MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Sin lograr sus objetivos, Estados Unidos detiene la agresión contra Irán

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Hace unas cuantas horas se informó que se detenía “por dos semanas” el ataque criminal que las fuerzas armadas de Estados Unidos e Israel desataron en contra de la República Islámica de Irán. Es muy pronto para predecir qué es lo que va a pasar en los próximos días y semanas. No obstante, si tomamos en cuenta que el presidente de Estados Unidos se ha caracterizado por ser el más claro y decidido representante de las urgencias norteamericanas en la época de la decadencia del imperialismo, el hecho de que se haya visto obligado a suspender sus feroces ataques cuando ya había jurado que “una civilización entera morirá esta noche, para no volver jamás”, no es de ninguna manera poca cosa para la heroica resistencia iraní.

El pasado 28 de febrero el mundo entero se estremeció. A las 8:57 hs tiempo de París se dio a conocer una declaración oficial pregrabada por el gobierno de Estados Unidos en la que se decía: “Hace unos minutos, el ejército estadounidense ha lanzado una operación militar a gran escala en Irán. Nuestro objetivo es defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inminentes que representa el régimen iraní, un grupo cruel compuesto por individuos extremadamente duros y terribles… Vamos a destruir sus misiles y arrasar con su industria de misiles. Una vez más, quedará totalmente aniquilada. Vamos a aniquilar su armada…”.

Diez días después de iniciada la embestida, el 9 de marzo, Donald Trump, le informó contundente a la cadena CBS: “Creo que la guerra está prácticamente concluida" y le aseguró que el plan bélico de EE.UU. va “muy por delante de lo previsto… No tienen armada, ni comunicaciones, ni fuerza aérea, sus misiles están dispersos, sus drones están siendo destruidos por todas partes, incluyendo sus fábricas de drones. Si nos fijamos, no les queda nada. No queda nada en términos militares". ¿Nada?

El imponente y carísimo portaaviones “USS Gerarld R. Ford”, buque insignia de la escuadra de ataque a Irán ubicada estratégicamente en el Golfo Pérsico, tuvo que ser retirado de su posición, según se informó, porque sufrió un incendio en la zona de lavandería y se le taparon los sanitarios para el personal que hacía una cola de hasta 45 minutos para poder usar el inodoro. Si estas informaciones son ciertas, deberían preocupar hondamente a todos los jefes del más caro ejército del mundo y, si son falsas y encubren un sabotaje interno o los destrozos causados por los misiles y los drones iraníes que “ya no existen”, peor aún. Algun día sabremos la verdad.

No es todo lo que apareció dañado por el destruido equipo militar iraní. Un F-15E Strike Eagle fue derribado el 3 de abril y sus dos pilotos fueron rescatados con éxito; un A-10 Thunderbolt II, fue derribado también el 3 de abril y el piloto fue rescatado, pero aeronaves de rescate (HC-130, HH-60, MH-6, UH-60) y varios helicópteros resultaron impactados. Dos aviones HC-130 y dos helicópteros MH-6 fueron destruidos en tierra por EE.UU. para evitar su captura y, entre otros graves daños más, el 27 de marzo, un avión de alerta temprana E-3 Sentry, fue destruido en tierra por un ataque iraní a la Base Aérea Príncipe Sultán en Arabia Saudita.

¿Qué más contribuyó a la suspensión de los ataques por parte del encolerizado presidente de Estados Unidos?

Uno. El cierre total por parte de Irán del paso de enormes buques con hidrocarburos por el Estrecho de Ormuz. Si recordamos que por ahí pasaba el 20 por ciento del petróleo que se consume en el mundo, el tapón tiró la oferta por los suelos y elevó los precios del petróleo que hicieron aullar a centenares de miles de empresas de Estados Unidos y sus aliados en todo el mundo. En efecto, tan pronto como se anunció el inicio de las negociaciones y consecuentemente se decidió que se reabriera el estrecho de Ormuz bajo el control de la República Islámica de Irán, los precios bajaron significativamente.

Dos. Los inmensos gastos en mantenimiento, municiones y equipo militar a los que fue sometido Estados Unidos. Desde hace ya algunos años ese país pasó de ser el gran productor y vendedor del mundo, a ser el más grande comprador, el que tiene una balanza comercial negativa con más de cien países; todo lo cual lo ha llevado a vivir de prestado, su deuda pública asciende al 139 por ciento de su PIB. En esas condiciones no podía seguir aventando al aire miles de millones de dólares para parar los drones iraníes que apenas valen unos 35 mil dólares cada uno. Problemas de dinero. ¿De Estados Unidos? Sí. Increíble, pero estrictamente cierto.

Tres. Los estados petroleros del Golfo Pérsico, entenados de Estados Unidos a los que se les permitía existir como Estados-nación y producir, almacenar y vender petróleo en paz, siempre y cuando lo comercializaran en dólares para sostener y apuntalar al petrodólar, a los que se les tenían tropas y bases estadounidenses para garantizar su seguridad, sufrieron bombardeos masivos. Apoyaban al agresor de Irán pues albergaban tropas norteamericanas en bases militares. Las bases fueron destruidas y las tropas huyeron. Los grandes tanques se llenaron de combustibles que no pasaban por el Estrecho de Ormuz, la producción se detuvo, los ingresos no fluyeron y quién sabe qué más iba a pasar. Entraron en pánico, no aguantaban más. Todo el mundo dice que con las dos semanas que ofreció Donald Trump a Irán, les volvió el alma al cuerpo. ¿Será?

Y cuatro. En noviembre hay elecciones al Congreso y al Senado en Estados Unidos y Donald Trump y su partido Republicano se encuentran en uno de sus puntos más bajos de los últimos años, sólo el 23 por ciento de los norteamericanos apoya a Donald Trump, la mayoría quiere que se vaya o, por lo menos, no votaría “republicano”. Cada día que pasa en guerra, con aumento de los precios internos de la gasolina y el diesel, con gastos sobrecogedores que ya se le están cargando al contribuyente y hasta con la amenaza de que miles de muchachos vayan a la guerra de Donald Trump y Benjamín Netanyahu y regresen en bolsas de hule, el porcentaje de sus partidarios se recorta a diario.

Estados Unidos propuso una lista de quince puntos para llegar a acuerdos y conceder la paz a Irán. ¿Qué decir de las exigencias del imperialismo norteamericano? Para tratar de responder a la pregunta, comparemos brevemente el acuerdo que ya tenía Irán con el presidente Obama, con lo que existe ahora, luego de la guerra: 

 1) Con Obama: el estrecho de Ormuz estaba abierto sin restricciones; después de la guerra de 40 días con Trump: el estrecho de Ormuz queda cerrado y solo se abrirá, si se llega a acuerdos, a cambio de 2 millones de dólares por barco.

2) Con Obama: Irán limitó el enriquecimiento de uranio; después de la guerra de 40 días con Trump: Irán no ofrece garantías de limitar el enriquecimiento de uranio.

 3) Con Obama: Irán se comprometió a no fabricar armas nucleares; después de la guerra de 40 días con Trump: Irán no ofrece garantías de no fabricar armas nucleares, y

 4) Con Obama: Irán se comprometió a permitir que inspectores internacionales comprueben el cumplimiento; después de la guerra de 40 días con Trump: Irán no ofrece garantías de permitir la entrada de inspectores internacionales.

La espantosa dominación de más de 150 años se tambalea pero no ha terminado. La voracidad sobre los recursos del planeta para seguir engordando a una ínfima minoría de plutócratas, no ha cesado ni tampoco las guerras para asegurar las posiciones clave para retenerlos. Las agresiones continuarán. Se la tienen sentenciada a los entrañables hermanos cubanos, a Líbano, a Venezuela que no los ha saciado, a Groenlandia y a quien se atreva a defenderla, a Rusia y a China que cometen el crimen imperdonable de existir y, desde luego, también, no lo pasemos por alto, a la patria mexicana a la que ahora se agita desde el extranjero fingiendo mortificación por la llaga de los desaparecidos.

El mundo está cambiando de fase. Quedémonos con el ejemplo imperecedero del heroico pueblo iraní y sus gobernantes patriotas, por su entereza ante a los mortíferos misiles y, más importante todavía, por su resistencia inquebrantable a la devastadora propaganda envenenada que pagaron sin resultados los yanquis para empujarlos a derrocar a su gobierno. Ellos confirman al mundo entero que sí, que es la hora de los pueblos. No cejemos un instante, la organización y la conciencia de los desposeídos es el camino para la definitiva liberación.

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