Hoy que la crisis económica nos aprieta más fuerte, quiero agradecer a todos mis estimados lectores por brindarme cinco minutos de su valioso tiempo para leer lo que en este espacio comparto con ustedes; porque en medio del caos con el que nos boicotean los medios de comunicación es necesario hacer una pausa y reflexionar sobre la realidad que día tras día nos golpea el rostro: la falta de empleo; problema socioeconómico que está presente en millones de hogares a lo largo y ancho del país.
Hace unos días, caminando por la avenida Pepe del Rivero, me encontré a don Juanito, con el cual, a través de la compra de su famosa agua de coco, entré en conversación. Su humildad no estaba peleada con su inteligencia y claridad con la que analizaba los asuntos que en ese momento discutía con otro cliente.
Los programas sociales de los que actualmente presume el gobierno salen de nuestros impuestos y no resuelven de fondo ningún problema.
“Bueno, es que tú eres cabezón, no quieres entender, este gobierno nos tiene más pobres y cada vez más marginados. Te pongo un ejemplo: este triciclo donde cargo mis cocos lo compré hace tres años por dos mil quinientos pesos. Ahora, ve y trata de comprar otro igual; no lo vas a encontrar a ese precio en el estado y en todo el país. Yo ya fui a preguntar ayer en varios lugares y no baja de ocho mil pesos; que porque los rines, que porque la estructura del carrito, que las llantas, en fin, no hallaban cómo explicarme por qué era tan alto el precio.
Allí renuncié a comprarme un triciclo nuevo y fui a casa de mi compadre, el hojalatero, a que le diera una chaineadita a este gran vehículo, que, bendito Dios, es el que me transporta mis cocos, con lo que mantengo a mi familia.
Tú sigues comentando que estamos mal por culpa de todos los anteriores gobiernos neoliberales y la verdad yo no estoy en ningún partido político, pero sí me doy cuenta que los que hoy nos gobiernan son iguales que los de antes, sólo se cambiaron de disfraz, pero siguen habiendo el compadrazgo y la corrupción entre los que administran el dinero del pueblo; así que no me vengas con que estamos mejor.
Yo aquí sigo vendiendo mi agüita de coco desde hace más de ocho años; vagando de esquina en esquina me gano mis centavitos dignamente trabajando; ya cuando llevo mis 250 pesos libres de lo que invierto, para mí ya es ganancia. Entiende, Pancho”.

Y mientras esperaba mi agua de coco, escuché el final de esa conversación. “Mira, Panchito, así como me ves, he tocado cientos de puertas buscando trabajo, y lo primero que me preguntan es ¿cuántos años tienes?, y cuando les contesto que 61, rápido me responden, ¡no, abuelo, aquí necesitamos chavales! ¡Ni en la construcción, ni de empleado doméstico contratamos a viejitos! Y zas, me dan con la puerta en las narices; no, chavo, está caraja la situación.
Pero, además, no creas que soy el único que no encuentra empleo, mi hija se acaba de juntar con un canijo y tiene rato sin encontrar trabajo; y eso que es muchísimo más joven que yo.
Entonces yo me pregunto: ¿dónde está el bienestar?, ¿dónde está la felicidad que dicen que tenemos todos los mexicanos? No, amigo, la realidad es dura. No hay empleo.
Este gobierno no se ha preocupado en generar más empleos; siempre te dicen que te apoyan con programas sociales y que con eso le dan de comer al pueblo, pero no es verdad, mírame a mí, mira a mi yerno, mírate a ti, ¿acaso tienes empleo? No, amigo.
Esos programas sociales salen de la bolsa de todos los que pagamos impuestos, o sea, salen de nuestra bolsa, porque aquí, como me ves, yo también pago impuestos como todos los mexicanos.

Ahora que vendo mis cocos, vieras cómo los fiscales del municipio me persiguen hasta que logran que yo les pague una cuota diaria. Si me ven en una esquina, me amenazan con quitarme la mercancía; si me ven en otra esquina, van y me exigen la cuenta del día; no, Panchito, si vieras todas las chocoaventuras que corro a diario para escaparme de los fiscales.
Créeme, tengo más historietas que el mismo Kalimán. A mí también me dicen el hombre increíble, ¿sabes por qué? Porque nunca me logran atrapar esos fiscales, siempre los burlo y continúo vendiendo estos benditos cocos que son los que alimentan a mi familia”.
Yo, mis estimados lectores, callada estaba escuchando y bebiendo mi agua de coco. Pero, como diría algún locutor de televisión, “aún hay más”. Una vez que terminó su plática con Pancho, siguió conmigo: “Qué dura es la vida, señito, en esos días un nietecito me preguntó: ‘Abuelito ¿y a mí qué me van a traer los Reyes Magos? En mi pensamiento respondí: ¡igual que en Navidad! Nada. Para nosotros los pobres no hay Navidad, no hay Día de Reyes, no hay nada. Si yo pidiera algo al universo, le pediría trabajo”.
Sí, amigo lector, la realidad es más cruda. Esta historia que hoy te comparto, es un capítulo más en la vida de las familias pobres de nuestro país, que tienen que sobrevivir entre empleos informales, como el ambulantaje, vendiendo múltiples mercancías y todo el tiempo escapando de los fiscales.

Tabasco frecuentemente ocupa el primer lugar a nivel nacional en desempleo. Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) (2024-2025), se registraron las tasas de desocupación más altas en varios trimestres consecutivos, superando a otras entidades como la Ciudad de México; lo que refleja una situación laboral precaria, a pesar de esfuerzos y proyectos en la región.
Tabasco ha liderado o estado en los primeros lugares en desempleo por varios meses seguidos, ocupando frecuentemente el puesto número uno, según los registros de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Inegi.
Los datos nacionales del propio gobierno así lo confirman. Así que la historia anteriormente relatada refleja fielmente lo que nos pasa. En Tabasco sigue siendo un problema principal la falta de empleo.
Es cierto que las campañas del gobierno dicen que todo está bien, que se han resuelto todos los problemas, pero los datos estadísticos y las historias de múltiples familias tabasqueñas hablan por sí solas.
Urge crear empleos bien pagados que ayuden a resolver de fondo los problemas económicos de la clase pobre en nuestro país.
Los programas sociales de los que actualmente presume el gobierno salen de nuestros impuestos y no resuelven de fondo ningún problema. A esto agréguenle la deuda externa que con este gobierno de la 4T se ha incrementado como nunca.
El día que los bancos internacionales ya no le presten dinero a México, hasta allí llegamos, porque ¿de dónde se seguirían sosteniendo los programas sociales?
Ojalá que este gobierno tome en serio la consigna “Primero los pobres” y se preocupe realmente por crear fuentes de empleo que le permitan a los mexicanos vivir mejor. Caso contrario, la historia se los reclamará.
Mientras tanto, amigo lector, te invito a organizarte con el Movimiento Antorchista, a dar la lucha por un mundo mejor. Claro que es posible.
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