A propósito del concurso de voces que el Movimiento Antorchista del Estado de México realizó este jueves 23 de abril, debo decir que esto no es nuevo, pues durante más de 40 años los antorchistas hemos llevado a la práctica nuestro proyecto en el terreno de la cultura y del deporte; hemos realizado lo que ningún partido u organización ha hecho en México. Mi afirmación es motivo de satisfacción y orgullo, pero, a la vez, de preocupación e inconformidad.
El arte que concebimos los antorchistas no está dirigido a las pequeñas elites que siempre lo han tenido a su disposición, sino a las amplias mayorías de nuestro país.
Satisfacción y orgullo porque la cantidad de grupos que hemos formado en el terreno de la danza, de la música, del canto, del teatro, de la poesía coral etcétera, y la cantidad de niños, jóvenes y adultos que hemos inducido para que practiquen algún tipo de expresión artística, se pueden contar por miles.
Con ello, a través del terreno de la cultura y el deporte les hemos mostrado el camino que más les convenía y esos miles de mexicanos, ahora, muchos de ellos, son buenos ciudadanos y buenos padres de familia, que hoy, a su vez, llevan e invitan a sus hijos a cualquier tipo de disciplina artística. Otros se han convertido en maestros que ayudan a ensayar otros grupos y a preparar a nuevas generaciones de artistas con la misma mística con que fueron formados.
Hemos formado grupos y maestros e inducido a miles de jóvenes y adultos a la práctica del arte y del deporte, alejándolos así de la tentación y el peligro de la drogadicción, el alcoholismo y la delincuencia.

Además de lo anterior, la práctica nos ha dado la experiencia: toda una “escuela” de un arte que no sólo canta, declama, baila, actúa etcétera, sólo “por amor al arte” o sólo para presentarse en teatros, auditorios o foros de lujo, sino para hacer sus presentaciones en cualquier parte; de lujo o humilde; sea una plaza pública o en una calle de cualquier colonia o pueblo.
La razón es muy simple: el arte que concebimos los antorchistas no está dirigido a las pequeñas elites que siempre lo han tenido a su disposición, sino a las amplias mayorías de nuestro país, mismas que sólo han tenido acceso a una mínima y pésima parte del arte creado por los mexicanos.
Antorcha ha impulsado el arte con y para el pueblo mexicano al que pretendemos llevarle un poco de alegría, belleza y sensibilidad artística, que le hagan más llevadera la marginación y sinsabores que le da el hecho de ser explotado y empobrecido.

Este ha sido siempre el objetivo y la práctica del Movimiento Antorchista en el terreno del arte y el deporte a nivel nacional durante 45 años.
Pero, decía, que me provoca preocupación e inconformidad el hecho de que solo Antorcha, (salvo excepciones de algunos personajes o de algunas instituciones como las “casas de las culturas” municipales) se encuentre haciendo algo al respecto.
Cierto que el Movimiento Antorchista ha hecho lo que puede para llevar arte al pueblo, pero esto resulta insuficiente, muy insuficiente. Somos un país de 134 millones 400 mil mexicanos y lo realizado hasta ahora es una verdadera “gota de agua en el desierto”.
¡Falta mucho, mucho!

Pero, quizás lo malo no es lo que falta, sino la visión, la actitud y el trabajo que organismos, instituciones e individuos hacen al respecto. ¿Qué hacen? Nada, o prácticamente nada. Me refiero a que, pudiendo hacer mucho, no lo hacen.
La preocupación principal, fundamental y casi única de los que tienen el poder político, de quienes depende asignar recursos económicos para realizar actividad cultural y deportiva no ha sido nunca, ni lo es, usar la cultura y el deporte para elevar al hombre, para sacarlo de su ignorancia o alejarlo de los vicios.
Esto no les importa en absoluto; para ellos su prioridad consiste en la manipulación mediática, y eso sólo en periodos de elecciones, donde sí gastan para repetir en el poder o heredárselo a algún pariente o amigo que le cubra todas las trapacerías y corrupción que provocaron en su mandato.
En ese sentido nadie espere, que los convenencieros y corruptos de siempre vayan a cambiar, de repente, su actitud hacia la cultura y el deporte.
Sólo los antorchistas continuaremos utilizando esta herramienta para formar y forjar un hombre nuevo, distinto a los demás: culto, sensible, inteligente y solidario con sus semejantes.
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