Alcaldes de Tecomatlán, Ocoyucan y Huitzilan rinden segundo informe con obras de infraestructura social y seguridad
Millones de mexicanos padecen los embates de la delincuencia, la falta de trabajo o el acoso de la policía. Viven aterrados por la violencia o están enojados por el mal servicio médico público.
A pesar del cansancio y la desilusión que sufren cada trienio esperando la llegada de un presidente municipal honrado, siguen aferrados en votar por los primeros que les hablan bonito.
Muchos votan por quienes les regalan baratijas, les ofrecen dinero o les prometen que ellos sí son los buenos.

También hay ciudadanos que se aferran a un partido político y votan a ojos cerrados por los candidatos sólo porque son de su partido.
Pero una y otra vez se estrellan con la triste realidad. Los candidatos, cuando ya son autoridades, resultan ser verdaderos pillos.
Aprovechan sus cargos para desviar el dinero municipal hacia sus cuentas personales. Existen montones de vergonzosos ejemplos de autoridades que traicionan sus promesas de campaña.
Esto sucede porque la gran mayoría de los políticos están infectados del virus de la codicia y buscan enriquecerse a costa de lo que sea.
Ese virus nos lo inocula el sistema capitalista desde que nacemos con su permanente difusión de sueños a los que debemos aspirar.

Se califica de mediocres a los que no caen en la trampa de buscar riquezas como aspiración máxima de su vida.
Pero no todo está perdido. Resulta que sí existen políticos sanos, no infectados por el virus de la codicia.
Sí existen políticos honrados y responsables que se comprometen con sus pueblos. Políticos que, como dice la canción "Guantanamera": "con los pobres de la tierra, quiero yo mi suerte echar".
La clase trabajadora sí tiene auténticos representantes, los cuales se forman en la línea política antorchista.
Lo afirmo sin ninguna duda: el pueblo de México no tiene mejores políticos que los de la línea antorchista. Son personas de origen humilde y desde jóvenes se convierten en activistas de la organización.
Por lo mismo conocen de cerca las carencias de la clase trabajadora. Incluso sufren en carne propia esas carencias, pues la organización les exige vivir en las mismas comunidades.
La clase trabajadora sí tiene auténticos representantes, los cuales se forman en la línea política antorchista.
Además, tienen la obligación de estudiar y analizar permanentemente los problemas sociales y económicos de México y del mundo.
Se forman como intelectuales que saben analizar la sociedad. Esto los convierte en políticos capacitados y sensibles a los problemas del pueblo de México.
Cuando alcanzan algún cargo de elección popular, siempre se esmeran por mejorar la vida de sus comunidades.
De esa estirpe de políticos son los tres presidentes municipales poblanos que en estos días rinden su segundo informe de gobierno.
Se trata de Avelino Rivera Campos, de Tecomatlán; Aristóteles Campos Flores, de Ocoyucan, y Josué Elías Velázquez, de Huitzilan de Serdán.

Va una breve lista del trabajo realizado en el último año en Tecomatlán. Avelino destinó el 82 % de los recursos para la infraestructura de las comunidades e inspectorías.
Realizó obras para el mejoramiento del servicio de agua potable, drenaje sanitario, alumbrado público y pavimentación.
En Huitzilan de Serdán, Josué invirtió más de 50 millones de pesos en obras de pavimentación, drenaje, rehabilitación de caminos y construcción de techados.
Se suman más de 11.8 millones de pesos en trabajos para garantizar la seguridad del municipio.
En Ocoyucan, Aristóteles realizó 33 obras y acciones. Destacan la pavimentación de vialidades importantes como la calle Reforma, desde la Federal Atlixco hasta la cabecera municipal.

También la prolongación de la once Sur, el Bulevar de las Cascadas y el corredor Malacatepec-Coltzingo-Emilio Portes Gil.
Para reforzar la seguridad, se adquirieron trece nuevas patrullas, y en próximos días se hará la entrega de motopatrullas.
Cuando decimos que sólo el pueblo resolverá los problemas del pueblo, estamos diciendo que Antorcha es pueblo organizado. Súmense, hagamos más grande a Antorcha.
En la medida en que esta organización crezca, crece la fuerza del pueblo y se hace más fuerte su voz para exigir solución a sus problemas.
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