MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

CRÓNICA | Torreón, bajo el agua: entre la tormenta y el abandono

image

• La lluvia con granizo inundó viviendas y dejó a más de 300 familias a merced del clima y la falta de apoyos

Lo que comenzó como un sábado cualquiera en Torreón terminó exhibiendo, una vez más, la fragilidad en la que viven miles de familias de la Comarca Lagunera.

Cuando las viviendas no resisten y cuando la ayuda no llega a tiempo, ya no se trata sólo de clima: se trata de falta de planeación, de inversión y de coordinación entre los tres niveles de gobierno.

Eran las 18:45 horas cuando el cielo se tornó oscuro y el viento comenzó a soplar con violencia. En minutos, las ráfagas alcanzaron hasta 36 km/h y la lluvia se dejó caer con furia, acompañada de granizo que golpeaba sin piedad techos, ventanas y vehículos. Lo que parecía una tormenta más pronto se convirtió en una escena de desastre.

Pero lo ocurrido no puede explicarse únicamente como un fenómeno natural.

En colonias como Nueva Aurora, Compresora, Aquiles Serdán, Ferrocarrilera, Victoria, Nuevo México y San Joaquín, las calles se transformaron en ríos desbordados. El agua invadió viviendas, arrasó con pertenencias y obligó a las familias a enfrentar, una vez más, la misma historia: la de vivir en zonas donde cada lluvia fuerte se convierte en amenaza.

El granizo cubrió todo a su paso. Árboles arrancados, bardas derribadas y techumbres colapsadas, incluso en escuelas, dejaron claro que la ciudad no está preparada para resistir este tipo de fenómenos naturales.

En la colonia Nueva Aurora, la familia López Hernández vivió el terror en carne propia. “Escuchamos cómo el techo crujía y pensamos que se nos venía encima”, relató María López, mientras protegía a sus hijos en medio del estruendo.

Sin embargo, lo más grave vino después.

“Ya llevamos dos días sacando agua de la casa y nadie viene a ayudarnos”, denuncia una vecina afectada. “Protección Civil vino a ver, pero del gobierno federal no hemos visto a nadie. Todo lo hemos hecho entre vecinos.”

La cifra es contundente: más de 300 familias afectadas directamente en su patrimonio. Pero más allá de los números, lo que queda al descubierto es una realidad incómoda: la vulnerabilidad no es producto del azar, sino del abandono.

El desastre tiene responsables. Porque cuando las calles se convierten en ríos cada temporada de lluvias, cuando el drenaje colapsa, cuando las viviendas no resisten y cuando la ayuda no llega a tiempo, ya no se trata sólo de clima: se trata de falta de planeación, de inversión y de coordinación entre los tres niveles de gobierno.

Las lluvias dejaron al descubierto una herida vieja y profunda: la precariedad en la que viven cientos de familias y la indiferencia institucional que las rodea.

Hoy, mientras el cielo se despeja, en Torreón la escena es otra: personas sacando agua con cubetas, limpiando lodo, rescatando lo poco que quedó en pie. La reconstrucción corre, una vez más, por cuenta de los propios ciudadanos.

Y es ahí donde surge la verdadera pregunta: ¿Cuántas veces más tendrá que repetirse esta historia para que se atienda de raíz?

Detrás de cada tragedia hay un pueblo que trabaja, que sufre, que resiste y que vuelve a empezar cuantas veces sea necesario, pese a la inclemente naturaleza y pese a la negligencia gubernamental.

Pero también hay una responsabilidad que no puede seguir ignorándose. Porque al final del día, la cámara, la palabra y la presencia no bastan si no sirven para unir esas voces, darles eco y convertirlas en exigencia. 

No basta con narrar la tragedia: es necesario señalar sus causas y demandar soluciones.

Lo ocurrido en Torreón no es sólo una tormenta: es el reflejo de un modelo que deja a los más vulnerables a su suerte. Y eso, más que un fenómeno natural, es una injusticia.

0 Comentarios:

Dejar un Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados *

TRABAJOS ESPECIALES

Ver más