enfrentan a una realidad totalmente alejada de los discursos de prosperidad que tanto presumen nuestros gobernantes.
En Tlaxcala hace falta solución a la demanda de servicios elementales como electrificación, agua potable y salud, entre otras carencias que ponen en tela de juicio las “promesas de bienestar”.
Actualmente, el estado atraviesa una seria crisis: el incremento de la pobreza, la falta de los servicios básicos, las necesidades sin atender, y el colapso en la gestión de los desechos dan como resultado una ciudadanía fastidiada de las eternas promesas de campaña que nunca llegan a materializarse.

Las cifras oficiales no mienten, aunque el discurso político intente matizarlas con falsas declaraciones de prosperidad. Según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) y el Inegi, más del 40 % de la población tlaxcalteca se encuentra en situación de pobreza multidimensional.
Por si eso fuera poco, Tlaxcala figura entre los estados con mayor incremento histórico en pobreza extrema, donde carencias como el acceso a una alimentación nutritiva y de calidad han escalado para afectar a casi el 35 % de sus habitantes.
Es en este contexto que lo que exigen las comunidades no son concesiones de lujo, sino lo mínimo para tener una vida digna, como la ampliación de la red de drenaje y electrificación en la colonia María Luisa de Ixtacuixtla y en Cuauixmatlac, Chiautempan; así como adoquinamientos urgentes en San Cayetano, Nanacamilpa.
A esto se suman imperativos de educación y salud integral: la creación de una preparatoria y un centro de salud en la colonia La Antorcha en Acuitlapilco, la construcción de aulas para cuatro escuelas de nivel preparatoria Emsad (Atotonilco, Zaragoza, Díaz Ordaz y Santa Cruz Pocitos), una telesecundaria y apoyos agropecuarios en la ranchería Pocitos (Altzayanca).
Tlaxcala figura entre los estados con mayor incremento histórico en pobreza extrema, donde carencias como el acceso a una alimentación nutritiva y de calidad han escalado para afectar a casi el 35 % de sus habitantes.
Además, reclaman dos puentes pluviales en la colonia 6 de junio (Zaragoza, Huamantla) y la dignificación de áreas comunes en Santa Cruz Tlaxcala.
Como si la negligencia en infraestructura no fuera suficiente, la ineficacia de la administración pública ha desencadenado una contingencia sanitaria. La falta de planeación responsable ha generado un problema generalizado con la recolección de los residuos.
Apenas en octubre de este 2026, la saturación del relleno sanitario de Atlangatepec obligó a declarar una emergencia ambiental, suspendiendo las rutas de recolección en más de 49 municipios de la entidad.
Tlaxcala genera diariamente entre mil 200 y mil 470 toneladas de residuos, lo que ha provocado la acumulación de desechos, transformando las colonias en latentes focos de infección y evidenciando la ineptitud logística para evitar aglomeraciones tóxicas.

Ante este panorama de asfixia económica, insalubridad y oídos sordos, la movilización ciudadana se ha vuelto la única herramienta para exigir ser escuchados.
Los antorchistas, conscientes de que el pueblo organizado es quien puede hacer frente a las injusticias de las autoridades, saldremos a las calles. Por tal motivo, el próximo martes 27 de octubre, más de mil 500 antorchistas tlaxcaltecas saldremos a marchar desde dos puntos clave: La Virgen y las oficinas generales del Cecyte.
Esta protesta no es un simple acto político; es la consecuencia directa de un Estado que le ha fallado a sus habitantes y el reclamo genuino de un pueblo que se cansó de promesas vacías. Si las autoridades continúan minimizando las necesidades de la gente, el descontento seguirá desbordándose.
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