El país destina apenas 4 % del PIB a este rubro frente al 8 % sugerido a nivel global
En esta ocasión quiero abordar un tema que es de muchísima importancia para que un país salga adelante, para que progrese y alcance mejores niveles de progreso y bienestar. Me refiero a la educación.
Todos estaremos de acuerdo en que para que un país se desarrolle, se requieren planes, programas y, sobre todo, una buena inversión pública de parte de los gobiernos que dirigen los destinos de nuestra nación.
De cada 100 niños, 58 no comprenden lo que leen en la etapa donde deberían estar consolidando el aprendizaje; en el momento en que deberíamos estar construyendo la base de todos nuestros conocimientos, resulta que vamos para atrás.
En México, urge tomarnos en serio la educación, que veamos con toda la seriedad que se merece este asunto, porque como decía Jesús Reyes Heroles, cuesta mucho educar a un pueblo, pero cuesta más no hacerlo. O como decía un caricaturista llamado Quino, a través de su personaje principal Mafalda, "por ahorrar en educación, nos estamos volviendo millonarios en ignorancia".
Pero está claro que para demostrar que no se trata de hablar por hablar, hay que dar datos, y no hablar sólo de lo que yo creo o siento. Por lo tanto, aunque es un poco tedioso hablar de números, es necesario dar algunas cifras para respaldar lo que aquí decimos.
Los indicadores que organismos internacionales han difundido deben alarmarnos. De acuerdo con reportes citados por la Global Competitiveness Report del Foro Económico Mundial sobre competitividad educativa –que, aunque es un dato de 2010-2013 nos ilustra la situación en que nos encontramos, dado que de ese año a la fecha no ha habido cambios dignos de señalar–, México aparece en posiciones muy bajas a nivel internacional: ocupamos nada más y nada menos que el lugar 120 de 139 países en el sistema educativo general y el lugar 128 en calidad de la enseñanza de matemáticas y ciencias.

Más allá del número exacto, el mensaje es claro: estamos muy rezagados; porque a nivel mundial, sólo diecinueve países están peor que nosotros; pero más de 100 países del mundo tienen mejor sistema educativo que nosotros.
El dato más grave es el de lectura. Informes de la Unesco, a través de la Encuesta Nacional de Lectura (Conaculta) de 2006-2015, indican que en México únicamente leemos dos punto ocho libros al año, con lo cual, en el índice de lectura entre 108 países, nuestro país ocupa, también en este rubro, los últimos lugares.
Pero lo más preocupante es el retroceso interno que estamos experimentando; es decir, que no sólo no mejoramos, sino que vamos para atrás como los cangrejos. Según el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo, de la Unesco, México muestra un estancamiento y un ligero retroceso en lectura.

Entre los alumnos que terminan la primaria, el nivel mínimo de comprensión lectora bajó del 43 % al 42 %, lo que significa que más de la mitad no alcanza las habilidades básicas. Es decir, de cada 100 niños, 58 no comprenden lo que leen en la etapa donde deberían estar consolidando el aprendizaje; en el momento en que deberíamos estar construyendo la base de todos nuestros conocimientos y todo lo que vamos a aprender más adelante, resulta que vamos para atrás.
¿Cómo podemos hablar de ciencia, tecnología y de innovación si los niños no comprenden lo que leen? Si el niño no entiende lo que lee, no puede haber reflexión, ni puede haber análisis y mucho menos puede sacar ninguna conclusión.
A todo esto, ¿por qué debemos abordar estos temas? Porque como organización antorchista, creemos que es correcto hacer un llamado a que las autoridades inviertan en educación.
México es un país rico en recursos naturales y no es posible que se destine alrededor del 4 % del PIB a educación, cuando la recomendación de la Unesco es superior al 8 %. Estamos a la mitad de lo recomendado por los organismos internacionales.

Ante esta situación, ¿qué planteamos los antorchistas?
Proponemos un proyecto educativo serio con seguimiento real a los planes y programas de estudio; ya basta de estar improvisando en educación, ya basta de estar experimentando o ensayando con la enseñanza de nuestros niños, porque eso es estar jugando con el futuro de los mexicanos.
Es urgente que se dé una mayor inversión en infraestructura; que haya laboratorios de química, física, biología; que haya talleres de cómputo y centros de tecnología; que haya mejores aulas y se introduzca la tecnología más avanzada dentro del salón de clases.
Sin esto, ¿cómo se puede enseñar la ciencia? No es posible que en algunos países los niños ya estudian con robots y con inteligencia artificial y nosotros sigamos con pizarrones de esos verdes que todavía necesitan del gis.
Se necesita también dignificar al docente. ¿Qué quiere decir eso? Salarios justos y asignación de materias conforme al perfil profesional, además del apoyo con material didáctico y, como ya dijimos, recursos técnicos dentro del salón de clases.
En una palabra, pues, urge volver a la prioridad educativa, como en la época de José Vasconcelos, cuando se abrieron escuelas normales y la educación fue proyecto de Estado.
Un país educado y culto es un país que sí puede desarrollarse. Por tanto, es hora de que los pueblos luchen por una mejor educación para sus hijos; que ante el abandono gubernamental, el pueblo vuelva a ser protagonista de su propio desarrollo, y si en algún punto debemos empezar, ese punto es la educación.
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