MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Venezuela: los objetivos son el petróleo y el pueblo trabajador

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 ¿Quién en su sano juicio podía haber creído que la embestida contra el presidente de la hermana república de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, era simplemente la aplicación de la ley contra un delincuente? En el Derecho Internacional, aceptado explícitamente por la inmensa mayoría de los gobiernos del mundo, la ley de un país no puede usarse para aplicarla a la gente y en el territorio de otro país. ¿Cómo explicar entonces que un escuadrón de Estados Unidos, armado hasta los dientes y protegido por barcos, aviones, visores y escuchas electrónicos de última generación, realizara “un ataque a gran escala” al pueblo y al territorio venezolano durante la noche y se llevara a un hombre y a su esposa en un helicóptero y los exhibiera secuestrados a todo el mundo?

 ¿Cómo entender que el propio presidente de los Estados Unidos, un país que durante muchos años ha presumido de ser el gran modelo de la democracia y el campeón del respeto a la ley, escarnezca a las víctimas y declare que vio el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Adela Flores, por medio de una transmisión militar en una cómoda sala de su casa “en directo” y “como un show televisivo”? La única forma de comprender el impactante fenómeno es recurriendo a la esencia del modo de producción en el que se encuentra la humanidad, incluido, por supuesto, Estados Unidos, que consiste en apropiarse permanentemente del máximo volumen de trabajo ajeno no pagado y, para que se lleve a cabo el proceso laboral y se produzcan mercancías, son indispensables los recursos naturales y los medios necesarios para trabajar. 

 Históricamente, Estados Unidos ha sido el mejor en la materia. No obstante, como lo ha reconocido explícitamente muchas veces, el propio presidente Donald Trump, su país enfrenta problemas graves que lo han llevado a formular un programa de gobierno que sintetiza con el acrónimo MAGA (Make America Great Again), que en español puede traducirse como Hacer a América (así le llaman a su país) Grande Otra vez. Se reconoce abiertamente, pues, que Estados Unidos ha perdido la grandeza que alguna vez tuvo y que necesita recuperarla. 

El gobierno de ese país vive de prestado, tiene una deuda pública del 122 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y ese gobierno acaba de mantenerse cerrado durante más un mes porque los legisladores no se podían poner de acuerdo en torno al presupuesto a ejercer en este año de 2026. Además, el PIB estadounidense está constituido principalmente por servicios, no por manufacturas y el país soporta un enorme desequilibrio de su balanza comercial, es decir, consume mucho más de lo que produce y el exceso de importaciones no lo cubre con exportaciones sino con emisión de dólares. La situación se complica porque, desde que, en 1971, Richard Nixon, decretó que el dólar no tendría respaldo en oro, la áspera realidad es que el dólar que circula por el mundo no tiene ningún respaldo como no sea el poder militar de Estados Unidos. 

Ahora bien, en los últimos años, un poderoso grupo de países, encabezados por China, Rusia y la India, plenamente conscientes de ello, han empezado a adoptar medidas para defenderse de ese fraude y sustituir al dólar como moneda mundial y, como se entiende, en la medida en que se reduzca la aceptación del dólar en el mundo, se reducirá, más de lo que ya se ha reducido, la capacidad de compra de esa moneda y, por tanto, el poder de Estados Unidos. 

En esas circunstancias, una buena opción para Estados Unidos es apropiarse del petróleo de Venezuela que es el país que tiene las mayores reservas petroleras del mundo que se estiman en 303 mil millones de barriles de crudo, lo que supera en más de seis veces a las reservas petroleras del propio Estados Unidos que se estiman en 45 mil millones de barriles. Venezuela tiene también más petróleo que Arabia Saudita que ocupa el segundo puesto con unos 267 mil millones de barriles, que Irán con 208 mil, que Irak con 145 mil y que los Emiratos Árabes Unidos con 113 mil millones de barriles de petróleo.  

Consciente, quizá, de que nadie creería la versión de que el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, eran vulgares narcotraficantes, el presidente Donald Trump, pasando por encima de la servil propaganda norteamericana y en general de la del occidente que insistían en que se trataba de la captura de delincuentes, declaró, según reportó el diario Washington Post del 4 de enero que “Las compañías petroleras van a entrar. Van a gastar dinero allí y vamos a recuperar el petróleo que, francamente, deberíamos haber recuperado hace mucho tiempo. Se está extrayendo mucho dinero de la tierra. Vamos a recibir un reembolso por todo eso. Vamos a recibir un reembolso por todo lo que gastemos”.

No obstante, no esperó a que las empresas norteamericanas llegaran, invirtieran y comenzaran a obtener jugosas ganancias a partir del petróleo venezolano. No era tan simple. Porque no sólo se necesita apoderarse del oro negro, la obtención de la ganancia exige obligadamente explotar a la fuerza de trabajo que tiene que ser abundante, capacitada, disciplinada y sumisa, sobre todo, sumisa y las élites saben perfectamente que todo ello es resultado de un proceso histórico de acondicionamiento que tendrán que poner en marcha los inversionistas recién llegados.

 También es  imprescindible modernizar las refinerías y realizar cuantiosas inversiones complementarias para asegurar el suministro de agua, energía eléctrica, puertos modernos en operación y vías de comunicación, entre otras obras más. Todo ello exige tiempo y mucho dinero, hay, incluso, especialistas que aseguran que restaurar el pico de producción petrolera en Venezuela costaría hasta 100 mil millones de dólares y tardaría diez años.

No es todo. La importante y estratégica mercancía una vez producida necesita venderse, de otra manera la ganancia no se hará realidad. Pero en el mundo no abundan los compradores solventes de petróleo y sus derivados. No es fácil encontrar mercado para grandes volúmenes de crudo, combustibles y otras materias primas esenciales para la industria química que fabrica plásticos, textiles, medicamentos, fertilizantes y otros productos. Un gran estratega que sabía de política y de guerra, Napoleón Bonaparte, dijo: “Los grandes poderes mueren de indigestión”. Había, pues, que actuar más rápido. 

Así se hizo. Dos días después, Donald Trump, mediante un comunicado en redes sociales anunció que “las Autoridades Provisionales de Venezuela entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad y autorizado a los Estados Unidos. Este petróleo se venderá a su precio de mercado y yo, como Presidente de los Estados Unidos, controlaré ese dinero para garantizar que se utilice en beneficio del pueblo venezolano y de Estados Unidos”. La opinión pública mundial debe haber leído atónita semejante ucase. Cincuenta millones de barriles de petróleo equivalen a 3 mil millones de dólares; Donald Trump los recibe, los controla y los gasta, según sus intereses y sin rendirle cuentas a nadie, “en beneficio del pueblo venezolano y de Estados Unidos”.

No llegan hasta aquí los alcances de la agresión a Venezuela. Implica también, y no es menos importante, el debilitamiento de las cadenas de suministro de la producción en los países del BRICS que, como queda dicho, constituyen una seria amenaza a la hegemonía del dólar. También, no pasarlo por alto, un duro golpe a Cuba, otra república hermana, país solidario como pocos que, en el ataque a Venezuela perdió a 32 de sus mejores hijos y, ya debilitada por un bloqueo norteamericano que lleva 65 años, quedará casi sin petróleo (que le proporcionaba Venezuela) y, por tanto, casi sin energía eléctrica.

 Me parece decisivo para esta ocasión y este pretendido análisis, contribuir a que se conozcan algunas palabras del comunicado del Movimiento Antorchista con relación a todos estos hechos porque son un grito solidario y una defensa valiente de nuestra patria: “Antorcha condena ataque armado contra Venezuela y la detención ilegal del Presidente Nicolás Maduro y su esposa… Protestamos, no sólo en defensa de Venezuela, sino de toda América Latina y de nuestra patria, México, en primer lugar. Vemos en la agresión que hoy sufre el pueblo venezolano un peligroso precedente que podría replicarse en otros países de la región que no se plieguen a las exigencias estadounidenses”. 

“La verdad está en marcha y nada la detendrá”, escribió Emile Zola, en su obra “Yo Acuso”.

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