• La influencia comercial extranjera desplaza costumbres ancestrales que fortalecen la identidad cultural mexicana
México es un país lleno de historia, cultura y tradiciones que han pasado de generación en generación. Cada celebración, cada costumbre y cada expresión cultural nos habla de quiénes somos y de dónde venimos.
Sin embargo, en los últimos años hemos visto cómo algunas tradiciones extranjeras han ganado popularidad entre los mexicanos, mientras que las nuestras en ocasiones van quedando en segundo plano. Esto nos lleva a reflexionar sobre la importancia de conservar nuestras raíces y evitar que, con el paso del tiempo, olvidemos una parte de nuestra propia historia.
En el norte de México particularmente, en estados como Coahuila, es común observar cómo Halloween tiene una gran presencia entre niños, jóvenes y adultos, mientras que el Día de Muertos no siempre recibe la misma atención. Para comprender esta situación, primero debemos conocer qué significa cada celebración.

Halloween es una festividad que tiene sus antecedentes en el Samhain, una celebración de los antiguos pueblos celtas relacionada con el fin de la temporada de cosechas y sus creencias sobre el mundo de los muertos.
Con el paso del tiempo, esa tradición se mezcló con otras costumbres y llegó a Estados Unidos mediante inmigrantes europeos, especialmente irlandeses, donde adquirió características como los disfraces, las calabazas decoradas y la costumbre de pedir dulces de casa en casa.
Con los años, Halloween se convirtió en una celebración muy popular en Estados Unidos y posteriormente se extendió a otros países. Su presencia en películas, series, redes sociales y campañas publicitarias ha contribuido a que millones de personas conozcan y adopten sus costumbres.
Además, representa una importante oportunidad comercial, pues cada año se venden disfraces, dulces, decoraciones y distintos productos relacionados con la fecha. En esta sociedad donde el consumo ocupa un lugar tan importante, la publicidad tiene una gran capacidad de influir en nuestros gustos y preferencias.
Por eso, la popularidad de Halloween no puede explicarse únicamente por la diversión que ofrece, sino también por la fuerza de las industrias que lo promueven.
Por otra parte, el Día de Muertos es una tradición mexicana que tiene sus raíces en las prácticas de los pueblos indígenas, y que con la llegada de los españoles se transformó mediante el encuentro con celebraciones católicas dedicadas a los difuntos.

Se celebra principalmente el 1 y 2 de noviembre y tiene como propósito recordar y honrar a nuestros seres queridos que han fallecido a través de los altares, las fotografías, las veladoras, las flores de cempasúchil y los alimentos que se colocan en las ofrendas.
Las familias mantienen presente la memoria de quienes formaron parte de sus vidas. Con cada uno de estos elementos se expresa cariño, respeto y el deseo de conservar vivos los recuerdos de las personas que ya no están con nosotros.
Pero el Día de Muertos no consiste solamente en colocar un altar o adorno en nuestras casas. Su verdadero valor está en lo que representa para las familias y las comunidades, es decir, la posibilidad de recordar nuestra historia, compartir experiencias y transmitir en las nuevas generaciones las enseñanzas de quienes nos antecedieron.
Esta celebración nos recuerda que somos parte de una historia colectiva y que nuestra identidad también se construye con las experiencias de nuestros padres, abuelos y antepasados. Por eso se practica cada año, porque recordar es una manera de mantener presentes nuestros vínculos y evitar que las historias de quienes nos precedieron se pierdan con el tiempo.
Además, esta tradición constituye una de las expresiones más importantes de la cultura mexicana y ha sido reconocida por la Unesco como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.
Entonces, ¿por qué Halloween parece ganar cada vez más terreno en algunas regiones de nuestro país? En el norte de México, la cercanía con Estados Unidos facilita el intercambio cultural y hace que sus celebraciones tengan una presencia constante en nuestra vida cotidiana.
El problema no es que celebremos Halloween, sino que lleguemos a conocer mejor una tradición extranjera que la historia y el significado de nuestras propias costumbres.
A esto se suma la influencia del cine, las redes sociales y la publicidad que presentan a Halloween como una fiesta atractiva y divertida. Mientras tanto, el Día de Muertos puede perder presencia cuando no se explica su significado o cuando las nuevas generaciones dejan de encontrar espacios para conocerlo y practicarlo.
El problema no es que celebremos Halloween, sino que lleguemos a conocer mejor una tradición extranjera que la historia y el significado de nuestras propias costumbres.
También debemos reconocer que vivimos en una sociedad donde los intereses económicos influyen en muchos aspectos de nuestra vida, incluida la cultura. Las empresas buscan generar ganancias y encuentran en las celebraciones una oportunidad para vender sus productos.
De esta forma, algunas festividades reciben una enorme difusión sólo porque representan un mercado rentable. Sin embargo, nuestras tradiciones no deberían valorarse solamente por el dinero que generan, sino por lo que significan para nuestra historia y nuestra gente.
Cuando una costumbre se convierte únicamente en una mercancía, corremos el riesgo de olvidar su significado más profundo. Por eso, conservar nuestras tradiciones también implica aprender a mirar críticamente la influencia del consumo en nuestra manera de vivir y relacionarnos con la cultura.

Los jóvenes tenemos una responsabilidad importante en esta tarea; muchas veces conocemos las tendencias que vienen de otros países, pero sabemos poco sobre el origen de nuestras propias celebraciones.
¿Cuántos conocemos realmente la historia del Día de Muertos? ¿Cuánto sabemos del porqué se colocan flores de cempasúchil en los altares o qué representan las ofrendas?
Estas preguntas nos muestran que no basta con repetir una costumbre; necesitamos comprenderla. Las escuelas y las casas del estudiante de la FNERRR, en conjunto con las masas populares, contribuyen organizando exposiciones, compartiendo relatos familiares y realizando actividades culturales que nos permitan conocer nuestras raíces.
La educación debe ayudarnos no solamente a prepararnos para el trabajo, sino también para comprender nuestra historia y la sociedad en la que vivimos.
Rescatar nuestras tradiciones no significa rechazar todo lo que viene de otros países, ni impedir que las culturas intercambien sus costumbres. Conocer otras formas de celebrar puede ser enriquecedor siempre que no implique menospreciar las nuestras.
Lo importante es aprender a valorar nuestra cultura sin creer que es necesario imitar otras para ser modernos. El Día de Muertos tiene un valor que va más allá de sus adornos, ya que conserva la memoria de nuestros seres queridos, fortalece los lazos familiares, y esto nos permite transmitir una parte de nuestra historia a quienes vienen detrás de nosotros.

Mantenerlo vivo requiere interés, conocimiento y la participación de toda la sociedad. Halloween y el Día de Muertos tienen historias diferentes; claro que pueden coexistir, pero es importante que no olvidemos el valor de aquello que hemos heredado de nuestros antepasados.
No permitamos que nuestras costumbres desaparezcan por desconocimiento o porque otras celebraciones reciben mayor difusión. Aprovechemos cada Día de Muertos para recordar a quienes amamos, conocer nuestra historia y enseñar a las nuevas generaciones el significado de esta tradición.
Porque un pueblo que conoce y valora sus raíces comprende mejor su presente y tiene más herramientas para construir su futuro. Defender nuestras tradiciones es mantener viva la memoria, la cultura y la identidad de México.
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