MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

“Primero los pobres": un lema que se desvanece en Hidalgo

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El gobierno de Julio Menchaca incumple compromisos de vivienda y obras mientras invierte en remodelaciones administrativas ignorando las demandas de miles de hidalguenses organizados

En un país donde la retórica de la transformación y la justicia social ha sido bandera de Morena, resulta inevitable detenerse a reflexionar sobre lo que realmente ocurre en los estados gobernados por este partido. Hidalgo, bajo la administración de Julio Menchaca, se ha convertido en un espejo incómodo: refleja la distancia abismal entre el discurso oficial y la realidad que viven miles de familias marginadas.

Mientras el gobierno presume de infraestructura de remodelaciones y de nuevos edificios administrativos hay comunidades sin agua potable sin electricidad sin vivienda digna y sin caminos.

Las manifestaciones del Movimiento Antorchista en Hidalgo no son simples reclamos aislados; representan el grito contenido de colonias enteras que aún esperan soluciones concretas. 

Mientras el gobierno presume de infraestructura, de remodelaciones y de nuevos edificios administrativos, hay comunidades sin agua potable, sin electricidad, sin vivienda digna y sin caminos que las conecten con el resto del estado. ¿Dónde quedó, entonces, el célebre lema de "Primero los pobres"?

Porque no se trata de una queja menor. Hablamos de millones de pesos invertidos en embellecer plazas, en renovar palacios de gobierno y en construir espacios para el confort de funcionarios.

Y mientras tanto, familias enteras viven hacinadas en cuartos endebles, campesinos esperan la devolución de sus tierras y maestros siguen sin recibir el pago por años de trabajo. La contradicción es tan evidente que duele: el dinero parece sobrar para lo suntuario, pero falta para lo urgente.

Lo más grave es la promesa incumplida. El gobernador Julio Menchaca asumió compromisos concretos con el Movimiento Antorchista: escrituración, vivienda, pago a maestros, devolución de tierras y obras públicas. Y, sin embargo, los avances son mínimos.

La única acción concreta que reconocen los manifestantes es la oficialización de un bachillerato. Uno. Frente a las más de 3 mil 500 acciones de vivienda solicitadas, eso es apenas una migaja.

Morena parece haberse instalado en una peligrosa zona de confort, donde la crítica se minimiza y la movilización social se ve como un estorbo, no como el termómetro que mide la temperatura real del descontento.

Pero el pueblo organizado no se queda callado, si no hay respuestas, las jornadas de lucha continuarán. No es una amenaza, es la constatación de que la paciencia tiene un límite. Porque cuando las instituciones fallan, cuando el diálogo se vuelve sordo, la calle se convierte en el único espacio donde la voz de los olvidados puede hacerse escuchar.

El gobierno de Hidalgo aún está a tiempo de corregir el rumbo. De demostrar que "Primero los pobres" no es solo un eslogan de campaña, sino una directriz real de gobierno. Pero para eso se necesita algo más que buenas intenciones: se requiere voluntad política, sensibilidad social y, sobre todo, cumplir la palabra empeñada. Porque al final, la historia no juzgará por los discursos, sino por los hechos.

Hasta ahora, los hechos en Hidalgo hablan de un gobierno que escucha pero no actúa, que promete pero no cumple. La lucha del pueblo es permanente. Y lo seguirá siendo mientras la justicia siga siendo una asignatura pendiente.

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