MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Sobre el nuevo puerto de Manzanillo

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Cuando circule este modesto trabajo, seguramente la realidad habrá mostrado ya su veredicto final, sobre el futuro próximo que amenaza a la clase trabajadora que sobrevive en las colonias populares de Manzanillo, dominios del puerto marítimo más importante de todo el litoral mexicano.

El tema que se debate públicamente hoy, es el referente a la construcción, o no, del megaproyecto del nuevo puerto de Manzanillo en el Vaso II de la laguna de Cuyutlán.

Y todo cuanto se dice, aunque de manera soterrada en sus partes más nocivas, no es, ni debería ser, irrelevante para el interés de todos. Por esto, y sólo por esto, dejo aquí una humilde opinión.

Las obras del megaproyecto alterarán inevitablemente el intercambio natural de agua entre la laguna de Cuyutlán y el mar, modificarán la dinámica del sistema lagunar, afectarán humedales y provocarán daños sobre extensas áreas de manglar.

El proyecto está impulsado a no dudar, por los grandes empresarios locales, nacionales y extranjeros, representados, como siempre suele suceder bajo la dominación del gran capital, por los poderes fácticos de la nación; en nuestro caso, por la Secretaría de Marina y la Administración del Sistema Portuario Nacional (Asipona), con total y absoluta connivencia y participación del gobierno federal, estatal y municipal.

Recordemos que, "los modernos gobiernos, no son sino una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa" (MPC, 1847). Y esto, dicho hace 149 años, aplica en el tema que hoy nos ocupa.

Todos quienes impulsan semejante "megaproyecto" ofrecen, lo mismo que siempre han ofrecido los potentados a las clases trabajadoras a lo largo de la historia; que el aumento en la opulencia en los de arriba, goteará por inercia bienestar a todos los de abajo. Pero esto es un engaño. Nada es más falso que las promesas que hace un explotador a sus explotados.

Dos sacrificios fundamentales distingo que exigen los empresarios y sus gobiernos en Manzanillo, a cambio de una gota de supuesto bienestar. Por un lado, una inversión millonaria de recursos públicos; y por el otro, la destrucción del ecosistema y la actividad económica del Vaso II de la laguna de Cuyutlán.

Del primero, ya Marx lo dejó dicho en la cita señalada. La presidenta de la república deja siempre rubricada su connivencia con los empresarios, en las múltiples visitas que hace al puerto cada vez que viene a Colima. El megaproyecto contempla una inversión de más de 55 mil millones de pesos para ampliar el recinto, de 450 a más de mil 880 hectáreas; incluye la construcción de cinco terminales especializadas de contenedores y obras de conectividad ferroviaria, y ofrecen, una vez terminado, que el puerto buscará triplicar su capacidad anual hasta alcanzar movilizar diez millones de TEU (contenedores). Se sabe que pretenden, incluso, iniciar las obras de construcción en 2026, para finalizar con la mega infraestructura en el 2030.

Del segundo sacrificio se encargan también los gobiernos, quienes trabajan para convencer y someter a los inconformes, merecedores, pase lo que pase, de toda nuestra solidaridad por su valiente iniciativa. La voz de alarma la dieron a la opinión pública la Sociedad Cooperativa de Salineros de Colima, las sociedades cooperativas de pesca de la laguna de Cuyutlán, y el movimiento Salvemos Cuyutlán, entre otras organizaciones civiles más.

La exigencia es muy concreta: que se niegue al megaproyecto la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), en tanto no se consulte suficientemente a los posibles damnificados. La justificación de la negativa que se pide es sobradamente evidente, pues las obras del megaproyecto alterarán inevitablemente el intercambio natural de agua entre la laguna de Cuyutlán y el mar, modificarán la dinámica del sistema lagunar, afectarán humedales y provocarán daños sobre extensas áreas de manglar, además de impactar a especies de aves migratorias que utilizan este ecosistema durante sus ciclos biológicos. Todo esto, sin contar el golpe demoledor que caerá sobre la actividad laboral de cientos de pescadores y salineros.

Y las manifestaciones ya están en las calles frente a todo aquel que las quiera ver; y digo que, "el que las quiera ver", porque las autoridades gubernamentales, no obstante, los reclamos sobradamente argumentados de los inconformes, siempre dan por hecho en sus declaraciones públicas que, pase lo que pase, la obra del nuevo puerto va.

Pero falta otro sacrifico básico y fundamental que exigen los inversionistas del nuevo puerto. Sacrificio sin el cual no verán nunca jamás aumentada su tasa de ganancia; me refiero, a la condición básica de toda riqueza habida y por haber: la fuerza de trabajo. Para esta condición, el ejercicio malévolo comenzó ya desde el sexenio gubernamental federal pasado, con participación activa del gobierno estatal y municipal.

Por un lado, permitió exageradamente la conversión del uso de suelo agrícola en suelo destinado a la instalación de patios para el manejo de contenedores; cercando las colonias populares con filas enormes de cajas metálicas apiladas que estorban la visión circundante. Y al mismo tiempo, se promovió aceleradamente la creación de colonias regulares e irregulares, de interés social, a modo de pequeñas y modernas barracas destinadas a contener amontonada, a toda la fuerza laboral y sus familias.

Por otro lado, se aceleró la maniobra corruptora de la juventud, aquella que consiste en poner en sus manos dinero fácil y rápido. No bastaron las becas que la federación ya daba casi sin control a los bachilleres y universitarios; el gobierno municipal da, ahora, además, nueve mil pesos a cada universitario manzanillense. La maniobra es tan perversa como efectiva: convertir a los jóvenes en adictos al salario.

Y esta trágica historia que cae hoy sobre la clase trabajadora de Manzanillo, es la misma que han tenido que asimilar los trabajadores del mundo desde que nació el modo capitalista, para poder sobrevivir con éxito a su miseria dondequiera que se ha presentado.

Por eso, el autor de El Capital, dejó dicho en su obra algo que no debemos olvidar: "...la producción capitalista sólo sabe desarrollar la técnica y la combinación del proceso social de producción, socavando (destruyendo) al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre" (Tomo I, Cap. XIII, Ed. FCE).

La resistencia para salvar la laguna de Cuyutlán debe seguir; pero requiere de la participación efectiva y organizada de todos, porque todos somos agraviados. Sobre todo, y fundamentalmente, de los hombres y mujeres portadores de la condición básica de toda riqueza: la fuerza de trabajo. Hoy es por la laguna de Cuyutlán; pero mañana puede ser por nuestra vivienda misma.

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