El lunes 12 de enero se terminaron las vacaciones, los niños y jóvenes volvieron a la escuela. No obstante, el peligro se cierne sobre ellos. Hace muchos años que los mexicanos entonan su Himno Nacional, algunos, quizá los menos, sin entenderlo a cabalidad, otros, espero que los más, pensando en un pasado remoto que no habrá de volver nunca. “Mas si osare un extraño enemigo, profanar con su planta tu suelo, piensa ¡oh Patria querida! que el cielo un soldado en cada hijo te dio”. Bello, sin duda, nos identifica y nos unifica. ¿Cuánto tiempo hacía ya que ninguna fuerza extranjera amenazaba con invadir nuestra patria, menos aún, el país militarmente más poderoso de la tierra y con una frontera con nosotros de mil kilómetros? Ahora ha sucedido: “Vamos a empezar -dijo el pasado jueves 8 de enero el presidente Donald Trump- a atacar por tierra a los cárteles, los cárteles están controlando a México”.
¿Será, en efecto, aunque ilegal solamente una embestida contra los cárteles? Nadie lo puede asegurar. El pasado tres de enero, un gran contingente del ejército de Estados Unidos invadió Venezuela y se llevó secuestrado a su presidente, Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, presentando ante el mundo los hechos como la captura de unos delincuentes acusados de ser narcotraficantes. Pero, casi inmediatamente, el propio presidente de Estados Unidos, empezó a hacer declaraciones que nada tenían que ver con el proceso judicial de unas personas acusadas de cometer delitos sino con los abundantes recursos petroleros de Venezuela.
Aunque parezca increíble dijo que esperaba que Estados Unidos manejara a Venezuela y extrajera petróleo de sus enormes reservas durante muchos años y, unos días después, su secretario de Energía, Chris Wright, aseguró que las petroleras estadounidenses Chevron y Shell, la española Repsol y la italiana ENI, “elevarán de inmediato” su inversión en Venezuela. ¿Cuál piensa usted que haya sido entonces la verdadera causa del abusivo despliegue militar? ¿Cuál será si se llega a ejecutar aquí ya que también México tiene petróleo y otros muchos recursos naturales? Quede la respuesta a estas interrogantes como otras grandes preocupaciones por el futuro de nuestros hijos y nietos.
Digo “otras” porque estoy plenamente convencido de que la situación no es nada halagüeña para los trabajadores del país y menos para sus hijos. Ya se dijo, sólo como curioso botón de muestra, que en una tienda comercial de las más grandes y surtidas, se les quedaron amontonadas las roscas de reyes. ¿Ya no existe la costumbre de reunirse a partirlas y ver divertidos a quién le toca el muñequito? ¿Eran de baja calidad? Nada de eso. Después de los gastos -de los que los pudieron hacer- del Buen fin, de las posadas, de los regalos, la navidad, la cena de año nuevo, los encargos a Melchor, Gaspar y Baltasar y las salidas de vacaciones aunque sólo fuera al pueblo a ver a los viejos, todo para beneficiar en última instancia a los grandes empresarios, el monedero ya no resistió y no hubo dinero suficiente para una rosca. Por eso se quedaron apiladas.
Los niños y los jóvenes regresaron a clases. Pero sepa usted que ha disminuido drásticamente la cantidad de alumnos que asisten a las escuelas. Según datos de la SEP, cuando empezó el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, en el ciclo escolar 2018-2019, se tenían registrados 35.8 millones de alumnos en todos los niveles (el dato no precisa si esos eran todos los que estaban en edad de asistir) y, en el regreso a clases que comento, según informó el diario La Jornada, reanudaron el ciclo escolar sólo 34.5 millones de estudiantes; como se ve, en estos años la cantidad se redujo en un millón 300 mil educandos sin que se haya notado el efecto favorable de las múltiples ayudas para el bienestar que, como debe saberse, no son otra cosa que el apuntalamiento de los ingresos de unos trabajadores con los salarios de otros trabajadores para no incomodar a la clase empresarial.
Oficialmente se explica la reducción de estudiantes diciendo que la población en edad de educarse está disminuyendo. Pero, entonces, eso no simplifica el problema, lo complica: la población mexicana estaría disminuyendo o, si usted prefiere, dejando de crecer a lo que se le llama Tasa de reemplazo. Un fenómeno de los tiempos en el mundo. ¿Por qué? Porque en la fase terminal del capitalismo, que es por la que transitamos, está disminuyendo la obtención de la ganancia a partir de la compra de fuerza de trabajo que es precisamente la que crea la riqueza.
En consecuencia, se observa una sostenida tendencia en los países del Occidente colectivo (y en el nuestro también) a pagar más barata la fuerza de trabajo. Si esto no sucediera, no serían necesarias las “ayudas del bienestar” (o los “cupones” de los que viven 42 millones de norteamericanos) para completar ingresos durante la vida laboral y para disminuir un poco los daños causados por la ausencia de jubilaciones. Son, pues, gastos del Estado para ayudar a su legitimación y mantener la resignación.
La tendencia a la disminución de los salarios reales y a la no contratación de inmensas masas que no aumentan poderosamente la ganancia, ha obligado a muchas madres a buscar la forma de completar el indispensable gasto familiar aunque sea en el llamado empleo informal y sin ningún tipo de prestaciones. La situación se completa porque, pese a los publicitados programas oficiales de vivienda, el hogar digno sigue siendo algo absolutamente indigno de ese nombre, ubicado a varias horas de distancia del punto al que hay que llegar temprano a ganarse unos cuantos pesos.
En esas duras, durísimas condiciones, no debería extrañar que las familias numerosas se estén extinguiendo y disminuyendo las que tienen uno o dos hijos. Porque, ¿quién llevará a casa el apoyo que procuraba la madre mientras transcurre su embarazo? ¿Quién pagará alguna consulta médica y algunas medicinas? ¿Quién el parto? Y luego, todas las madres del mundo saben perfectamente que un bebé de meses demanda atención constante, más bien, extenuante. ¿Hay guarderías cercanas suficientes? ¿Seguras? ¿Gratuitas? ¿Que sean compatibles con los tiempos de traslado y los tiempos del empleo formal o informal? El amable lector y la lectora sufrida saben que aquí no hay ningún invento ni ninguna exageración, es, simplemente, el México urbano de todos los días ¿Y el del campo? ¿Se satisfacen ahí sí todas las necesidades que no se satisfacen en las ciudades?
Así de que, acercando la lupa a la realidad, no existe otra alternativa que ir posponiendo en la pareja la llegada de un nuevo miembro de la familia o renunciar a ella definitivamente. La población crece menos y empieza a disminuir el número de jóvenes y, consecuentemente, el número de estudiantes. Ya lo ve usted, a la autoridad no le queda más remedio que reconocerlo. La población empieza a envejecer y esto está sucediendo en los países en los que se ha desarrollado enormemente la posibilidad de atender los embarazos, los partos y la plena salud de los años de la primera infancia.
El diario Washington Post publicó una nota con datos sorprendentes que ilustran lo que queda dicho: “El demógrafo Nicholas Eberstadt lo expresó con convicción: El año pasado [en 2023], Francia registró menos nacimientos que en 1806, año en que Napoleón ganó la batalla de Jena; Italia registra el menor número de nacimientos desde su reunificación en 1861; España, el menor desde 1859, cuando comienzan sus cifras modernas de natalidad; Polonia registra el menor número de nacimientos desde la posguerra; lo mismo ocurre con Alemania -y- la UE ha sido una ‘zona de mortalidad neta’ desde 2012, con cuatro muertes por cada tres nacimientos en 2022, una diferencia de más de 1.2 millones” (8 de enero).
La llamada Tasa de fertilidad o de fecundidad mide el número promedio de hijos que una mujer tendría a lo largo de su vida y refleja la capacidad reproductiva de una población y su tendencia de crecimiento, se calcula que una población estable debe tener 2.1 hijos en promedio por mujer sin considerar la migración. La Tasa de fertilidad en Estados Unidos ha estado en declive en los últimos años, los datos recientes informan que cada mujer tiene en promedio 1.6 hijos. México, por su parte, ha pasado de tener 6.5 hijos por mujer hace cinco décadas, a tener menos de 1.9 actualmente. ¿Se acuerda usted de aquella propaganda preventiva de la inconformidad social que causaba la pobreza creciente, que decía: “la familia pequeña vive mejor”? Pues ya vemos que no es cierto, pues el capitalismo pugna por la máxima ganancia. Frente a este cataclismo que asuela al género humano ¿qué valen unos puntos porcentuales de mejoría de la pobreza extrema? Nada. Queda entonces un amargo regreso a clases y un nada próspero año nuevo. Sobre todo si el pueblo no se organiza y lucha.
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